Archive for Agosto, 2008

Todo es terrible

Jueves, Agosto 28th, 2008

En los vapuleados buses del Transantiago hicieron su aparición los fiscalizadores que intentan disminuir el porcentaje de personas que no cancelan su pasaje. En “El Mercurio” para sintetizar la información, titulaban “Transantiago inicia difícil  fiscalización de pago de pasajes” y otros medios también describían la operación como una obra titánica.

Estamos de acuerdo en que el sistema no alcanza su velocidad de crucero y que para muchos ya sería una causa perdida. Sin embargo, dejémonos de seguir creando un clima de alarma permanente. De partida, me parece que la palabra fiscalizar otorga al problema, una dimensión de catástrofe. Creo que son las mismas autoridades que eligieron ese lenguaje inadecuado con el propósito de darle más seriedad al asunto.

Dejémonos de pamplinas, se trata de simples inspectores como siempre existieron y como existen en todas partes del mundo.

¿O acaso cuando entre Santiago y Viña del Mar se sube un inspector al Tur-Bus, usted dice se subió el fiscalizador? Pero claro, eso de fiscalizar suena a problema judicial.

¿Y qué decir de evasor? Ya estamos hablando de delito tributario para algo que siempre denominamos simplemente como un colado. Las palabras no son gratuitas y tienen una intención.

Desgraciadamente, el mismo Gobierno que debería desdramatizar la situación se empeña en utilizar ideas y conceptos que convierten este  problema en una tragedia griega. Y es simplemente frescura. A este  paso, no me extrañaría que esos que hacen perro muerto en una fuente de soda también sean motejados de evasores.

Luego, este problema de no pagar su pasaje, es universal.  En los ferrocarriles suburbanos de Buenos Aires o de París, los inspectores han enterado varias décadas tratando de cobrar el precio del pasaje a los que, por una u otra razón, estiman que debería ser gratis. En el rosario de quejas también figura el reproche de los vagones atestados a las horas “peak”. Otra vez, sería necesario recordar que en Tokio se ponen guante blanco para empujar a los pasajeros hacia el interior de los vagones y que en todas las grandes ciudades, hay horas donde no cabe un alfiler. Los medios también han incurrido en el populismo  de convencer a los santiaguinos que el Metro debe tener la misma comodidad que el lujoso Oriente Express.

El Transantiago ya es una aventura difícil pero, a mi modo de ver, no hay que perder las proporciones. Incluso perfecto, un sistema siempre deberá bregar con los que no pagan y los vagones, a ciertas horas, siempre andarán hasta el tope. El resto es alharaca con objetivos políticos.

Los eternos demonios

Domingo, Agosto 17th, 2008

En la década de los ochenta, cuando el vaquero Reagan negociaba el desarme con la gerontocracia que dirigía a la Unión Soviética, una de las dificultades para sellar un acuerdo, radicaba en algo parecido a la  pregunta del millón: ¿Los misiles de corto alcance estacionados en la República Federal  Alemana  debían ser incluidos en la lista de cabezas nucleares que eran objeto de las tratativas entre Washington y Moscú?

Los estadounidenses afirmaban que no se debían  tomar en cuenta porque la RFA era un país tercero. Por su parte, los soviéticos no estaban dispuestos a tragarse el cuento. Los “rojos” insistían en que  formaban parte del mismo paquete de cabezas nucleares.
 
Veamos.  La Alemania “buena”  estaba ocupada por tres  potencias occidentales y recuerdo como si fuera hoy, haber transitado por las autopistas  mientras sobre mi auto  pasaba una bandada de cazas estadounidenses como Pancho por su casa. O haber frenado más de una vez para no estrellarme con una columna de tanques de algún regimiento del Tío Sam instalado cerca de Munchen.

En materia de defensa, Alemania Federal tenía la misma autonomía que la Alemania Democrática, donde los regimientos del Ejercito Rojo hacían nata. Es decir, era igual a cero. Los Pershing 2 “prestados” a Berlín se demoraban diez minutos en llegar al centro del oso soviético.

¿A qué viene todo esto?  La semana pasada, se oficializó la decisión de instalar misiles made in USA en el norte de Polonia. Es una batería de Patriot de 250 kilómetros de alcance que, en un primer tiempo, estarán bajo control norteamericano. Los rusos, como es de suponer, han prometido represalias pese a que el pretexto, tanto de Varsovia como de Washington, es que los misiles son  para disuadir a los estados “bandidos“. Léase Irán y otros.
 
No tengo idea si todo esto  tiene algún fundamento real pero no puedo dejar de recordar los discursos alegóricos de la caída del  Muro de Berlín.

A ambos lados, además de celebrar el derrumbe del comunismo se nos prometía un mundo de paz, con potencias que ya no andarían con segundas intenciones hegemónicas. Fuegos artificiales, abrazos, champaña, el fantasma nuclear se alejaba. Hoy son los mismos que vuelven a las andanzas.

Esto confirma mi escepticismo en cuanto a las grandes declaraciones y prefiero en este tipo de historias, no pecar de ingenuo. Lo mismo sucede cuando escuchó en las tierras latinoamericanas la promesa del “Nunca más“. ¡Las pinzas!

Los seres humanos somos capaces de repetir los horrores cuantas veces sea necesario.

Los demonios además de viejos son  eternos.

Ánimo para el desganado

Domingo, Agosto 10th, 2008

Con mucho brío solidarizo con el desgano de Literal.  Me siento plenamente identificado con el caballo que olímpicamente demostró que los seres vivientes estamos sometidos a cadencias que no guardan relación alguna con la diversidad de los ritmos biológicos.

En el mundo hay perezosos, trabajólicos, calmados y agitados.

Literal tiene un carácter tranquilo y el calor agobiante del país del dragón debe haberle causado tal modorra que se chantó como un burro porfiado. Dicen que cuando lo examinaron no demostró ningún entusiasmo por participar en la famosa competencia.

Puchas el caballo, dijeron algunos, con todo lo que costó llegar hasta aquí, se hace el desganado. A ver. El corcel no es el único que en su vida ha experimentado la sensación de sentir las piernas como plomo,  cuando quedan segundos para entrar a una crucial entrevista de trabajo. Allá en China, dijeron que la descalificación era exagerada porque con una píldora el desgano desaparece. Pobre cuadrúpedo, querían aplicarle la misma receta que a los esclavizados bípedos. Es decir, una cajita de Supradyne con decenas de vitaminas y minerales,  para andar despierto a la fuerza.

¿Qué es eso de vivir a marcha forzada? Nadie es creativo, enérgico a todas las horas, todos los días. Basta con darse una vuelta por una oficina, a las dos de la tarde, para ver los efectos que tiene la popular hora de colación.

Perdóneme, nadie puede tener los parpados muy arriba, después de haberse mandado por el buche, un buen plato de porotos, un pollo arvejado o una chorrillana. Lo razonable sería partir directo a una cama para dormir una buena siesta. Pero eso no ocurre. Llega el jefe, que está igual de somnoliento y te increpa por andar desganado. ¡Por favor!

 Puede que el trabajo santifique como decía Escrivá de Balaguer pero otra cosa es la permanente tortura contra nuestro reloj  biológico.

Por algo, hay empresas inteligentes que permiten a sus empleados elegir su ritmo de trabajo.

Ni hablar de esos viajes de negocios intercontinentales y los  estragos que produce el “jet lag”. Imagino a nuestro representante  deportivo de cuatro patas, viajando en el estomago de un Boeing carguero, midiendo en función del meridiano de Greenwich, todas las horas de diferencia entre  Santiago y Beijing.  Y además querían que se pusiera a saltar.

No hay razones para que Literal sienta vergüenza. Sus colegas que en el pasado soportaron en sus ancas el  peso de Napoleón, O’Higgins o  San Martin, seguramente cabalgaban con el mismo desgano. La diferencia es que en  esa época, los veterinarios no se interesaban por el estado de ánimo de los caballos.

Por todas estas razones, solicito a Iván Valenzuela que tenga la gentileza de transmitir toda mi simpatía al desganado.

Memoria

Martes, Agosto 5th, 2008

En el archivo de la memoria visual todavía están las imágenes publicadas en los diarios y exhibidas en la televisión, donde nuestra tierra aparecía resquebrajada. Profundos surcos como aquellos que se dibujan en la piel centenaria de un abuelo, presagiaban un año seco. Creo que esto sucedía en Marzo, cuando rondaba el fantasma de “La Niña”. ¿Era La Niña? En todo caso, los pronósticos periodísticos incitaban a vestirse como un tuareg presto a cabalgar sobre la arena ardiente. Y todo esto se describía con letras rojas y se mostraba en reportajes cuasi apocalípticos pese a que los meteorólogos sugerían que no había que adelantarse porque “La Niña” podía partir en punta de pies. En vano. La científica prudencia de los expertos era como arar en el desierto.

El pesimismo de esos meses contrasta con las informaciones entregadas hace unos días, que señalan  que, al menos, en las regiones Quinta y Metropolitana estamos a algunas lluvias de enterar un año normal. Por normal, nos referimos al agua caída desde el cielo.

En el mismo archivo visual, hay otros reportajes y notas sobre los asaltos que se perpetraban casi a diario en las micros amarillas, tan añoradas por algunos. Recordamos haber visto muchas manos de asaltantes metiéndose a decenas de “peceras” para sacar billetes y monedas al mismo tiempo que otras manos amenazaban con un puñal o un punzón a los desgraciados conductores. Incluso hubo balazos.

En comparación con lo que se vive hoy en ese tipo de ataque, me parecen exagerados los adjetivos utilizados en la cobertura de esos actos de violencia con que han respondido algunos, cuando se les ha solicitado pagar con su  tarjeta Bip el valor del pasaje. Diré una obviedad para que no se malinterprete la frase anterior. Todo acto de violencia es detestable, desde una bofetada a una golpiza mortal. Sin embargo, los medios deberían ponderar la magnitud de los hechos. Está claro que ninguna sociedad es una taza de leche y que nosotros mismos hemos convertido al mundo en una gigantesca olla hirviente. No queda ninguna duda que los medios son empresas que legítimamente buscan la rentabilidad y hasta nuevo aviso desgracias personales y catástrofes son rentables como oferta informativa. Pero no estaría mal conservar algo de sangre fría en este tráfago noticioso.