A prueba de nervios
Lunes, Diciembre 22nd, 2008Para unas 277 mil personas, una parte de su suerte ya está echada. Sólo una parte porque evidentemente la PSU no determina el futuro de un hombre o una mujer. Pero un buen puntaje es como el dinero: no hace la felicidad pero ayuda. No caben dudas que además de controvertida, esta prueba pone los pelos de punta. Antes de rendirla, muchos se someten a un largo proceso de preparación que, entre otros, incluye el paso por un pre-universitario. Días antes de ingresar a la sala con el famoso lápiz grafito, los medios de comunicación prodigan una serie de consejos dignos de un jugador de fútbol que ingresa a la cancha a disputar la final de un Mundial. Y luego, a esperar como en la escalinata de un patíbulo, la hora cero de un lunes. Con el Rut en mano, miles de personas examinan ansiosamente la pantalla del computador o las páginas del diario, para saber si el resultado es la visa para el sueño o su certificado de defunción.
Hay una permanente puesta en escena de la tensión. Apenas cae la guillotina, comienza el proceso de postulación. Y ahí aparece una vez más el filo del hacha porque hay que fijarse donde se hizo el “corte” el año anterior. En 72 horas hay que definirse. Como un Napoleón que observa el campo de batalla, los candidatos eligen donde instalar sus 8 divisiones. Y vuelta a esperar para saber si el “corte” los cortó o les permite seguir adelante. Como prueba, la PSU puede ser para algunos de una exquisita crueldad. Hay estudiantes que demostraron su talento durante años pero, al comparecer durante dos días ante el tribunal de la inquisición virtual, parte de sus conocimientos y destrezas se desmoronan.
Para los especialistas en educación y otros expertos es una temporada fausta. Analizan por enésima vez las causas del descalabro de los colegios municipales y varios particulares subvencionados. Abundan las estadísticas y sobre todo las clásicas lágrimas de cocodrilo sobre la brecha social. Un periódico se despacha un artículo sobre “las tres comunas más mateas” para referirse a Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura, que prácticamente monopolizan los puntajes nacionales. ¿Mateas? …seguramente pero debería haber agregado “y más ricas”. En cuanto a los que tendrán que conformarse con ingresar a una privada de dudoso nivel académico y escaso prestigio, no falta el iluminado que se atreve a afirmar que al menos podrán adquirir algún tipo de conocimientos. ¿Pero cuanto cuesta esa manito de gato educacional que no asegura nada salvo un cartón?
En un aspecto, la PSU es inobjetable. Demuestra que en esta materia los cambios no pueden ser graduales sino radicales.


