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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Tirso Troncoso</title>
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		<title>La auto-reflexividad de la crítica</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Aug 2013 23:08:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Tirso Troncoso]]></category>

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		<description><![CDATA[A propósito del libro Crítica y Política de Nelly Richard. Las conversaciones plasmadas en ésta nueva publicación es un retorno a lo realizado, un pasar revista al lugar y el tiempo en que se inscribieron en eso que Lihn llama &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130825190803/la-auto-reflexividad-de-la-critica/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>A propósito del libro Crítica y Política de Nelly Richard.</em></p>
<p>Las conversaciones plasmadas en ésta nueva publicación es un retorno a lo realizado, un pasar revista al lugar y el tiempo en que se inscribieron en eso que Lihn llama la única película que nos hace sufrir: la realidad.</p>
<p>Alejandra Castillo y Miguel Valderrama, los interlocutores de la autora, hacen posible que emerja en las repuestas de Nelly Richard la trama o campos de fuerza que tensionaron la relación en el Chile de la Transición en el contexto de las artes visuales.</p>
<p><strong>La pregunta es si esa tensión se ha disuelto, volatilizado o agudizado en este nuevo contexto político de la “nueva mayoría” y se pueden abrigar ilusiones de un nuevo y ciudadano comienzo.</strong></p>
<p>Es indicativo que en esta primera parte del diálogo las figuras de Tomás Moulian y Gabriel Salazar emerjan como dos interlocutores críticos frente a los cuales es necesario responder o, al menos, situarse problemáticamente.</p>
<p>Frente al sociólogo, Nelly Richard reconoce que <em>Anatomía de un Mit</em>o <strong>es casi un libro profético, frente al descalabro de la vida con tarjetas de crédito.</strong> El ensayo de Moulian presagió el destino del verdadero efecto Estocolmo que produjo en la Concertación las políticas neoliberales heredadas de la dictadura cívico-militar de Pinochet. Ese enamoramiento perverso entre la política y el mercado.</p>
<p>Pero discute con él respecto a esas voces, que Moulian considera muchas veces crípticas y que la prosa de la <em>Crítica Cultural</em> asumió como<em> “ejercicios deconstructivos y anti- normativos que desarrolló contra la tiranía del disciplinamiento academicista del papers y las parcelas del orden disciplinario con esas fronteras perfectamente delineadas de las escuelas universitarias</em>”, nos dirá Richard.</p>
<p>Es cierto que el propio Moulian, se da cuenta que no puede construir su crítica con el rígido instrumental conceptual de la sociología y, por tanto, se ve obligado a “ensuciar” su prosa analítica con estrategias que rebasan el marco de la sociología, aproximándose a los márgenes disciplinarios tan bien asumidos por la crítica cultural desarrollada por Richard.</p>
<p>Sigue en pie, en el lúcido analista, el temor que una crítica, a la manera de la realizada en <em>Residuos y Metáforas</em>, peque de una elitización excesiva, volviéndose, finalmente, inofensiva frente a las estrategias del poder que busca destruir.</p>
<p>Es decir, es el miedo a la inoperancia crítica de la crítica, a su enclaustramiento y, en definitiva, a su ineficacia frente al discurso , transparente, directo, monopólico y groseramente reproductor del orden establecido.</p>
<p><strong>Frente a la crítica de Gabriel Salazar las cosas son muy distintas y, por qué no decirlo, distantes y hostiles, en buena hora.</strong> Lo que está en juego aquí es el posicionamiento frente a un concepto homogéneo de la noción “pos modernidad” en que se sitúa Salazar, entiéndase como, aquí cito a Richard, <em>“¿el del ‘fin de la historia’ con su ideología desmovilizadora de lo político que le hace guiño al relativismo neoliberal o bien, por el contrario, el de la reivindicación anti-canónica y, por lo mismo, emancipadora, de los muchos sujetos de una historia finalmente plural cuyas voces habían sido oprimidas por la narrativa maestra de la razón moderna-universal?</em>&#8220;(Richard,2013).</p>
<p>La respuesta de Salazar es que el pos modernismo richardiano, no sería otra cosa que <em>“Monería… que sirve para disimular, precisamente, nuestra pre modernidad”.</em></p>
<p>Al parecer tendremos que recordarle a nuestro Premio Nacional que el presente jamás se nos ofrece homogéneo, monolítico como se desprende de sus juicios.</p>
<p>En nuestro presente habitan, una variedad de bolsones de temporalidades: pre-moderno, moderno, pos-moderno, en sus dos variantes y debemos agregar también, transmoderno, tanto en la variante de Rodríguez Magda como en la variante latinoamericana de Enrique Dussel.</p>
<p>Concedámosle al historiador que la variante pos-moderna sigue siendo de cuño eurocéntrico, si eso es aún colonialismo y con ello, al menos, resulta admisible su indignación. <strong>Pero es evidente que bajo el cuño de la pos modernidad se alojan tendencias reaccionarias, con un claro perfil pre-moderno</strong> y otras, en la orilla opuesta, fragmentaria y transgresora como la desarrollada en <em>Residuos y Metáforas</em> o en la <em>Revista de Crítica Cultural</em> que nada tienen de condescendiente con el neoliberalismo; por el contrario, sumaron fuerzas para combatirlo con las armas de la crítica.</p>
<p>Tenemos que reconocer que en las notas a pie de página se libran los combates más atractivos del libro que presentamos. De allí a desconocer toda función crítica de la<em> Crítica Cultural</em> es no querer ver en la propuesta del otro, un ejercicio calificador que sólo se arroga en exclusividad y que, por supuesto, sitúo en el lugar de mi habla. El Olimpo es diverso y variopinto y resulta peligroso arrogarse el lugar de Akenatón.</p>
<p>Decíamos al comienzo que <em>Crítica y Política</em> puede ser leído como un ejercicio de auto-reflexividad, como crítica de la crítica, una a- puesta de lectura entorno a los 36 números de la <em>Revista Crítica Cultural</em> y su edición en formato libro de gran parte su material.</p>
<p><strong>Pienso que muchos somos deudos de esa muerte voluntaria luego de casi dos décadas de existencia. En realidad me siento parte de aquellos que transformamos el duelo en melancolía, en esa condición insepulta que nos impide cerrar el capítulo.</strong></p>
<p>Se agrega a su final, el de la <em>Revista Punto de Vista</em> y la Revista española <em>A Parte Rei,</em> esta última, virtual.</p>
<p>El agotamiento del “sentido de revista”, para usar la expresión de Beatriz Sarlo, debemos decirlo, tiene un alto costo para aquellos lectores marginales que alimentamos nuestro propia criticidad con la lectura de autores que de otro modo no habríamos llegado a leer.</p>
<p>Es claro que todos vamos a la búsqueda de una palabra vacía que cada uno de nosotros busca llenar, remedando a Sylvie Blocher de <em>Campamento Urbano.</em></p>
<p>En el número de noviembre de 1994 de Crítica Cultural, se publica una carta de José Donoso a su “Querida Claudia”, su sobrina, en  que la insta a meterse en el tubo de la escritura para ver que sale del otro lado, le dice que lo haga antes de iniciar el viaje para tener algún motivo por el cual volver.</p>
<p>Dejar un escrito inconcluso es darse motivos para regresar, quizás de ese modo se vuelva a recuperar ese “sentido de revista” que parece, por el momento, dormido.</p>
<p>El silencio puede ser también un momento de criticidad, una sustracción que, paradojalmente, suma.</p>
<p>Pienso en la máxima del teatro de Richard Foreman<em> “todo sea suficientemente mudo para permitir que lo que realmente está pasando pase”</em>. Las protestas ciudadanas a lo largo del país nos dicen que algo está ocurriendo. Ya habrá momento de recuperar la escritura. Por el momento a sufrir con la película de la realidad.</p>
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		<title>Hacia una auténtica cultura de la libertad</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jun 2013 13:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Tirso Troncoso]]></category>

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		<description><![CDATA[En aquel viejo hospital San José, ubicado en el costado del Cementerio General, hoy al servicio de iniciativas culturales, se presentó, hace unos años atrás, una de las últimas obras de Jorge Díaz, uno de los dramaturgos más señeros del &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130603090009/hacia-una-autentica-cultura-de-la-libertad/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En aquel viejo hospital San José, ubicado en el costado del Cementerio General, hoy al servicio de iniciativas culturales, se presentó, hace unos años atrás, una de las últimas obras de Jorge Díaz, uno de los dramaturgos más señeros del teatro nacional.</p>
<p>Era un equipo de actores jóvenes que daban cuenta de la desesperada búsqueda de un pobre sobre quien pendía el destino de la caridad. Lisa y llanamente se había acabado la pobreza y todas aquellas instituciones que tenían su razón de existir en la existencia de estos ya no tenían destino.</p>
<p>La desesperada búsqueda del último pobre ocupaba gran parte del drama. En la ficción escénica evidentemente no lo había, pero los que estábamos de espectadores bien podríamos sentirnos  ese sujeto buscado; pero la obra “nada le debía a la realidad” y por tanto, su búsqueda era cada vez más desesperada.</p>
<p><strong>Al inicio de la función nos contaron que la sala en que nos encontrábamos era el lugar en que los tifosos agonizaban en el siglo XIX para luego del desenlace, por una pequeña puerta lateral, ser llevados para su “descanso eterno”.</strong></p>
<p>Los niveles de agresión de los actores que representaban a los miembros de las organizaciones de caridad iba en aumento, el sin sentido y la violencia era tal que parecían fieras hambreadas que, a la mínima provocación, volvían a agredirse sin tregua.</p>
<p>Aquella atmósfera densa y sin salida creada por la ficción teatral me lleva pensar en aquellas prácticas y discursos tan en boga en las últimas décadas en que las personas con bajos recursos y, a veces, en la total bancarrota, no pueden sino esperar de la caridad un alivio a sus males.</p>
<p>Otros, que hacen ostentación de lo que han sido capaces de hacer por esos menesterosos, ofreciéndoles educación u escolaridad, por la “profunda caridad que los mueve”. Hay algo que no parece sano ni moralmente razonable.</p>
<p><strong>Tienen razón los estudiantes cuando reclaman que la educación es un derecho y no un bien de consumo o cuando los enfermos salen a las calles a protestar exigiendo los medicamentos que les permitan atenuar su dolor o hacer menos dramática sus dolencias.Así también con el acceso a la vivienda.</strong> Todos estos derechos hoy parecen abandonados a la caridad y, por tanto, a las pías acciones de los héroes de la misma.</p>
<p>Muchas veces estos mismos que predican la caridad y vociferan respecto a lo que han hecho por otros, <strong>son los mismos que, desde sus lugares de poder, generan las condiciones para que nuestros compatriotas, familias chilenas humildes, no puedan ganar con dignidad su propio sustento sin tener que estar humillados por “la caridad”.</strong></p>
<p>Generar una sana cultura del amor propio, surgida en la confianza de las propias capacidades y del esfuerzo bien retribuido hará de Chile un país con alta autoestima, autónomo y orgulloso del que es capaz de alcanzar resultados de sus propias fuerzas.</p>
<p>Hoy, en el contexto de las elecciones presidenciales, es momento de definir el tipo de sociedad en la que queremos vivir.</p>
<p>Yo, al menos, no quiero un Chile conformado por un océano de mendigos esperando ante la ley las migajas de la caridad.</p>
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		<title>Humberto Giannini, el tábano de Chile</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Apr 2013 12:25:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Tirso Troncoso]]></category>

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		<description><![CDATA[Los reconocimientos al filósofo chileno se suceden tanto en Chile como en el exterior. Recientemente la Universidad Arcis le concedió el grado de Doctor Honoris Causa, anteriormente lo había hecho la Universidad de Chile como así también la Universidad Academia &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130427092527/humberto-giannini-el-tabano-de-chile/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los reconocimientos al filósofo chileno se suceden tanto en Chile como en el exterior. Recientemente la Universidad Arcis le concedió el grado de Doctor Honoris Causa, anteriormente lo había hecho la Universidad de Chile como así también la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, por nombrar simplemente los reconocimientos nacionales. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales<br />
1999.</p>
<p>Se trata, sin duda, de las prosas filosóficas más influyentes y seductoras que ha marcado buena parte del hacer creativo en un ámbito que es tan difícil serlo: la filosofía.</p>
<p>Giannini es un filósofo que se deja leer con deleite en medio de tanta aridez. Pero es también un provocador, un pensador valiente más cercano, sin duda, a la temeridad.</p>
<p><strong>Nunca bajó la voz en los años difíciles y nos dio innumerables ejemplos de coraje cuando hubo que actuar para defender derechos fundamentales. Acción y pensamiento dan cuenta de un hombre íntegro, cercano, afectuoso y humilde.</strong></p>
<p>No pretendo recorrer su obra para dar cuenta de su andamiaje argumentativo, más bien busco detenerme en aquellos lugares en que Giannini establece ciertos cruces que nos permiten avizorar la intimidad de una reflexión genuina en que blandiendo, muchas veces, los tópicos del medioevo nos permite leer nuestro presente.</p>
<p><strong>Pensar el lenguaje de la ira, de la avaricia, de la acedía, en definitiva del mal, en un contexto en que estos campean en la vida cotidiana como si fuera lo más natural del mundo, no hace sino hablar de su compromiso claro y explícito con la humanidad.</strong></p>
<p>Nuestro filósofo es un hombre cercano, amable e inmensamente jovial. Su obra es siempre una invitación al diálogo y más aún a la conversación. Ha salido de los muros universitarios a buscar lectores que recién se inician en la faena del pensar: los alumnos de la enseñanza media que leen con entusiasmo la urdiembre argumentativa tanto de su Historia de la filosofía como su obra más ensayística.</p>
<p>En tal sentido Giannini es un pensador auroral: despierta y desafía a navegar hacia la búsqueda de lo que él llama “la experiencia común”, es más bien una interpelación, una faena que tiene más de futuro que de nostalgia.</p>
<p><strong>Giannini ha entendido a la filosofía como un camino para mejorar al hombre, si hasta en el avaro Giannini deja entrever un atisbo de humanidad.</strong> Tiene razón Jorge Acevedo cuando afirma que Giannini es el filósofo de la convivencia y la tolerancia.</p>
<p>Es interesante su esfuerzo por mostrarnos que en los vicios capitales existe un núcleo autodestructivo que parece más perverso que el mal que podemos inferir al prójimo.</p>
<p>Por ejemplo, si ya es perverso en el avaro restar al otro de aquello que él tiene en exceso, más terrible es el autoengaño al confundir la mera tenencia con la verdadera posesión, queriendo hacernos ver la pobreza del vínculo que el avaro establece con el mundo, los otros y consigo mismo. La abundancia de la tenencia es la justa medida de su pobreza posesiva.</p>
<p>En ello Giannini nos muestra la permanente filiación socrática de su reflexión. Digo aquello, pensando en que el mal se nos aparece instigado por la ignorancia, desencadenando un profundo desencuentro con el mundo, el prójimo y consigo mismo. Pero no está todo perdido para el avaro, pues su anhelo de unidad, si bien descaminado, revela, en último término, la búsqueda de la unidad perdida, digamos en su forma más degradada y despreciable.</p>
<p>“<em>La re-flexión cotidiana”</em> y <em>“La experiencia moral</em>”, dos obras interrelacionadas, que nos ofrecen una vía de comprensión del pasar característico del vivir cotidiano. De hecho los denominados Interloquios de la primera obra ofrecen ciertas pistas de esos intentos de asir en las palabras el transcurrir del vivir cotidiano. Con acierto nuestro pensador, reconoce esa dimensión autobiográfica y diarística como una vía filosófica que no renuncia a las referencias concretas.</p>
<p>Tiene razón Martín Cerda cuando afirma que el escribir un diario solo es posible en tiempos de menesterosidad. <em>“No es azar que el género diarístico haya prosperado particularmente en tiempos de alteración, en los que la vida siempre transcurre como perpetuo sobresalto, desasosiego o perturbación”_(“La palabra quebrada”</em> pag.101).</p>
<p>Giannini tuvo la audacia de ver allí, donde nada, pasa un objeto de pensar genuino. En esos años 80 Jaime Lizama daba cuenta poéticamente de nuestras precarias vidas.</p>
<p><em>“Todo crece aquí cual maleza/nada crece más bien/ni como maleza/nada/excepto esta nada/que crece cual maleza/.</em></p>
<p>Giannini nos hizo ver la posibilidad de una arqueología del presente y que era posible, entonces, en medio de tantas vidas desperdiciadas, reconstruirnos atendiendo a estas cuestiones básicas: calle, domicilio, trabajo y avizorar en ellos la posibilidad de una experiencia común.</p>
<p>Sus clases fueron y siguen siendo la tribuna para sus reflexiones y junto a ellas, las revistas <em>Teoría</em>, publicación de la Sede Norte de la Universidad de Chile ( Escuela cerrada por la dictadura); y luego <em>Escritos de Teoría</em>, en donde quedaron registros del esfuerzo reflexivo que hizo resistencia a la dictadura cívico militar de Pinochet.</p>
<p><strong>El trabajo filosófico en condiciones peligrosas no dejó de realizarse en Chile, Giannini fue capaz de aglutinar a las figuras más emblemáticas del hacer filosófico democrático.</strong></p>
<p>Carlos Ruíz, Pablo Oyarzún, Gonzalo Catalán, Olga Grau, Patricia Bonzi, Arturo Gaete, Ignacio Hernández, Claudio Rivas, José Palominos y tantos otros, dieron vida a un conjunto de publicaciones que bien vale la pena rescatar del olvido</p>
<p>Giannini ha sido un categórico defensor de la educación pública y republicana, sin ella, difícilmente podremos construir un nosotros que nos permita hacer comunidad.</p>
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		<title>Huellas y Diálogos</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130411002209/huellas-y-dialogos-2/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2013 03:22:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Tirso Troncoso]]></category>

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		<description><![CDATA[2000 camisas desplegadas en el hall central del MNBA y otro millar de chaquetas colgadas en el Museo de la Memoria. “Sólo lo que no deja de herir permanece en la memoria”. Quien visite por estos días el Museo de &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20130411002209/huellas-y-dialogos-2/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>2000 camisas desplegadas en el hall central del MNBA y otro millar de chaquetas colgadas en el Museo de la Memoria. “Sólo lo que no deja de herir permanece en la memoria”.</em></p>
<p>Quien visite por estos días el Museo de Bellas Artes o el Museo de la Memoria, se encontrará con una verdadera catarata de camisas o chaquetas que suben o bajan  por las alas sur y norte del MNBA y el MDLM en sus naves exteriores. Se trata de dos instalaciones  que, bajo un mismo concepto,  invitan a la reflexión.</p>
<p>Cada una de las prendas reunidas  bajo criterios que no son casuales, por ejemplo de los tonos más suaves en la parte superior y de colores más intensos en las dispuestas en el suelo, nos hablan de opciones que no obedecen a la arbitrariedad sino a criterios de selección  que organizan el cuerpo de la obra.</p>
<p><strong>Se trata de prendas usadas, cargan con historias individuales, son prendas de segunda mano unidas todas por los puños, se trata de un “nosotros” representado, no son individualidades, piezas autónomas, por tanto, señalan un esfuerzo nostálgico,  de búsqueda de una experiencia común.</strong></p>
<p>Las camisas comparecen por nosotros, a cambio de nosotros, hermanadas, conformando una totalidad tan fugaz como nuestros breves intentos de construir un proyecto común.</p>
<p>Puede parecer  arbitraria  o forzada la relación, pero desde que vi estas prendas  recordé ese botón blanco incrustado en el óxido de un trozo de riel ferroviario extraído del océano con vestigios humanos. <strong>Esa breve seña blanca de los cuerpos arrojados al mar, de nuestros detenidos -desaparecidos, que hoy se expone en Villa Grimaldi. </strong></p>
<p>El capricho del mar hizo posible que en ese trozo de metal quedase  la huella  de una prenda humana, de una historia interrumpida por la fuerza. Fragmentos, breves episodios, dolores. En cierto sentido, es la memoria que comparece para abotonar los hechos.</p>
<p><strong>Probablemente la artista finesa, no conozca la Villa Grimaldi, pero ese botón que se puede ver  en la vitrina, al interior del cubo de cobre no solo reclama la camisa de la cual se extravió sino  esos cuerpos arrojados a las profundidades.</strong></p>
<p>A cuarenta años del golpe militar hay demasiada “ropa tendida” que reclama ser aclarada,  la obra de Kaarina Kaikkonen vino a poner el dedo en la llaga, no parece casual el nombre de sus dos propuestas: Huellas y Diálogos.</p>
<p>Justamente, las huellas están,  lo que brilla por su ausencia es un diálogo sincero que nos lleve a la verdad  sobre lo que aconteció con tantas víctimas.</p>
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