Archive for Diciembre, 2008

Sobre la crítica

Martes, Diciembre 16th, 2008

Primero, muchas gracias a todos los que leen y escriben, incluidos, por supuesto, quienes salieron en defensa de su propio punto de vista en relación a Madonna. Respeto la fuerza y la determinación con la que están dispuestos a defender sus ideas y sus opiniones. Yo sólo creo en una crítica periodística informada, razonada, justa y bien intencionada. Y cualquiera sea el producto de esa crítica, ésta no tendría sentido si no existieran ustedes, un público suficientemente involucrado, en este caso con un gran espectáculo como el de Madonna, como para tener interés en leer los comentarios, contrastarlos con los propios, y acogerlos, ignorarlos o criticarlos.

Creo también en la crítica como la valoración de aquello que hacen, cantan, actúan o producen las personas. Son los actos, los hechos los que me parece que deben ser juzgados; nunca la persona, a quien jamás tendré elementos suficientes para juzgar. Yo a Madonna la he valorado y comentado en función de sus actos públicos, y son sus actos, su dimensión de artista, sus espectáculos los que comento. No su vida, ni su moral, ni sus intenciones. Espero entonces, lo mismo de ustedes. Entiendo que tendrán, mis críticos, fundamentadas razonas para desconfiar de los comentaristas en general y de mí en particular, y achacarme tan malas intenciones como desinterés por mi trabajo (Javier, que cree que fui obligada); prejuicios cegadores (Pablo, que me descarta por subjetiva); o incluso plagio! (José, creo que hay muy buenos periodistas en La Nación, pero jamás me atrevería a copiarlos, y me alegra que hayamos coincidido en parte de las impresiones).

Igual que muchos de ustedes, yo empecé a trabajar en cuanto tuve la opción de hacerlo -más joven de lo que quisieran saber- y he tenido la oportunidad -además de leer las noticias cada día en Cooperativa hace ya casi 10 años- de asistir y comentar distintos espectáculos por más de una década. Y lo he tratado de hacer bien. No asisto a los espectáculos por obligación. Lo hago porque es mi pasión y mi trabajo. Y jamás le faltaría el respeto al público colocando mi gusto o disgusto por encima de lo que tengo que hacer y aquello por lo que me pagan: la interpretación más honesta y precisa de lo que veo. Por lo mismo, me parece totalmente absurdo observar la música, o el cine, o la política o la actualidad o la vida misma sin al menos, una mínima distancia crítica. No acepto la opinión de la mayoría como la única posible.

Respecto a los comentarios que me acusan de haber cambiado mi comentario en Canal 13 y este blog, si no creen en una ética, ni una trayectoria, créanme al menos, que no tendría ningún motivo para hacerlo. Ni me lo piden, ni lo necesito. Reitero, el de Madonna fue un gran espectáculo desde el punto de vista técnico. Fue inédito y quizás, irrepetible. El resto, ya lo saben.

Madonna nada

Jueves, Diciembre 11th, 2008

Madonna en Chile

Nada. El espectáculo de Madonna, con su parafernalia de luces, pantallas, fuelles, tarimas deslizantes, escenarios giratorios, poleas, parrillas voladoras y bailarines, es, como decía el poeta, eterno mientras dura. Tan pronto acaba, de todo aquello, no queda nada.

Naturalmente, para los que, por algún motivo ignoro, sienten un vínculo emocional con la cantante estadounidense (los fans, los que llegaron un día antes y son entrevistados como si nos representaran a todos), la experiencia resulta, naturalmente, estremecedora.

Pero para ese grupo bastaría con que la cantante se parara sobre el escenario (o abajo, o al lado) y reaccionaría con similar entusiasmo y algarabía. Para el otro gran sector del público, aquel que está viendo “Los 80″ y proyecta en la cantante su propia historia (Felipe Harboe por ejemplo), la experiencia tiene también un sentido especial, aunque este grupo difícilmente pueda reconocer la mitad de las canciones del show, que en su mayoría son muy nuevas, y muy “modernas”. Porque Madonna, a diferencia de buena parte de su fanaticada, le tiene pavor al pasado.

Desde una distancia profesional mínima (no siempre garantizada en estos tiempos), se impone decir que el show sorprende desde el punto de vista de la técnica y la mecánica, como una especie de número circense de dimensiones apoteósicas; las únicas posibles para satisfacer a un público saturado de estímulos audiovisuales, que hoy, por más de 30 mil pesos, no espera menos que luces cegadoras, sonidos ensordecedores y constantes golpes de efecto. Madonna entrega todo aquello.

Madonna en ChileSu espectáculo se vende como un concierto, se presenta como un musical, pero se vive como una transmisión televisiva, un DVD proyectado en un home theater gigante, acompañado de otros miles que comparten la capacidad de pago, la alegría y el entusiasmo loco del que se habló en estos días. Si Madonna canta o no canta (cosa que hace sólo ocasionalmente), aquello no tiene ninguna importancia en el marco de una actuación diseñada esencialmente desde la perspectiva de los resultados (y de la única que parecen valorar los medios).

Sí importa su resistencia física, sus acrobacias, y en resumen, su cuerpo, la prueba última del carácter de Madonna, de su control y autodisciplina. Un cuerpo fibroso, cartilaginoso, que constituye en sí mismo, un triunfo sobre la naturaleza y el tiempo.

Pero dicho todo lo anterior, y tal como indican la práctica y la teoría, allí donde todo sobra, algo falta. Con 82 metros de escenario, un auto entrando a la tarima en el primer tercio del show y un piano de cola que surge del subsuelo dando vueltas con la cantante encima, uno adivina que todo eso está allí para vestir a una artista y un repertorio, que, al final del día, no son más que pegajosos, atractivos y superficiales.