La Roja de Otros
Estoy en Madrid, igual que la selección chilena. Con más suerte espero. La prensa de papel ha sido generosa esta luminosa mañana madrileña con el equipo chileno, al que describió como envalentonado por su triunfo histórico ante argentina. El 20.Minutos, el diario gratis que más se ve leer en el metro, respeta el juego asfixiante de los chilenos, y El País describe a los jugadores del combinado nacional (el nuestro), como fuertes y agresivos. .
Bueno: ganaron también, para qué pegar en el suelo. “La roja concluyo su año mágico”, escriben, sobre su roja, que lleva dos años sin perder partido y se planta en cancha con 10 campeones europeos, como anoche. Bueno, cada uno con su roja, no?
Pero el partido es noticia hoy, cuando ganaron. Los otros días, dos casos espectaculares se han robado toda la atención de los madrileños, y especialmente de sus medios. La primera ha sido la caída del Txeroki, el despiadado jefe de la ETA detenido, entre otras cosas, porque andaba en un auto con patentes, ya no falsas, sino “imposibles”, o sea, disparatadas. El historial de crímenes que se le adjudica al jefe militar es de temer. Tanto, que en un caso como el suyo, saber que además el etarra andaba llevando hachís se ha convertido en todo un detalle, de importancia meramente simbólica en el marco de la lucha contra la ETA. Resulta que los terroristas vascos históricamente presumieron de ir contra los narcos y por la pureza de hábitos. Y como se escribe por acá, resulta que entre disparo y disparo, andaban también “colocaos”. Pero la autoridad ha sido clara y aquí, que alguien como el Txeroki ande con droga es lo de menos. Lo grave en su caso, es que ande con pistolas.
En el día a día, eso sí, la historia del Txeroki sólo es eclipsada por el crimen de Álvaro Ussía, un estudiante de 18 años, muerto en una discoteca. No se sabe si lo mataron los tres guardias del local -que están todos detenidos- o un cliente habitual, pero el caso es que a Ussía le reventaron el corazón de un rodillazo en el pecho, y, como decimos los medios, la opinión pública está conmocionada. Y con justa razón. Ussía era joven, era alegre, el alma de su curso en el colegio Monte Tabor, deportista y “ligón”, según se atrevió a consignar un diario en este cruel contexto (le íba bien con las chicas).
Hojitas de fotocopias que dicen “Ussía no te olvidaremos” tiritan afirmadas con scotch en árboles y contenedores de basura. Es la vida arrebatada en plena forma la que choca tantos en estos crímenes, pienso. Pero el taxista que me lleva al Círculo de Bellas Artes dice lo que nadie comenta en estos casos, y es que la familia Ussía tiene además, la influencia y los recursos suficientes para conseguir la justicia que su hijo merece. Y para mover a la opinión púbica que la exigirá. Hubo un par de crímenes similares y más crueles, contra inmigrantes antes. Y el revuelo fue menor. “¿No pasa lo mismo en su país?“, me pregunta el conductor mientras escuchamos en la radio un debate sobre el tema.
Cada uno con su roja, pienso yo.
Mientras el auto se pierde desde la Puerta de Alcalá, cambiamos de sintonía y nos sumergimos con la radio en otro debate, más pequeño, pero igual de encendido en Madrid: el remate de unos implantes de silicona en una discoteca. Se esgrime todo tipo de argumentos para suspenderlo. Esta noche veremos si lo hacen. Mañana les cuento quién se los ganó.


