La última trinchera

16 de Octubre, 2009

Para decirlo en una figura que comprenderán de inmediato: éstas no son mis canchas. Como muchas mujeres, yo crecí convencida de que podía y tenía que jugar en cualquier terreno. Pero el fútbol, lo cedo. No es que no logre comprenderlo (¿o de verdad creen que no podemos comprender la posición de adelanto?). Es que sencillamente, no quiero. En un mundo donde las mujeres pueden pelear, y con derecho, todo aquello que alguna vez se reservó para los hombres, el fútbol es, para mí, la última trinchera. El último rito secreto, ese que los hombres juran en la oración perpetua del eterno misterio del contragolpe, el juego a dos bandas, el centro, el corner y el medio campo.

El fútbol es la fraternidad secreta que une a mi padre con mis hermanos, a mi esposo con sus hijos, a mis hijos con sus compañeros en el patio, a mis vecinos en la rotonda, a mis colegas en la liga y a miles en los estadios y, cuando amerita, en Plaza Italia. Son 90 minutos es los que se permiten (¡por fin!) llorar, y tomarse las manos, morderse los nudillos, maldecir sin hacer daño a nadie y, en esas raras ocasiones en que les toca la victoria, saltar del sillón, ponerse de rodillas y fundirse un abrazo.

Chile clasificó al Mundial, y yo ni siquiera vi el partido que abrochó tan colosal aventura. Digamos, no lo vi en el pasto. Lo vi en sus caras, en su alegría, en la emoción que los vuelve ingenuos, les devuelve la esperanza y los convence, quizás sin pensar demasiado, en que, una vez más, la vida no es tan mala y ellos pueden animarse a todo.

No comprendo el fútbol, pero me saco el sombrero ante una pasión que vive, muere y resucita en cada partido. Así que, de una u otra manera, yo también, que nada sé de fútbol, que no lo sigo, ni me interesa, he vivido esta clasificación como se viven esos días inolvidables en nuestras vidas. Yo también, la noche del domingo, después del partido con Colombia, agarré a mis hijos y los saqué a dar vueltas por las calles, para que vieran cómo sonaban las bocinas, cómo ondeaban banderas y todos nos saludábamos gritando: “¡Viva Chile!”. Y cuándo me preguntaban, todavía pequeños, qué era esto tan extraordinario que pasaba esta noche, sólo tenía una cosa que contarles: “Esto, mis niños, es el fútbol”. Felicitaciones a todos los que vibraron con el triunfo.

Esta columna fue publicada el pasado jueves en el Diario Las Ultimas Noticias.

Twitteo a la chilena

12 de Agosto, 2009

Para el pequeño puñado de auditores que echó en falta este humilde blog, se vuelve al trabajo. Da triste espectáculo un blog abandonado, y creo por principio que cualquier tipo de chatarra tiene algo de tóxico, incluso la virtual, pero no es ése el motivo que inspira mi regreso.

La verdad, en el ambiente “hiper opinante” en el que la prensa chilena desarrolla su trabajo por estos días, adivino que lo último que el público quiere escuchar al final del día es “otra” idea personal o ponencia propia respecto a cualquier cosa. Menos aún en momentos de campaña, cuando la elucubración es la pieza clave para una discusión pública marcada por los ataques al voleo, las verdades a medias, la exageración, el disimulo y otras gracias. Mi impresión es que, más que escuchar opiniones, el público quiere darlas y estos espacios, blog y afines, están para ello. A la confusión de nuestros días de campaña, el remedio es el mismo de siempre: más voces y no menos.

Quienes se preguntaban por Facebook en este mismo blog, hace algunos siglos, quizás se hayan estado preguntando también por Twitter hace ya algún tiempo. Yo también. Para total transparencia, a mí la novedad del año (año 2006 en rigor) me resulta poco confiable, y a veces, odiosa. Que el sistema se esté popularizando en el país de la mano de las campañas, no le agrega precisamente “encanto”.

Para precisar, la versión chilena del twitteo como una voz más para los que ya están hablando siempre, no me parece especialmente edificante. Para quienes tienen libre acceso a los medios, el twitteo en 140 caracteres puede ser, más que la última herramienta disponible, la mejor manera de entregar una sola versión de los hechos, o testear popularidad, o propagandearse sin pagar ni admitir preguntas. Pero reconozco que, igual que Facebook (que por comparación parece un sistema denso y privado), el twitter me cae simpático en su facilidad de acceso, su masividad, su desorden y su simpleza. A partir de ahora, el Quien Llama Paga del programa se va a Twitter y allí los protagonistas son ustedes.

Los medios gratuitos para quienes los necesitan: los que no tienen dónde. Serán bienvenidos.

Voy y Vuelvo

26 de Enero, 2009

Nos vemos en marzo…

Sobre la crítica

16 de Diciembre, 2008

Primero, muchas gracias a todos los que leen y escriben, incluidos, por supuesto, quienes salieron en defensa de su propio punto de vista en relación a Madonna. Respeto la fuerza y la determinación con la que están dispuestos a defender sus ideas y sus opiniones. Yo sólo creo en una crítica periodística informada, razonada, justa y bien intencionada. Y cualquiera sea el producto de esa crítica, ésta no tendría sentido si no existieran ustedes, un público suficientemente involucrado, en este caso con un gran espectáculo como el de Madonna, como para tener interés en leer los comentarios, contrastarlos con los propios, y acogerlos, ignorarlos o criticarlos.

Creo también en la crítica como la valoración de aquello que hacen, cantan, actúan o producen las personas. Son los actos, los hechos los que me parece que deben ser juzgados; nunca la persona, a quien jamás tendré elementos suficientes para juzgar. Yo a Madonna la he valorado y comentado en función de sus actos públicos, y son sus actos, su dimensión de artista, sus espectáculos los que comento. No su vida, ni su moral, ni sus intenciones. Espero entonces, lo mismo de ustedes. Entiendo que tendrán, mis críticos, fundamentadas razonas para desconfiar de los comentaristas en general y de mí en particular, y achacarme tan malas intenciones como desinterés por mi trabajo (Javier, que cree que fui obligada); prejuicios cegadores (Pablo, que me descarta por subjetiva); o incluso plagio! (José, creo que hay muy buenos periodistas en La Nación, pero jamás me atrevería a copiarlos, y me alegra que hayamos coincidido en parte de las impresiones).

Igual que muchos de ustedes, yo empecé a trabajar en cuanto tuve la opción de hacerlo -más joven de lo que quisieran saber- y he tenido la oportunidad -además de leer las noticias cada día en Cooperativa hace ya casi 10 años- de asistir y comentar distintos espectáculos por más de una década. Y lo he tratado de hacer bien. No asisto a los espectáculos por obligación. Lo hago porque es mi pasión y mi trabajo. Y jamás le faltaría el respeto al público colocando mi gusto o disgusto por encima de lo que tengo que hacer y aquello por lo que me pagan: la interpretación más honesta y precisa de lo que veo. Por lo mismo, me parece totalmente absurdo observar la música, o el cine, o la política o la actualidad o la vida misma sin al menos, una mínima distancia crítica. No acepto la opinión de la mayoría como la única posible.

Respecto a los comentarios que me acusan de haber cambiado mi comentario en Canal 13 y este blog, si no creen en una ética, ni una trayectoria, créanme al menos, que no tendría ningún motivo para hacerlo. Ni me lo piden, ni lo necesito. Reitero, el de Madonna fue un gran espectáculo desde el punto de vista técnico. Fue inédito y quizás, irrepetible. El resto, ya lo saben.

Madonna nada

11 de Diciembre, 2008

Madonna en Chile

Nada. El espectáculo de Madonna, con su parafernalia de luces, pantallas, fuelles, tarimas deslizantes, escenarios giratorios, poleas, parrillas voladoras y bailarines, es, como decía el poeta, eterno mientras dura. Tan pronto acaba, de todo aquello, no queda nada.

Naturalmente, para los que, por algún motivo ignoro, sienten un vínculo emocional con la cantante estadounidense (los fans, los que llegaron un día antes y son entrevistados como si nos representaran a todos), la experiencia resulta, naturalmente, estremecedora.

Pero para ese grupo bastaría con que la cantante se parara sobre el escenario (o abajo, o al lado) y reaccionaría con similar entusiasmo y algarabía. Para el otro gran sector del público, aquel que está viendo “Los 80″ y proyecta en la cantante su propia historia (Felipe Harboe por ejemplo), la experiencia tiene también un sentido especial, aunque este grupo difícilmente pueda reconocer la mitad de las canciones del show, que en su mayoría son muy nuevas, y muy “modernas”. Porque Madonna, a diferencia de buena parte de su fanaticada, le tiene pavor al pasado.

Desde una distancia profesional mínima (no siempre garantizada en estos tiempos), se impone decir que el show sorprende desde el punto de vista de la técnica y la mecánica, como una especie de número circense de dimensiones apoteósicas; las únicas posibles para satisfacer a un público saturado de estímulos audiovisuales, que hoy, por más de 30 mil pesos, no espera menos que luces cegadoras, sonidos ensordecedores y constantes golpes de efecto. Madonna entrega todo aquello.

Madonna en ChileSu espectáculo se vende como un concierto, se presenta como un musical, pero se vive como una transmisión televisiva, un DVD proyectado en un home theater gigante, acompañado de otros miles que comparten la capacidad de pago, la alegría y el entusiasmo loco del que se habló en estos días. Si Madonna canta o no canta (cosa que hace sólo ocasionalmente), aquello no tiene ninguna importancia en el marco de una actuación diseñada esencialmente desde la perspectiva de los resultados (y de la única que parecen valorar los medios).

Sí importa su resistencia física, sus acrobacias, y en resumen, su cuerpo, la prueba última del carácter de Madonna, de su control y autodisciplina. Un cuerpo fibroso, cartilaginoso, que constituye en sí mismo, un triunfo sobre la naturaleza y el tiempo.

Pero dicho todo lo anterior, y tal como indican la práctica y la teoría, allí donde todo sobra, algo falta. Con 82 metros de escenario, un auto entrando a la tarima en el primer tercio del show y un piano de cola que surge del subsuelo dando vueltas con la cantante encima, uno adivina que todo eso está allí para vestir a una artista y un repertorio, que, al final del día, no son más que pegajosos, atractivos y superficiales.

Teletón: la vergüenza y el orgullo

29 de Noviembre, 2008

Pedro Lizana, ex presidente de los empresarios, declaró en Cooperativa que la Teletón era una vergüenza. La vergüenza, en el argumento de Lizana, no es para quienes la organizan, sino para el Estado, que por ejemplo, nunca ha dispuesto una partida presupuestaria fija suficiente para la atención de los discapacitados en Chile. Lizana formaba parte la mañana previa a la Teletón de los panelistas de “El Primer Café” en Una Nueva Mañana (de lunes a viernes, desde las 9 am), junto a Marta Lagos y el economista Luis Eduardo Escobar, que dieron también buenos argumentos en torno a la cruzada solidaria televisiva.

Lagos, por ejemplo, planteaba que la Teletón no sólo cumple 30 años: representa también al Chile de hace 30 años. Un país pobre, donde no se disponía, o no se quería disponer, de recursos estatales para enfrentar las demandas de los más necesitados (para qué hablar de los discapacitados). Un Chile muy distinto al país de hoy, donde existen recursos - bien abundantes entre algunos- y por lo tanto, la discapacidad podía abordarse desde una perspectiva más racional. Escobar describió a la Teletón como una representación de las desigualdades que subsisten en el país desde 1978 hasta ahora y la describió como una forma variopinta de caridad, donde no sólo se apela a la emoción para conseguir la plata, sino también a la farándula y al sexo (de eso se trata la vedetón, ¿no?).

Creo que esos representan poderosos argumentos frente a la Teletón, que parecen más fuertes aún en algunos momentos de la transmisión, por ejemplo, en la exacerbación dramática de los testimonios de las personas rehabilitadas. En general cada vez que se ve alguien muy maquillado llora en pantalla. Pero la Teletón tiene también algunos poderosos argumentos de defensa: los centros de rehabilitación ostentan una eficacia en gestión que un modelo estatal, como el que algunos se apuran a proponer, difícilmente podría alcanzar. La Teletón sí recibe algunos recursos desde el Estado. Pero una Teletón pública sería objeto de las mismas trabas administrativas, sin hablar de la vulnerabilidad política, que sufre gran parte de los servicios públicos. No tiene que sufrirlas per se; pero habría que cambiar un sistema que efectivamente funciona, por uno que no se sabe cómo va a funcionar.

Pero más allá del ámbito de la gestión -que suena mezquino, pero resulta absolutamente imprescindible- la Teletón es también, al menos en alguna medida, gran motivo de orgullo para muchos chilenos. La mayoría.

La Teletón representa el tipo de iniciativa ciudadana, espontánea, voluntaria que tanto querría ver uno en distintos ámbitos. Con 30 años funcionando, esta jornada de donaciones, que en la televisión se vive como una gran fiestoca (igual: se ríe, se baila, se grita y se termina llorando), en muchas casas, y entre muchas comunidades -sobre todo donde la discapacidad ha tocado cerca- la jornada se vive como un rito en el que se conoce, se reconoce y se valora la solidaridad.  Lo que no resulta tan banal, cuando prácticamente todo el resto del tiempo, el sálvese quien pueda es el leit motiv principal, el que enseñamos a nuestros hijos y el que practicamos penosamente día a día.

Durante la Teletón la gente se acerca a “la tele”, se acerca a la radio, pero también se acerca a una parte un poco más ingenua, y también más noble de sí misma. Es cierto que se podría ser más solidario, en forma más permanente, más contundente y quizás, más pensada.

La pregunta es ¿cuándo, cómo y por qué arrebatarle al país 27 horas durante las cuales muchos se sienten más unidos, más buenos y un poco mejores. Juntando la plata y sin hacerle daño a nadie?


En la escafandra
Uno de los avisos de la Teletón dirigido por Andrés Wood para la agencia PROLAM. 35 segundos en el interior de la discapacidad, tal como hizo el director Julian Schnabel con la historia real de un parapléjico en la película “La Escafandra  la Mariposa”.

A puro combo

26 de Noviembre, 2008

La última gran actuación del fallecido José Arturo Giolito, el baterista tocaba de cabeza, en una acrobacia absurda, pero totalmente acorde con ese filo irracional del Festival de Viña, donde sólo cuenta lo raro y lo irrelevante, mientras algunos se juegan la vida porque saben que tiene una oportunidad, muchas veces única, de contarle a un público masivo que allí están y que la música es lo que mejor hacen.

Esa noche en Viña Giolito tocó de cabeza, a los 75 años, y se dio por entero, porque cuando uno mira su carrera, eso parece haber hecho toda su vida. Y una larga vida. Veinteañero, Giolito fue testigo y protagonista, y más tarde motor, de la música tropical a la chilena. Y eso ya suena a paradoja y vale el mérito. En una cultura como la nuestra, que pocos se atreverían a describir como “fiestera”, donde la gente se mueve poco y mal (pero a veces, con qué entusiasmo), donde los tiempos no siempre han estado para bailes, Giolito logró vivir de la fiesta y la sandunga, entre otras cosas, porque se animó a todo.

Alumno del Conservatorio Nacional, joven baterista de la Orquesta Ritmo y Juventud, de la orquesta de Radio Cooperativa, músico de sesión para la Nueva Ola, alma del cha cha chá criollo, impulsor de la cumbia, músico de televisión, cantante de medley tropicales, la trayectoria de Giolito es la de un músico talentoso, pero sobre todo la de un trabajador incansable, en permanente afán por darle a su público lo que quería. Lo suyo no eran las grandes ambiciones artísticas (no lo parecía al menos, sonriendo a la cámara enfundado en su ambo de brillantina), pero en el resultado, Giolito deja su música y entre algunos jóvenes cumbieros, deja también una escuela.

No es raro que Giolito vaya a pasar a la historia por su Combo, ese formato de pequeña orquesta, versátil y cumplidora, que él trajo desde Estados Unidos y que se convirtió en su marca de fábrica. Giolito murió diez días después de su último concierto. Y sus hijos (bateristas como él y su abuelo), ya han anunciado que el grupo, pese a la muerte, cumplirá con todos sus compromisos. Como corresponde.

Desaparecidos de aquí y allá

22 de Noviembre, 2008

No hubo sorteo de pechugas -aunque esa palabra aquí en Madrid, no la conoce nadie-. Los implantes de silicona que rifaba la discoteca Pachá en Valencia quedaron pendientes porque el dueño del local consideró que la polémica era excesiva e innecesaria para un sitio que de todas maneras habitualmente se llena. Pero antes de suspender el remate, que criticaban la sociedad de cirujanos, el ayuntamiento y las autoridades sanitarias, los del Pachá se despacharon unas declaraciones imperdibles, acusando a los medios de levantar una polémica hipócrita, inflamada por periodistas que además, no tienen problemas en usar bótox o pasar por la liposucción. Y no lo cuentan. Y allí quedaron los medios: si alguien quiere hablar del Pachá, tiene que hablar al natural…

La de la silicona ha sido una polémica sabrosa, qué duda cabe, pero no es ni de lejos la más importante de estos días. Hoy el nombre de Chile aparece en las columnas de opinión que se atreven con el tema más espinudo de esta semana española: la incompetencia del juez Baltazar Garzón para asumir los casos cuando hay más de 60 fosas comunas donde se apilan los huesos de varios desaparecidos españoles. Tantos, que no se sabe cuántos son. Amnistía Internacional sentencia: España es el país con más desaparecidos en todo el mundo.

La incompetencia asumida por Garzón no le impidió refrescar un tema que varios insisten, sin éxito, en olvidar. La decisión del juez que detuvo a Pinochet además subraya la necesidad de buscar a los hijos del franquismo, niños y niñas nacidos de padres republicanos muertos o detenidos, y entregados a familias falangistas. No se sabe dónde están hoy esas personas, y ellas mismas no saben quiénes son, y el proceso que eso inicia es tan largo y doloroso que muchos no saben hacia dónde mirar.

Muchos, excepto las víctimas, que, como es habitual en estos casos, ya se lanzan a buscar, por ejemplo, a tíos y tías perdidos. Por edad, porque recibió el testimonio, la generación que sigue a los hermanos que sobrevivieron a estos procesos, es la que está en mejor posición para el trabajo.

Como los llamados a seguir sin mirar atrás son muchos, se recuerda hoy, entre otros casos, los de Chile, Guatemala y Argentina, como ejemplos de países que se atrevieron a mirar el pasado y elaborar sus listas de víctimas, sin temor a que aquello reanimara los odios del pasado, como advierten algunos. Ernesto Sábato, que elaboró el informe de las víctimas en Argentina, aparece apoyando el manifiesto de intelectuales que ayer pidió seguir investigando estos hechos hasta el final, sólo para establecer, allí donde no hay justicia, al menos la verdad.

Los desaparecidos se niegan a desaparecer. Aquí y allá. Aunque en Chile el caso de Germán Cofré -la víctima que apareció después 35 años en Argentina- le aporte un matiz extraordinario y lamentable a la misma historia.

La Roja de Otros

20 de Noviembre, 2008

Estoy en Madrid, igual que la selección chilena. Con más suerte espero. La prensa de papel ha sido generosa esta luminosa mañana madrileña con el equipo chileno, al que describió como envalentonado por su triunfo histórico ante argentina. El 20.Minutos, el diario gratis que más se ve leer en el metro, respeta el juego asfixiante de los chilenos, y El País describe a los jugadores del combinado nacional (el nuestro), como fuertes y agresivos. .

Bueno: ganaron también, para qué pegar en el suelo. “La roja concluyo su año mágico”, escriben, sobre su roja, que lleva dos años sin perder partido y se planta en cancha con 10 campeones europeos, como anoche. Bueno, cada uno con su roja, no?

Pero el partido es noticia hoy, cuando ganaron. Los otros días, dos casos espectaculares se han robado toda la atención de los madrileños, y especialmente de sus medios. La primera ha sido la caída del Txeroki, el despiadado jefe de la ETA detenido, entre otras cosas, porque andaba en un auto con patentes, ya no falsas, sino “imposibles”, o sea, disparatadas. El historial de crímenes que se le adjudica al jefe militar es de temer. Tanto, que en un caso como el suyo, saber que además el etarra andaba llevando hachís se ha convertido en todo un detalle, de importancia meramente simbólica en el marco de la lucha contra la ETA. Resulta que los terroristas vascos históricamente presumieron de ir contra los narcos y por la pureza de hábitos. Y como se escribe por acá, resulta que entre disparo y disparo, andaban también “colocaos”. Pero la autoridad ha sido clara y aquí, que alguien como el Txeroki ande con droga es lo de menos. Lo grave en su caso, es que ande con pistolas.

En el día a día, eso sí, la historia del Txeroki sólo es eclipsada por el crimen de Álvaro Ussía, un estudiante de 18 años, muerto en una discoteca. No se sabe si lo mataron los tres guardias del local -que están todos detenidos- o un cliente habitual, pero el caso es que a Ussía le reventaron el corazón de un rodillazo en el pecho, y, como decimos los medios, la opinión pública está conmocionada. Y con justa razón. Ussía era joven, era alegre, el alma de su curso en el colegio Monte Tabor, deportista y “ligón”, según se atrevió a consignar un diario en este cruel contexto (le íba bien con las chicas).

Hojitas de fotocopias que dicen “Ussía no te olvidaremos” tiritan afirmadas con scotch en árboles y contenedores de basura. Es la vida arrebatada en plena forma la que choca tantos en estos crímenes, pienso. Pero el taxista que me lleva al Círculo de Bellas Artes dice lo que nadie comenta en estos casos, y es que la familia Ussía tiene además, la influencia y los recursos suficientes para conseguir la justicia que su hijo merece. Y para mover a la opinión púbica que la exigirá. Hubo un par de crímenes similares y más crueles, contra inmigrantes antes. Y el revuelo fue menor. “¿No pasa lo mismo en su país?“, me pregunta el conductor mientras escuchamos en la radio un debate sobre el tema.

Cada uno con su roja, pienso yo.

Mientras el auto se pierde desde la Puerta de Alcalá, cambiamos de sintonía y nos sumergimos con la radio en otro debate, más pequeño, pero igual de encendido en Madrid: el remate de unos implantes de silicona en una discoteca. Se esgrime todo tipo de argumentos para suspenderlo. Esta noche veremos si lo hacen. Mañana les cuento quién se  los ganó.

Joe, el gásfiter

17 de Octubre, 2008

Barack y Joe

Los estadounidenses ya tienen a su propia “señora Juanita”. Se llama “Joe el plomero“, un gásfiter de 34 años, papá soltero, calvo y robusto, que hoy se despertó convertido en una celebridad después de ser usado como el símbolo del gringo medio durante el último debate presidencial antes de la elección, el próximo 4 de noviembre. Joe encaró a Obama en una actividad de campaña, y frente a las cámaras de televisión, criticó su decisión de subir los impuestos a las empresas que tienen ingresos superiores a los 250 mil dólares anuales, porque él trabaja en una compañía así, y tenía planes de comprarla. Durante el debate, John Mc Cain le prometió directamente a Joe (que estaba viendo el debate sin audio, como dijo después) que cuando él fuera Presidente, no le subiría los impuestos, para que él pudiera comprar su empresa, que es el “sueño americano” de Joe y, según Mc Cain, de todos los Joe de su país.

La viaje dicotomía económica: redistribuir la riqueza o generarla al punto que chorree, volvió así al centro de la discusión política en Estados Unidos, tal como han vuelto otros viejos temas en los últimos días, como el papel del Estado y los límites del capitalismo. Pero desde el punto de vista de los medios, las cosas son mucho más sencillas y más sabrosas también. A menos de 24 horas del debate, ya saben que Joe (que se llama Samuel Joe Wurzelbacher y se parece poderosamente a un “marine”) votó por el partido republicano en las primarias, participó en algunos programas de televisión conservadores y está de acuerdo con la guerra en Irak. O sea, está claro por quién va en esta elección. Si Joe es algo más que un espontáneo crítico de la política estadounidense, se va a saber. Si tiene un cadáver en el closet, también. Pero eso es lo que pasa cuando los medios ponen sus ojotes de aumento sobre las personas comunes y normales: nos vemos rarísimos.

Pero dejando de lado al hoy famoso Joe, la idea del “sueño americano” queda allí, en el ambiente, sobre todo cuando uno piensa en quienes la inventaron: los inmigrantes estadounidenses, que antes fueron irlandeses, italianos, y hoy son principalmente latinos. Y para ellos, no hubo ni una palabra en los debates. Y son 12 millones, sólo los indocumentados. Si el famoso plomero - que con 250 mil anuales se las podría arreglar bastante bien- está preocupado por su futuro, ni hablar de lo que pueden ser las expectativas de quienes, por mucho que estén dispuestos a ponerle el hombro a cualquier cosa, la van a tener muy complicada una vez que la famosa crisis financiera pegue realmente su coletazo en la economía norteamericana (y del mundo). Con una recesión en el horizonte, claramente los estadounidenses no están de ánimo para preocuparse de los más débiles. Ni siquiera teóricamente.