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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Sergio Micco</title>
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		<title>¿Cuándo dañamos al otro ejerciendo nuestra libertad?</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2015 12:14:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[La libertad es el valor hegemónico en las sociedades occidentales. En su definición popular se entiende como el derecho de decidir  lo que cada persona quiera hacer con su vida con tal de no afectar la misma capacidad  en el &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20150615081423/cuando-danamos-al-otro-ejerciendo-nuestra-libertad/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong>La libertad es el valor hegemónico en las sociedades occidentales. En su definición popular se entiende como el derecho de decidir  lo que cada persona quiera hacer con su vida con tal de no afectar la misma capacidad  en el otro y, en su segunda arista, este concepto incorpora el “principio de no daño”. Es decir, en el ejercicio de la libertad no podemos perjudicar injustamente a los demás. Pese a que ello parece una obviedad, puede sufrir serias objeciones.</p>
<p>John Stuart Mill sostuvo que hay un ámbito de libertad personal que no puede ser invadida. Este estaría conformado por las acciones <em>“autorreferentes</em>”, es decir, <em>“las que no causan perjuicio a los intereses de nadie, excepto, quizás al agente mismo”.</em> Este último punto es relevante pues se parte de la base que  cada uno de nosotros es el mejor conocedor y defensor de nuestros intereses e, incluso, podemos decidir actuar en contra de ellos.</p>
<p>Pero, insistamos, una cosa es, por ejemplo, creer que el suicidarse forma parte de una sociedad realmente libre, y otra es creer que hay un derecho a matar. La primera facultad podría considerarse parte del ámbito autorreferencial, en el cual no pueden interferir ni el Estado, ni las iglesias ni nadie; pero el matar no pertenece a este ámbito pues esta acción viola el principio del no daño. Estas afirmaciones –ámbito autorreferencial y principio del no daño– son ciertos en una primera aproximación, pero si las analizamos nos encontraremos con evidentes limitaciones.</p>
<p><strong>Lo primero es que no siempre somos los mejores conocedores y defensores de nuestros intereses. A riesgo de parecer paternalista, preguntémonos ¿por qué se obliga a un motociclista a usar casco protector? La razón la podría encontrar un liberal de tomo y lomo constatando que en este caso se viola el principio del no daño.</strong></p>
<p>En efecto, los daños que produce el imprudente sólo lo afectan a él en el corto plazo, pero en el mediano y largo plazo comprometen a la sociedad entera, en un doble sentido.</p>
<p>El primero es que el motociclista, al sufrir un grave accidente no estando adecuadamente protegido, obliga al sistema de salud público a hacerse cargo de él, incurriendo en altos costos.</p>
<p>El segundo sentido es que <strong>indudablemente el motociclista que puede quedar incapacitado, por ejemplo de por vida, ya no podrá trabajar y aportar a la sociedad, causándole un daño, sobre todo si su comunidad invirtió en él dándole educación pública o seguridad ciudadana.</strong> Puede parecer escandalosamente utilitario el argumento, pero, sirva de excusa, el hecho que el propio Sócrates lo invoca indirectamente en el diálogo <em>El Critón</em>, cuando se niega a huir de la cárcel, condenado injustamente, pues violar las leyes es agraviar a quienes les debe todo.</p>
<p>Veamos ahora dos ejemplos más polémicos: tomar la decisión de suicidarse y de esclavizarse. Pareciera ser que en estos casos el daño que se produce sólo afecta a quien ejecuta tan drásticamente estas decisiones.</p>
<p>Sin embargo, tanto John Stuart Mill como John Locke condenaron el suicidio y la auto esclavitud porque destruían  la misma libertad que se quiere proteger. Con mayor razón debemos restringir la autonomía de una persona que toma una decisión sin saber que, por estar mal informado o evalúa erróneamente las consecuencias de sus actos, atentará contra su vida y libertad. Si un individuo cree que tomando una dosis letal de arsénico no morirá, ¿es razonable respetar esa creencia y actuación?</p>
<p>Sigamos nuestro ejercicio de cuestionamiento al principio del no daño. Analicemos el caso en que una persona se siente ofendida por comportamientos de otra que objetivamente no le causan daño.</p>
<p>Por ejemplo, cuando el semanario Charlie Hebdo descalificó mordazmente las creencias de una minoría religiosa y socialmente discriminada; o cuando una organización de derechos de los gay llamó a concurrir  a la salida de templos cristianos que condenan la homosexualidad como un pecado. <strong>En estos casos ¿quién ofende a quién? ¿Cuándo una ofensa se transforma en un daño? Creemos que en los actuales tiempos que corren, tan contrarios razonablemente a la discriminación, podríamos concluir que el comportamiento ofensivo no se puede aceptar. La cuestión es discutible y no es nada de claro cuando la sanción en contra de la ofensa se transforma en una indebida interferencia en contra de mi libertad personal.</strong></p>
<p>Así, Miller, tras cuestionar el concepto de Mill, sostiene que <em>“una vez abandonado su principio de libertad no parece haber ningún lugar claro donde parar”</em> y expone  varias  preguntas, como por ejemplo: ¿debe el Estado exigir a las personas llevar una dieta razonable, hacer ejercicio o impedir que realicen deportes de riesgo? Ya hemos dicho que se nos puede obligar a llevar cascos protectores para proteger nuestra integridad personal, ¿por qué no extender este razonamiento a los casos que nos menciona Miller?</p>
<p>Por otra parte, <strong>cuando el Estado limita la libertad individual, debe demostrar que ello es necesario, hacerlo la menor cantidad de veces y con la menor intensidad posible.      </strong></p>
<p>En suma, fijar como límite al ejercicio de nuestra libertad el principio del no daño plantea dos problemas. Es muy poco cuando se trata de acciones que causan perjuicios indirectos a la sociedad o de decisiones personales que destruyen la propia vida y libertad. El otro problema es que decimos muy poco cuando sin dañar a otra persona la ofendemos.</p>
<p>Queda un último punto a tratar. ¿Qué significa para un pobre que se le diga que puede hacer lo que quiera con su vida con tal que no dañe al otro? La otra pregunta es si es aceptable una sociedad no democrática donde se respete mi ámbito de libertad privada, aunque no se respete el derecho de un pueblo a la autodeterminación. Los republicanos se inquietan…queda mucho por debatir.</p>
<p>Leer versión extendida en Asuntos Públicos:<em><a href="http://ow.ly/d/3ows"> http://ow.ly/d/3ows</a></em></p>
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		<title>Jaime Guzmán y el constitucionalismo del miedo</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Dec 2014 11:51:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle, en su libro titulado El Constitucionalismo del Miedo. Propiedad, Bien Común y Poder Constituyente, llaman a enfrentar hoy el cambio constitucional.Los autores sostienen que la actual Constitución es hija de Jaime Guzmán, quien actuó motivado &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20141205085153/jaime-guzman-y-el-constitucionalismo-del-miedo/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle, en su libro titulado <span style="text-decoration: underline">El Constitucionalismo del Miedo. Propiedad, Bien Común y Poder Constituyente,</span> llaman a enfrentar hoy el cambio constitucional.Los autores sostienen que la actual Constitución es hija de Jaime Guzmán, quien actuó motivado por el miedo a que Chile amaneciera un día marxista. Por ello, el texto constitucional que aún nos rige está marcado por la más extrema defensa de la propiedad privada. <strong>Los autores repasan una historia oscura para, desde aquella experiencia, llegar a concluir que existe esperanza de tener una Constitución y un Chile que no estén marcados por el miedo.</strong></p>
<p>Las plumas de estos dos autores confluyen en esta obra. Son IX ensayos que van  desde la erudición intelectual al análisis histórico, con una trama y un autor que la urde, dándole su columna vertebral.</p>
<p>La trama es lo que se llama un <strong>constitucionalismo del miedo</strong> que quiere proteger la propiedad privada a cualquier precio, incluso el de la tiranía o de una democracia contenida. <strong>En el caso de Chile, el autor que urde la trama es Jaime Guzmán, quien ya en los tiempos de Eduardo Frei Montalva denuncia que el resorte principal de la máquina estatal ha saltado por los aires y que la propiedad privada y la libertad de los chilenos morirán en el estatismo. Es el miedo a que Chile se despierte marxista, escribe amenazado y amenazante en 1970.</strong></p>
<p>La esencia del libro es, entonces, ese miedo a perder la propiedad privada a manos del desarrollo de una democracia que, a través de la regla de la mayoría de pobres y oprimidos, expropiará fatalmente a quienes no lo son.</p>
<p>Este miedo nace del pensamiento liberal posesivo. Es el liberalismo que parte de John Locke, quien ve en la propiedad privada una grandiosa continuidad de la vida y del trabajo personal. Sin propiedad no hay libertad, pero no se trata del derecho a la propiedad de los republicanos, que tan bien describe Pablo Ruiz-Tagle, ni de los padres de la Iglesia que reseña Renato Cristi, sino que del derecho de propiedad de los que la tienen y amasan, a un nivel que el propio Locke jamás legitimó.</p>
<p>Como dijimos, el constitucionalismo del miedo teme que en la democracia la propiedad privada retroceda, el estatismo avance y la libertad se hunda. La solución es imponer normas constitucionales que hagan imposible este motor de la política. En el peor de los casos, la tiranía del caudillo si fuese necesario.</p>
<p>Ahora bien, este miedo va mucho más allá de la simple expropiación. Los autores ponen el acento en una rigurosa defensa de la propiedad privada por parte de este constitucionalismo del miedo.Para ello citan a Tomas Hobbes y John Locke. Sin embargo, la causa del miedo para Hobbes es morir violentamente, no perder la propiedad, que por cierto no existe en un estado de naturaleza en el cual todo es de todos. La fundamentación de la ilimitación del Leviatán es la seguridad.</p>
<p>En cambio, John Locke describe un miedo aún más simple: es aquel de quien se somete al contrato social prefiriendo la seguridad al poder. ¿Seguridad de qué? De no morir de hambre.</p>
<p>En este escenario ¿dónde ubicar el fundamento del miedo de Jaime Guzmán? A él no sólo lo mueve el miedo a que sus representados pierdan la propiedad de campos, bancos e industrias, sino que también el prestigio, el honor, un estilo de vida.</p>
<p>Por cierto, Jaime  Guzmán se sintió amenazado y violentado por las reformas estructurales que promovió el gobierno de Frei Montalva, particularmente la reforma agraria y la sindicalización campesina. Peor aún fue su rechazo bajo el gobierno de Salvador Allende.</p>
<p><strong>Pero no es menos cierto que Jaime Guzmán experimentó pasivamente y atizó activamente en el, a ratos, legítimo temor de las clases medias chilenas que veían amenazadas su seguridad y estabilidad personales, su ideología de la movilidad social individual, la estabilidad y el orden social y vieron ante sí el horror del ascenso del proletariado.</strong></p>
<p>En conclusión, Jaime Guzmán no sólo temió la expropiación de la propiedad privada, cosa que no hubiese atemorizado tanto a las clases medias, ¿finalmente a quién le importaba la propiedad de  banqueros, terratenientes y monopolistas?, sino que buscó encarnar el miedo a perder, no sin razón insisto, una forma de vida, por austera que fuera. Y lo logró.</p>
<p>En consecuencia, lo que entendía Jaime Guzmán como el descarrilamiento de la democracia chilena era un proceso que amenazaba literalmente la vida y forma de ser de un pueblo, particularmente de sus clases medias.</p>
<p>En  las disposiciones permanentes y provisorias de la Constitución del 80, se observa un enorme miedo a que las mayorías no sólo atacasen la propiedad privada, sino que también las prerrogativas del Presidente de la República, la autonomía de las Fuerzas Armadas, los equilibrios fiscales, el derecho a la vida del que está por nacer, la familia, la religión o la armonía social amenazada de muerte por las ideas marxistas, el terrorismo sin más.</p>
<p><strong>Jaime Guzmán es el autor de la urdimbre del miedo, el que teje, trama y conspira.Trama y actor. Un joven abogado católico formado en el más estricto tradicionalismo que intenta fundir corporativismo con capitalismo y neoliberalismo con neoconservadurismo, todo ello a costa de la democracia, los derechos humanos y las libertades públicas.</strong></p>
<p>La mezcla es inestable y, como demuestra Renato Cristi al final del libro, está condenada al fracaso, pero Jaime Guzmán no es general de un ejército derrotado. Por el contrario, este libro presenta el increíble protagonismo de un joven universitario que derrota al socialismo en su mejor momento, los fines de los años sesenta; genera un movimiento gremial que se extiende, tras 1973, por todo el país uniendo ultra conservadurismo español con neoliberalismo de Chicago; director de la campaña de un derrotado Jorge Alessandri, <strong>declara la guerra cívica e ideológica a Salvador Allende y tras el Golpe de Estado realiza una frenética labor constitucional cuyos frutos nos gobiernan hasta hoy; elegido senador en 1989 sólo es detenido a balazos.</strong></p>
<p>Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle están muy lejos de realizar un “homenaje al adversario”, entre otras cosas porque este adversario apoyó un régimen autocrático para derrotar a sus contradictores, pero sí hacen dos cosas notables. La primera, es atreverse a pensar en forma extensa o representativa, esa forma de pensamiento  que nos aconseja Kant. De lo que se trata es salir de nosotros mismos, ponerse en el lugar del otro no para justificar, sino que para comprender, comprender y comprender, antes que criticar, juzgar y condenar. La segunda cosa notable que ejecutan es que se toman en serio a su adversario.</p>
<p>El trabajo de ambos no es simple ejercicio de erudición jurídica y filosófica, ni arte propio de arqueólogos desenterradores de una dolorosa historia escrita por un frío adversario. Hay una esperanzadora  lección democrática que recorre el libro. <strong>Por ello es que sostienen que la consolidación de la democracia chilena pasa por la afirmación del poder constituyente del pueblo, no para reprimir sino que para regenerar.</strong></p>
<p>Es con este talante intelectual y espiritual que Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle nos llaman a enfrentar hoy el cambio constitucional para así poner fin a la era del miedo, con la esperanza de los tiempos mejores que están por venir.</p>
<p>Leer versión extendida en<em>: <a href="http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/12/1171.pdf">http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/12/1171.pdf</a></em></p>
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		<title>El poder del dinero y la democracia liberal</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Oct 2014 14:56:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[El caso Penta y el financiamiento de las campañas electorales ha puesto nuevamente en el tapete la relación entre política y dinero. Se trata de un debate antiguo y moderno: Oligarquía y República, dos modelos rivales de regímenes políticos. Domenico &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20141009115648/el-poder-del-dinero-y-la-democracia-liberal/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left">El caso Penta y el financiamiento de las campañas electorales ha puesto nuevamente en el tapete la relación entre política y dinero. Se trata de un debate antiguo y moderno: Oligarquía y República, dos modelos rivales de regímenes políticos.</p>
<p align="left">Domenico Fisichella,  catedrático universitario y ex vicepresidente del Senado italiano, en su libro <em>“Dinero y Democracia”</em> realiza este análisis partiendo por Platón, quien en el libro octavo de la República señala, <em>“por ende, cuanto más se veneran en un Estado las riquezas y los hombres ricos, en menos se tiene la excelencia y los hombres buenos”</em>. La oligarquía es un régimen degenerado en que gobiernan unos pocos, los que el censo ha ratificado como ricos.</p>
<p align="left"><strong>Para Platón tal régimen sucumbe cuando se produce la guerra, ya que los oligarcas son incapaces de llevarla a cabo pues son pocos. Y si arman al pueblo para defender la ciudad, le temerán más que al  enemigo.</strong> Rousseau intenta revitalizar el pensamiento republicano de la antigüedad y su mirada respecto del dinero no es más positiva<em>. “Tan pronto como el servicio público deja de ser la principal preocupación de los ciudadanos, prefiriendo prestar sus bolsas que sus personas, el Estado está próximo a su ruina”.</em></p>
<p>Por cierto, antiguos y modernos han visto en la propiedad un elemento indispensable para la grandeza de la República. Quien nada posee siempre será un sujeto débil y objeto eventual de servilismo. Por el contrario, el ciudadano debe tener propiedad suficiente para alcanzar la autonomía, la autarquía, la elevación espiritual y el tiempo libre para poder dedicarse a los asuntos públicos. <strong>Una república poderosa es aquella que cuenta con medios políticos, militares, económicos y espirituales para realizar grandes cosas. Pero se trata de medios, no de fines, pues cuando se pone todo el interés en acaparar alguno de ellos, se descuida el bien público y se sacrifica el interés general.</strong></p>
<p>Tanto los antiguos como los modernos han visto tres problemas con el hecho que el poder político sea detentado por los ricos: I) Pone en riesgo el interés público, que debe ser general y común, jamás particular y para unos pocos. Aún más, si esos pocos son unos privilegiados económicamente y ávidos de ganancias pues, ¿cómo no sospechar que utilizarán el Estado para acrecentar sus arcas tomando decisiones arbitrarias, o vendiendo votos y sentencias?</p>
<p>II)<strong> La concentración del poder que puede llevar a quien tiene dinero y adquiere además cargos y honores, a sufrir la tentación  devastadora de abusar del poder.</strong></p>
<p>III) Cuando el poder de unos pocos se hace tan fuerte, rico y duradero, la libertad e igualdad republicana a la que aspira todo ciudadano es convertida en simple declaración formal, desprovista de toda materialidad real.</p>
<p>Ahora bien, en nuestra cultura política, donde la ideología liberal es hegemónica y rechaza la intervención de la política sobre la economía -como ayer condenaron la intromisión de la iglesia en la política- este problema se agrava, particularmente cuando observamos la enorme concentración del poder que  sufrimos en Chile. Surge así el obvio temor del exceso y del abuso potenciales de poder. Pues las experiencias oligárquicas demuestran que quien tiene el poder económico financiero toma decisiones que nos afectan a todos mediante medidas que se convienen  en comités restringidos y de acuerdo a los intereses y lógicas de dichos comités.</p>
<p><strong>Al influir, mediante la propiedad y el avisaje, sobre los medios de comunicación de masas se tiende a homogeneizar a la opinión pública que dista mucho de ser ilustrada y crítica. Finalmente los partidos, ministros y legisladores tienden a doblegarse ya sea por acción directa del dinero que financia campañas electorales, manipula las opciones económicas o por la influencia de éste sobre los medios de comunicación social. Estos riesgos se multiplican cuando tenemos un sindicalismo débil, partidos e instituciones políticas de baja legitimidad y una prensa concentrada en pocas manos y muy sometida a los dictámenes del mercado.</strong></p>
<p>Por último, hay una arista más en este problema. Es frecuente decir que detrás de estas críticas al poder financiero se anida el afán de satanizar al dinero, considerándolo un ídolo que puede transformarse en infinitas formas, cuando también puede ser sinónimo de prosperidad y dicha para la comunidad.</p>
<p>Así también la idea de que la empresa es una  organización controlada por su patrón y orientada sólo a ganar dinero, cuando ella hoy es vista como comunidad de personas que producen, y distribuyen bienes y servicios para ganancia propia y beneficio social. Sin embargo, es necesario distinguir entre una y otra concepción del dinero y de la empresa.</p>
<p>Siempre es importante averiguar cómo se obtuvo tal fortuna. No es lo mismo la riqueza bien habida, que la deshonestamente adquirida. No es lo mismo heredar una fortuna que crearla. No es lo mismo ganar una fortuna generando empresas que hacen surgir nuevos  trabajos que ganarla especulando en las bolsas del mundo. <strong>No es lo mismo dirigir empresas en que existen  bajos salarios, peores condiciones laborales, se persigue al sindicalismo o a la mujer embarazada o en edad fértil que ser líder de empresas con responsabilidad social.</strong> No es lo mismo predicar la igualdad en el espacio público, y practicar la desigualdad en el privado que ser coherente en ambos espacios de la vida moderna, en fin. Dinero, empresa y política en la palestra.</p>
<p>Nuestros representantes populares deberán debatir y resolver cuáles son los límites del dinero en la política y cuán altos son los muros que deberemos levantar para evitar toda concentración excesiva del poder político, económico y comunicacional. La opinión pública y las nuevas relaciones de fuerzas en el Congreso les exigen que sean sólidos, firmes y rigurosos en esta labor.</p>
<p><em>Leer versión extendida en:<a href="http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/10/1163.pdf"> http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/10/1163.pdf</a></em></p>
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		<title>América Latina y esperanza cristiana</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Sep 2014 16:06:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Latinoamérica está marcada por democracias inestables, sociedades fragmentadas por la pobreza, la desigualdad y la violencia.Pero también posee una riquísima diversidad cultural, belleza y riqueza de sus recursos naturales, imponentes culturas originarias y el poder de sus prosistas y poetas. &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20140923130627/america-latina-y-esperanza-cristiana/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Latinoamérica está marcada por democracias inestables, sociedades fragmentadas por la pobreza, la desigualdad y la violencia.Pero también posee una riquísima diversidad cultural, belleza y riqueza de sus recursos naturales, imponentes culturas originarias y el poder de sus prosistas y poetas. Entonces ¿por qué la pobreza y el subdesarrollo? </p>
<p>Por otro lado, si América Latina es observada desde los ojos del cristianismo, casi la mitad de los católicos viven en ella, los que cada vez más comparten la fe con un vigoroso movimiento protestante, conocido como “evangélico”. Sorprende gratamente su dinámica religiosidad popular, su pacífico mestizaje, los movimientos de solidaridad y sus utopías de fraternidad. </p>
<p>Nuevamente surge la pregunta dolorida,<strong> ¿por qué un subcontinente cristiano no ha realizado  la evangélica opción preferencial por los pequeños? </strong></p>
<p>La historia tradicional de la América Latina republicana está escrita en forma de tragedia.Veamos algunas de las puestas en escenas políticas, socioeconómicas y globales de este acabo mundi.</p>
<p>-Entre 1808 y 1824 ganamos una guerra de Independencia y nos propusimos constituir repúblicas estables. Sin embargo, políticamente prematuras, muchas de nuestras repúblicas cayeron en una dramática inestabilidad institucional y en el gobierno de caciques, caudillos, dictadores y luego de líderes populistas. </p>
<p><strong>-Entre 1950 y 1990, el 45% de los cambios de régimen político en el mundo tuvo lugar en América Latina. En ese lapso, no hubo un solo país latinoamericano que no sufriera, por lo menos, un cambio de régimen, lo que además tuvo un costo socioeconómico devastador.<br />
</strong><br />
En 1700, tras dos siglos de colonización, el ingreso per cápita en América Latina continental era de 521 dólares, y en las colonias inglesas del norte de unos 527 dólares. </p>
<p><strong>Sin embargo, en 1870 el ingreso per cápita de Estados Unidos triplicó al latinoamericano y al año 2000 lo quintuplicó. El 2004, un escalofriante 41,8% de los latinoamericanos eran pobres y un 17,4% indigentes.</strong> </p>
<p>El crecimiento económico entre 1981 y 2003 fue de menos de un 1% anual, además, aparte de exiguo, el aumento del bienestar material fue distribuido injustamente. Así, casi doscientos años después de su  Independencia, América Latina era el continente con mayor desigualdad de ingresos y menor movilidad social, solo África al sur del Sahara la superaba en términos de estancamiento económico.</p>
<p>Pasemos a relativizar este negativismo diagnóstico, dando una nueva mirada al aporte de los cristianos en Hispanoamérica y del republicanismo en ella.   </p>
<p>Para salir de este laberinto de la inferioridad hecha soledad se requiere de una nueva mirada de nuestro pasado. Sobre todo requerimos revalorar el aporte del cristianismo en la cultura y desarrollo de nuestras historias. El cristianismo es  humanismo y mucho más que ello. Se basa en el principio moral fundamental que señala que cada ser humano tiene un  valor supremo e intrínseco. </p>
<p>Quizás quien mejor represente en Hispanoamérica esta vocación humanista es Bartolomé de las Casas. Nadie como él defendió a los indígenas en el “Indiano Orbe”. También tenemos el ejemplo de Vasco de Quiroga quien fundó pueblos-hospitales de Santa Fe en México y en Michoacán. </p>
<p><strong>Otra luminosa demostración de lo que hablamos  fueron  las misiones jesuitas en América Latina, verdaderas ciudades que se auto gobernaban y autoabastecían, que se les llamaba “tierras sin mal”. Fue tal el éxito de estas “misiones” que durante el siglo XVII tenían mejores formas de gobierno, economías más humanas y avanzada tecnología. Su éxito fue su maldición, pues los jesuitas fueron acusados de estar fundando su propio imperio y en 1759 serán expulsados de las colonias españolas. </strong></p>
<p>Se podrá criticar que derecho indiano y utopías cristianas quedaron solo en declaraciones formales. Sin embargo, tal crítica es empíricamente falsa. Además el argumento, siendo atendible, no se hace cargo de algo que resulta evidente para las filosofías constructivistas del siglo XXI. Con sus innegables exageraciones éstas nos enseñan la enorme eficacia performativa del discurso. La historia es una constante relectura de prácticas del pasado que se hacen discurso hegemónico. </p>
<p><strong>Además, a este humanismo de inspiración cristiana, igualitario, libertario y fraterno, debemos sumar un republicanismo de raíz hispana. En nuestras tierras había otra tradición dentro de la cultura hispana partidaria de la república, entendida como gobierno no despótico. </strong></p>
<p>Por ello, tras 1824, en Ayacucho, los latinoamericanos intentamos constituir el más amplio puñado de repúblicas modernas durante el siglo XIX. Esto último ocurrió prematuramente respecto de Europa, que vivía desde 1814 su restauración monárquica y,  más aún, de África, Asia y Oceanía. </p>
<p>Entre 1811 y 1830, diecisiete países latinoamericanos establecieron constituciones republicanas inspiradas en la constitución norteamericana de 1787.Acusadas de inmaduras y atrasadas, sin embargo, nuestras sociedades iniciaron un inédito proceso de experimentación política republicana, que no desarrollarían países como Alemania o Italia sino décadas después. <strong>Mientras Europa volvía a la monarquía, los hispanoamericanos sostuvimos que el poder se basaba en el pueblo.</strong></p>
<p>Así, a pesar de la violencia, el desacople entre ciudadanos convocados y votantes efectivos, el papel de los caudillos locales  y la exclusión social, a lo largo del siglo XIX en toda América Latina se realizaron elecciones regulares y frecuentes.  </p>
<p>Poco a poco los procesos electorales generaron partidos políticos y una opinión pública que se manifestaba a través de las asociaciones y la prensa periódica.<br />
<strong><br />
En suma, la democracia en América Latina no es un fenómeno venido de otras latitudes e implantado con grandes imperfecciones. La historia hispanoamericana daba cuenta de raíces autóctonas para sustentar regímenes republicanos.<br />
</strong><br />
Los latinoamericanos somos hijos de tres culturas que conforman tres realidades que se han fusionado generando un bellísimo mestizaje: indoamérica, iberoamérica y afroamérica, un continente de siete colores (Arciniegas). </p>
<p>La herencia hispanoamericana, no es autoritaria ni jerárquica.Los ideales democráticos griegos, las prácticas republicanas romanas y las utopías igualitaristas judías, hechas bases de una cultura occidental cristiana,  echaron también raíces en nuestros suelos. Entonces, hay motivo pues para la esperanza.</p>
<p>Octavio Paz escribía en su “Laberinto de la soledad” que<em> “quien ha visto la Esperanza, no la olvida… En cada hombre late la posibilidad de ser, o más exactamente, de volver a ser, otro hombre”. </em></p>
<p>A<strong>mérica Latina puede, debe y quiere ser más. Ello, es también tarea de los hijos de la esperanza: los cristianos.</strong></p>
<p><em>Leer versión extendida en:<a href="http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/09/1159.pdf"> http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/09/1159.pdf</a><br />
</em></p>
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		<title>La amistad en tiempos de Facebook</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2014 20:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[El libro de Adrián Torres El concepto de amistad en Cicerón es fácil de leer, nos acerca a la filosofía y trata de la anhelada pero esquiva amistad. Tres buenas razones para leerlo. Agrego tres más: exhorta a la amistad &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20140814161950/la-amistad-en-tiempos-de-facebook-2/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El libro de Adrián Torres <em>El concepto de amistad en Cicerón</em> es fácil de leer, nos acerca a la filosofía y trata de la anhelada pero esquiva amistad.  Tres buenas razones para leerlo. Agrego tres más: exhorta a la amistad en tiempos de utilitarismo, redes virtuales y política agonal que no se llevan nada de bien, aunque digan otra cosa.  </p>
<p>En esta obra se nos recuerda que la filosofía, en palabras de Epicuro,<em> “es una actividad que, mediante discursos y razonamientos, nos procura la vida feliz”</em>. De lo que se trata es de buscar esa verdad que nos enseña el bien vivir y el buen morir.  </p>
<p>Y , además,  reivindica la amistad en medio de nuestra modernidad capitalista, cosa nada fácil de hacer, recordando que ella es aquel lazo de benevolencia y afecto que une a los que comparten las mismas cosas divinas y humanas. </p>
<p><strong>Se trata de amor benevolente, es decir, de buena querencia, de querer el bien del amigo, por el solo hecho de serlo. A los amigos se les ama como cuerpo cierto, tal como son, en las buenas y en las malas, sobre todo en estas últimas. Los queremos no porque sean especialmente buenos, inteligentes o bellos. Los queremos porque son nuestros amigos. Los amigos son fieles, íntegros, iguales de ánimo, desprendidos y constantes. </strong></p>
<p>Cicerón nos exhorta perentoriamente a los conciudadanos a anteponer la amistad a toda cosa humana. ¿Simple ilusión en tiempos en que nos gobierna la economía, llamada ciencia lúgubre? </p>
<p>Es bien sombrío y lóbrego el creer que los seres humanos somos seres fríos que calculamos el máximo de beneficio con el mínimo esfuerzo y que debemos competir por bienes en un contexto de escasez. </p>
<p>Pues bien, Adrián Torres, con este texto, nos recordaría que Adam Smith, Karl Marx, J.M.Keynes y Frederich Von Hayeck, fueron todos filósofos, lo que nos debiera llamar a lo menos a meditar acerca de la economía que hoy nos rige. Esta es una ciencia humana llamada a ser humanista, como lo quisieron sus padres.  </p>
<p>Pero también, el libro reivindica  la amistad no sólo en tiempos de racionalidad instrumental y de modernidad capitalista. Lo hace además en tiempos de Facebook. </p>
<p>Como nos lo enseña Cicerón  la amistad a lo menos supone comunicación y afecto. Si la reducimos a la comunicación y ésta a la información, lo cierto es que las llamadas “autopistas de la información” traicionan su propósito. </p>
<p>En efecto, según el sociólogo Zygmunt Bauman, toda autopista llama a ser usada por rápidos vehículos, que al incrementarse en su número, la abarrotan, atentando contra su promesa original. Internet nos puede ofrecer mucha información, pero jamás garantizar lo que nos promete: la atención humana. </p>
<p>Es tal la saturación que produce tamaña cantidad de información que se aplica una verdadera ley de Gresham según la cual “la moneda mala desplaza a la buena”,<strong> la información más breve, superficial y simple es la que vence. Es el reino del tuit –140 caracteres- y la muerte de la información profunda.</strong></p>
<p>Las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones fallan en facilitar la comunicación, quizás acierta en ofrecernos una pasmosa facilidad para establecer contactos humanos, ¿pero nos provee de comunidad? </p>
<p><strong>Pues eso es lo que nos dice su propaganda: únase a la comunidad tal y cual. Y si ella lo agota, pues desvincúlese con un delete. Así se consuma el sueño del Don Juan, amante de intensa relación y rápida resolución. Autonomía individual y pertenencia comunitaria sin costo ni para la libertad individual ni para el bien común. ¿Es cierto esto? </strong></p>
<p>Bauman cree que no.<em> “Los usuarios de Facebook se jactan de hacer quinientos “amigos” en un día: más de los que he logrado hacer yo en 85 años de vida”. Sabemos que esos no son amigos. La amistad o perdura o no lo es. Epicteto nos enseñó que “el infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos”. ¿Qué clase de amigos son esos que tan pronto como llegan se van y cuando los necesitamos ni siquiera responden en el muro: “yo estoy aquí”?</em></p>
<p>Por otro lado, esta obra nos propone una última proeza que apenas insinúa: reivindicar la amistad en la política. Las palabras preliminares de su autor son estas:<strong> <em>“¿Cómo no añorar aquellos tiempos en que el valor de la palabra, el sentido de lo cívico, el reconocimiento de la virtud como un bien deseable, especialmente en hombres o mujeres que detentan altas magistraturas  en labores públicas?”</em></strong></p>
<p>Las palabras finales son estas otras:<em> “¿No resulta sintomático, acaso, el hecho de que los elementos constitutivos de la amistad, la benevolencia y la virtud sean condiciones de hombres sabios, siempre ligados a una actuación pública y, por ende, de servicio a la comunidad?”</em></p>
<p>Cicerón se remite a la vieja enseñanza aristotélica de la amistad cívica. El estagirita le enseñó a su hijo Nicómaco que…<em> “y cuando los hombres son amigos, ninguna necesidad hay de justicia, mientras que aun siendo justos necesitan además de la amistad, y parece que son los justos los que son más capaces de amistad”.</em></p>
<p>Adrián lo sabe porque lo vivió. Sin amigos, la política se convierte en el más despiadado juego del poder. Por el contrario, todo parece posible cuando se cuenta con amigos en la noble faena en pos de un mundo mejor. </p>
<p>Compañeros son los cum panis, los que comparten el pan. Los camaradas, más aún, comparten, la cámara, la comida y sí, la cama. Amigos son dos caminando juntos. Compartiendo lo público y lo privado. </p>
<p>Quien ha participado  en política sabe cómo ella es capaz de unir en las derrotas y en los triunfos; en las alegrías y en las tristezas en la tarea de la construcción del hogar público. <strong>Sin embargo, muchas veces el poder y/o el dinero hacen saltar por los aires bellas amistades. Los que resisten ante el dinero son débiles ante los honores.</strong> </p>
<p>La traición existe entre los amigos, pero, sin amigos la política se hace feroz, brutal, breve.</p>
<p>Hannah Arendt, filósofa  judía norteamericana que luchó contra los totalitarismos nazi y soviético, escribió, <em>“para la acción se necesita de amigos, no se puede actuar en solitario. Para gobernar es necesario dominarse a sí mismo, granjearse amigos y tener compañeros de gobierno”. </em></p>
<p>Entonces, por colaborar en la tarea de hacer de Chile una comunidad de amigos y no de enemigos enfrentados, las reflexiones del libro El concepto de amistad en Cicerón. ¿Un Ideal Que Hemos Perdido? no son sólo recomendadas, son necesarias en estos tiempos de utilitarismo, redes virtuales y política agonal.</p>
<p><em><a href="//www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/08/1154.pdf">Leer versión extendida en http://www.asuntospublicos.cl/wp-content/uploads/2014/08/1154.pdf</a></em></p>
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		<title>El “Nunca más” como cimiento de la reconciliación nacional</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 16:48:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada septiembre, durante el mes de la patria, los chilenos y chilenas aparecemos terminantemente divididos. El temor de no haber avanzado se extiende entre todos nosotros. Por ello algunos reclaman que la reconciliación no sólo no ha llegado, sino además &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20130905124855/el-nunca-mas-como-cimiento-de-la-reconciliacion-nacional/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada septiembre, durante el mes de la patria, los chilenos y chilenas aparecemos terminantemente divididos. El temor de no haber avanzado se extiende entre todos nosotros. Por ello algunos reclaman que la reconciliación no sólo no ha llegado, sino además que es imposible.</p>
<p>Si miramos nuestra historia, veremos que nunca hemos alcanzado la conciliación, la concordia y la paz. Por eso algunos prefieren evaluar nuestra actual situación a partir de los tres elementos de la justicia transicional: verdad, memoria y reparación.</p>
<p>Este es un debate que recorre todo el libro <em>“Ecos de la reconciliación”</em> editado por Hernán Larraín y Ricardo Núñez. Veamos, a partir de el, qué tanto hemos avanzado en estos tres ámbitos. Por otro lado, mirando el futuro, digamos en qué podría consistir ese “nunca más” que haga fuerte y duradera la promesa de vivir juntos en libertad, justicia y paz.</p>
<p><strong>Verdad, justicia y reparación</strong></p>
<p>En torno a la verdad partamos por recordar que fue Patricio Aylwin quien creó la Comisión Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig). Su labor fue reconocida internacionalmente. Por ello, Nelson Mandela creó una Comisión de Verdad y Reconciliación para tratar lo sucedido en Sudáfrica bajo el apartheid. Luego se han creado instancias similares en países tan distintos como Corea del Sur, Kenia o Perú.</p>
<p>Recordemos también la Comisión sobre Prisión y Tortura (Comisión Valech) que constituye uno de los pocos casos en el mundo que ha querido esclarecer este tema.Agreguemos que se creó el Instituto Nacional de Derechos Humanos y que el Presidente Sebastián Piñera ha pedido crear una subsecretaría en esa área.</p>
<p><strong>Sin embargo, la herida de los detenidos desaparecidos sigue abierta al no saberse el paradero de todos ellos.</strong> Otros cuestionan que se ha ido imponiendo una “verdad oficial” que calla las causas del golpe de Estado que permiten comprender, no justificar, el odio desatado tras el 11 de septiembre.</p>
<p>En materia de justicia, según el Programa de DD.HH., al 30 de septiembre de 2012 hay treinta Ministros de Corte de Apelaciones asignados a la tramitación de procesos que ascienden a 1.268.Un total de 814 personas están procesadas y hay 257 condenadas.</p>
<p>Las condenas son pocas y en general leves, pero se trata quizás del país con <em>“la más completa respuesta judicial respecto a las graves violaciones a los derechos humanos”</em>, según lo afirmó el año 2012 el Grupo de Trabajo sobre Desaparición Forzada e Involuntaria de las Naciones Unidas.</p>
<p>De los 61 agentes estatales que hoy cumplen con penas de presidio, 33 provienen del Ejército, 25 de carabineros, 2 de la fuerza área y 1 de la armada. Sectores ligados al mundo castrense han señalado que no es justo que los únicos detenidos sean militares.</p>
<p><strong>Otros reclaman en contra de los excesivos privilegios de estos condenados.Quizás el efecto más demoledor en contra de la justicia es que Chile no fue capaz de juzgar y condenar al General Pinochet, por lo que la sensación de vivir en un país que aceptó la impunidad es extendida (Primera Encuesta Nacional del Instituto Nacional de Derechos Humanos 2011).</strong></p>
<p>En materia de reparación, se ha creado la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación.</p>
<p>Se han diseñado planes y programas que permiten el acceso a justos beneficios sociales a las víctimas de las violaciones a derechos humanos o a sus familiares.</p>
<p>Eso sí, ha habido cuestionamientos a los excesos en políticas de apoyo a los retornados y exonerados, como también se reclaman políticas de reparación a las víctimas de tortura.</p>
<p>Ha habido momentos de gran valor simbólico, como el “Nunca más” del entonces Comandante en Jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre o el homenaje que hizo el Ejército a Carlos Prats, con la presencia de sus familiares.</p>
<p>Como formas de memoria y de reparación simbólica se han construido el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, el Parque de la Paz en Villa Grimaldi o el Muro de los Nombres en el Cementerio General, todos ellos en Santiago. Cada cierto tiempo se reabren las heridas.</p>
<p>Paradigmático de ello fueron la detención de Augusto Pinochet en Londres y los debates tras su muerte.</p>
<p>Tras este somero análisis, sinceramente creo que cualquier observador imparcial podrá ver todo lo que hemos avanzado en materia de justicia transicional, con respecto al año 2003 o en relación a países que han vivido experiencias similares.</p>
<p>Quizás para que nunca más vuelvan a ocurrir las violaciones a los derechos humanos sea central que la ciudadanía considere en un<strong> 81,3% que los derechos básicos de las personas se violaron brutalmente bajo la dictadura militar</strong> (Encuesta Nacional del Instituto Nacional de Derechos Humanos del 2011).</p>
<p>Por ello un 73% de los encuestados reclamaba un “mea culpa” por parte de quienes las apoyaron (CERC diciembre 2004). Un 76% considera que Augusto Pinochet fue un dictador (CERC 2013).</p>
<p>Además, siguiendo a José Zalaquett, surge un cuadro más optimista si definimos la reconciliación en términos de reencuentro democrático, de recuperación de ciertas formas democráticas de convivencia social y política, donde todos cuenten con una igual dignidad, donde se haga imposible la regresión autoritaria y donde la víctima pueda relacionarse con sus agresores sin temor.</p>
<p><strong>La reconciliación en términos psicológicos y éticos supone perdonarnos, renunciando al odio, a la venganza y a la violencia, no a la memoria, ni a la justicia ni a la verdad.</strong></p>
<p>De hecho, tanto a nivel de la sociedad civil como de los poderes del Estado, en todo momento, se juntan a conversar y acordar personas que estuvieron y están en uno y otro bando respecto al Golpe de Estado.</p>
<p>Si por perdón entendemos renunciar al odio social o político, creo que hoy estamos mucho más reconciliados que en diciembre de 1989. Para avanzar más en este camino de reconciliación nacional en democracia soy de quienes añoran una nueva Constitución que exprese este reencuentro de los chilenos y chilenas, sin el horror de las violaciones a los derechos humanos y el miedo a la violencia política.</p>
<p>Que el Congreso Nacional vuelva a sesionar en su antigua sede sería signo visible de recuperar plenamente nuestra tradición republicana, lo que nos recuerda que el vivir en un país en justicia y paz es siempre una tarea inacabada. Pues la reconciliación no sólo es cosa de reencontrarnos con el pasado; lo esencial es abrirnos al futuro.Sin “nunca más”, no habrá reconciliación.</p>
<p><strong>Nueve compromisos para “Nunca más” duradero</strong></p>
<p>Si recordamos, hacemos justicia y reparamos lo que hicimos mal en el pasado es para mirar el futuro con nuevos ojos. Hoy por hoy muchos se molestan con tanto programa televiso y radial que vuelve sobre el pasado. Sin embargo, ello es positivo pues los pueblos, como las personas, deben saber de dónde vienen para saber hacia dónde van.</p>
<p>Es valorable pues la memoria es una facultad humana única. El recordar nos invita a agradecer lo que hemos recibido de esta vida, pedir perdón por lo que hemos hecho de malo, aprender de nuestros fracasos y de nuestros éxitos. El hombre y la mujer no están condenados a “tropezar dos veces con la misma piedra”.Por eso este mes de la Patria es más importante que nunca.</p>
<p>Se cumplen cuarenta años de un hecho que nos sigue dividiendo. Mal que mal, entre tableteo de metralletas, estruendos de cohetes, llamas y humo un Presidente de Chile se suicidó y una de las democracias más antiguas del mundo se desplomó.<strong>Y derrotado el Estado de Derecho vinieron las violaciones sistemáticas a derechos tan elementales como los de la vida, la integridad física y moral de las personas.</strong></p>
<p>Otros países han vivido los quiebres de sus democracias. La Alemania de Weymar previa a Hitler, la Italia parlamentaria previa a Mussolini, la España republicana previa a Franco, la Checoslovaquia democrática previa a Stalin son parte de una infinidad de países que vivieron la desgracia que en Uruguay y en Chile experimentamos en 1973.De estas dolorosas experiencias la ciencia política ha extraído ciertas lecciones.</p>
<p>Es la base del <em>“Nunca más”</em>. Si volvemos la mirada a 1973 diremos que hemos aprendido que:</p>
<p>1.- Debemos siempre rechazar el ser parte activa de conflictos ideológicos mundiales que dividen a naciones como la chilena en una guerra que no es la nuestra.Las democracias de los países como el nuestro, pequeñas y desarrollo intermedio, difícilmente sobreviven cuando hay un poder externo imperial que decide su intervenir. Nunca más KGB y CIA entre nosotros.</p>
<p>2.- Debemos estar muy atentos al reinicio de una cultura de la intolerancia y de la descalificación de nuestros adversarios. La esencia de la política es la capacidad de diálogo y de compromiso entre adversarios. Lo otro es la guerra. Cuando en Chile empezamos a creer que había chilenos antipatriotas o prescindibles, la suerte de la democracia empezó a oscurecerse.<strong>Nunca más partidos, sindicatos, gremios y medios de comunicación social que “juntan odio” para derrotar al “enemigo interno”, al “contra-revolucionario” o al “antipatriota”.</strong></p>
<p>3.- Por lo mismo, debemos rechazar rotundamente la violencia verbal, que es la antesala de la violencia política y la de las armas. <strong>El garabato, la grosería y el ataque personal artero, sobre todo en la prensa escrita, parten por divertirnos.Pero al poco andar, cuando se dirigen en contra de nuestros líderes o personas queridas, nos gustan bastante menos.</strong> Y así es muy fácil caer en la escalada que parte en el insulto, pasa a los puños y termina en la violencia en las calles. De la destrucción psicológica y moral del adversario se pasa a su anulación política, jurídica y, finalmente, física.Es la escalada totalitaria.</p>
<p>4. – La democracia sólo vive en el respeto del Estado de Derecho.Es decir, cada uno de los actores debe asumir un inviolable compromiso público de emplear sólo los medios legales para llegar y mantenerse en el poder y rechazar el uso de la fuerza y las vías de hecho.Por ello jamás apoyar o realizar acciones conjuntas con organizaciones manifiestamente antidemocráticas, que practican la violencia o desarrollan la desestabilización vía huelgas expresamente anti régimen democrático.</p>
<p>5.- En particular, jamás se debe buscar apoyo político en los militares.Ellos son por definición actores que deben mantenerse al margen del conflicto político, ideológico y partidista.<strong>Cuando las Fuerzas Armadas dejan de ser controladas por el poder civil, la democracia se acaba</strong>. Y cuando las Fuerzas Armadas entran o son empujadas a entrar al conflicto político se abren los abismos de la guerra civil o del golpe de Estado.</p>
<p>6.- En otro sentido jamás se deben politizar instituciones como son la Contraloría General de la República, el Tribunal Constitucional y los Tribunales de Justicia. Ellos deben ser órganos de control y jurisdiccionales que deben declarar el Derecho no sometidos a presiones ni injerencias indebidas de ningún poder particular. Y cuando dictan sentencia, sus resoluciones deben ser respetadas.</p>
<p>7.- Por muy enconada que sea la lucha política y aunque los que están en el gobierno crean sinceramente que sus objetivos son nobles y miserables sus adversarios, jamás debemos caer en la política de promover restricciones a las libertades públicas y civiles de nuestros contradictores y de la ciudadanía. Atacada la diversidad de opiniones, silenciada la voz opositora, no sólo violamos derechos civiles y políticos elementales, sino que además corremos el riesgo de conducir al país y nosotros mismos al despeñadero al que normalmente conduce la arrogancia.</p>
<p>8.- La democracia, más allá de sus resultados socioeconómicos, tiene un valor en sí mismo. Se resuelven pacíficamente nuestros conflictos a través de la voz y el voto igualitarios, se respetan los derechos civiles y políticos de todos y la libertad entendida como autogobierno se practica.Desde esta sólida base, y sólo desde allí, podrá existir un crecimiento económico sustentable en el tiempo y equitativo.</p>
<p>9.- En virtud de lo anterior, cuando un gobierno vive una crisis que compromete el sistema político, la seguridad nacional o aspectos centrales de la vida económica, la oposición debe ofrecer su apoyo aunque ello signifique pérdidas electorales de corto plazo.</p>
<p>Aquí se presentan lecciones políticas que otros pueblos y, espero también Chile, han aprendido de sus quiebres democráticos. Sin embargo, lo esencial no está dicho. ¿Y qué es lo esencial?La noción de Patria, de nación, de historia común y proyecto común.</p>
<p>Si ponemos el interés general, el bien común, por encima de cualquier otro interés particular es porque creemos que Chile merece nuestro mejor esfuerzo y nuestros más altos sacrificios.</p>
<p>Cuando tomamos conciencia que aquí nacimos y que aquí queremos ser enterrados surge esa solidaridad con todos lo nuestro y los nuestros.</p>
<p>Pensamos distinto y tenemos intereses distintos, pero nos sabemos en un mismo y pequeño barco en medio de las tempestades de la humanidad. Y aquí no hay chilenos privilegiados y otros miserables.</p>
<p><strong>No puede haberlos pues cuando una nación desprecia a uno de los suyos, actúa como si sobraran connacionales, entonces la democracia, que es el gobierno del pueblo, más temprano que tarde se quiebra.</strong>Celebrar el Mes de la Patria es para esto.</p>
<p>Este es el mes en que recordamos que Chile participó en una revolución continental que puso término a las monarquías, y sentó los cimientos de la república y de la democracia. Y es el mes que nos recuerda lo difícil que es alcanzar tan alto propósito.El mes de la Patria es esto o simplemente es una conmemoración sin sentido más que el festivo.</p>
<p>Lo que proponemos es celebrar siempre, en este mes de la patria, un país reconciliado en la verdad, la justicia y la reparación; y que estas bellas realidades sean la base de un indestructible consenso en torno a la república democrática que aspiramos todos juntos construir hace más de doscientos años.</p>
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		<title>La reconciliación nacional, el perdón y las religiones</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Sep 2013 13:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy se debate si corresponde o no a hablar de reconciliación nacional. Hay quienes se oponen pues consideran que la voz reconciliación tiene una connotación religiosa difícil de aceptar en el espacio público de una sociedad secular.Más aún si la &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20130903090027/la-reconciliacion-nacional-el-perdon-y-las-religiones/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy se debate si corresponde o no a hablar de reconciliación nacional. Hay quienes se oponen pues consideran que la voz reconciliación tiene una connotación religiosa difícil de aceptar en el espacio público de una sociedad secular.Más aún si la restauración de la armonía entre los chilenos pasa por el perdón que homologan con el olvido y con la renuncia al derecho que tiene la sociedad a castigar al victimario.</p>
<p>Otros creen que en la medida en que la reconciliación incluya el perdón, debe desecharse por la eventual e inaceptable coerción que significa contra las víctimas, quienes ahora serían culpables de no querer perdonar, dejándose conducir por un sordo resentimiento y afán de venganza, lo que impediría que el país supere “las odiosidades del pasado”.</p>
<p><strong>¿Qué podemos decir? Que el perdón no supone ni olvido ni implica necesariamente renunciar al castigo del victimario. Sin perdón, no habrá acción política poderosa entre los chilenos y las chilenas.</strong></p>
<p>Respecto de la reconciliación y el perdón las religiones son bastante plurales.</p>
<p>Veamos tres ejemplos: cristianos, judíos y budistas. Muchos identifican el cristianismo como la religión del perdón incondicional. Se nos vienen a la memoria eso de poner la otra mejilla, el orar por los que te persiguen, el amar a los enemigos, el entregar la capa a quien te demanda la camisa o el perdonar setenta veces siete.</p>
<p>Incluso se homologa perdonar con olvidar, pues Jesús pidió que los muertos fueran enterrados por los muertos, pues no se debía poner la mano en el arado para mirar atrás y quedar como estatuas de sal, obsesionados con el pasado. Pero Jesús pide perdonar a quienes a “nosotros” agreden, del mismo modo que en el Padre Nuestro se reza<em> “perdónanos así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.</em></p>
<p>No se trata de andar perdonando por otros, ni de exigirles a los ofendidos que perdonen.</p>
<p>Además, hay ciertos pecados contra el Espíritu Santo que son imperdonables (Marcos 3:29) y otros que de haberlos cometido más nos vale ponernos una piedra en el cuello y lanzarnos al mar (Lucas 17:2).</p>
<p>El perdón no deroga el mandato de resistirse al mal con el bien; por el contrario.Tampoco el perdón cristiano impone la amnesia, pues si así fuese llegará el día en que se cometan atrocidades aún peores por haberlas olvidado, y lejos de desterrar el mal, trabajaremos para su propagación. <strong>Si una misma persona me ha robado tres veces, es bastante tonto, injusto e imprudente, perdonarla para volver a ser engañado por ella.</strong></p>
<p>¿Qué decir del budismo y su ética supra terrenal? El Dalai Lama, en un diálogo con Simón Wiensenthal, el gran justiciero en contra de los asesinos nazis, ha dicho que se debería perdonar a quienes han cometido atrocidades contra la humanidad. Y agrega que ello lo hace una práctica personal respecto de la invasión china que él calcula ha producido la muerte de un millón doscientos mil tibetanos desde 1949 (un cuarto de la población de su país).</p>
<p>Pero eso no le impide seguir luchando por mantener viva la cultura budista de la no violencia y la piedad. (Uno se siente tentado en decir que gracias a personas como el Dalai Lama, el budismo seguirá siendo una tradición poderosa, no débil).</p>
<p>Por el contrario, hay ciertas corrientes del judaísmo que señalan que el perdón no procedería en ciertos casos, porque ni el mismo Dios puede perdonar mientras el victimario no se arrepienta y pida perdón. Por ello, hay delitos que son imposibles de perdonar, pues los asesinados no lo pueden otorgar.</p>
<p>De las reflexiones anteriores podemos primero llamar a teólogos, filósofos y psicólogos a participar en este debate de la mayor importancia personal, familiar y política para todos los chilenos y chilenas.Soy de los que creen que las religiones pueden y deben aportar mucho en las sociedades seculares. Esta es una demostración de ello.</p>
<p><strong>Lo segundo es recordar que de acuerdo al actual Derecho Internacional perdonar no puede significar el olvido ni la renuncia a castigar cuando se trata de delitos de lesa humanidad cometidos por agentes del Estado, pues aquí sólo cabe evitar la impunidad. Se trata de delitos que no se pueden amnistiar.</strong></p>
<p>En tercer lugar, el perdón puede concebirse como la renuncia al odio y al rencor; pero sin olvidar el pasado, sin derogar los crímenes, ni faltar a la fidelidad con las víctimas.</p>
<p><strong>Algunos han perdonado, renunciando al derecho a pedir castigo, como Anita Fresno y Bernardo Leigthon. Otros, como los familiares de detenidos desaparecidos, buscan incansablemente justicia y castigo penal, pero sin pedir contra los victimarios el mismo trato que recibieron sus deudos, renunciando al <em>“ojo por ojo, diente por diente”.</em></strong></p>
<p>Ambos son ejemplos del perdón como la renuncia al odio. Para luchar contra el mal, no necesitamos odiarlo. Para recordar el pasado, no necesitamos de la ira.</p>
<p>Finalmente, sin pedir y dar el perdón no hay acción política poderosa. Como ha dicho Hannah Arendt, judía víctima de la persecución nacional socialista, <em>“sin ser perdonados, liberados de las consecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad para actuar quedaría, por decirlo así, confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos; seríamos para siempre las víctimas de sus consecuencias, semejantes al aprendiz de brujo que carecía de la fórmula mágica para romper el hechizo”.</em></p>
<p>Sin pedir y obtener el perdón por la responsabilidad política que nos cabe a los chilenos y chilenas -de derecha, centro e izquierda- en el quiebre de la democracia y sin la promesa de que nunca más volveremos a usar la violencia ni violar los derechos humanos para dirimir nuestros conflictos políticos, no podremos actuar en conjunto de la manera como necesitamos y debemos hacerlo.</p>
<p>Por ello, <strong>la reconciliación, hecha de perdón y de la promesa del “nunca más”, es la base de la acción poderosa que necesita Chile para realizar una política de gran envergadura que lo lleve a la paz fundada en la justicia.</strong></p>
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		<title>Democratacristianos, unidad y dignidad en la derrota</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jul 2013 20:14:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>La Democracia Cristiana es un partido político que encauza a cientos de miles de personas que creen en un humanismo de inspiración cristiana, que promueve la reforma social a través de la democracia política.Hoy puede y debe contribuir a un cambio político, que enfrente la doble crisis de distribución por los frutos del crecimiento económico y de representación política que hoy golpea a la sociedad chilena. Nos parece que ese es el reclamo movilizador de las grandes mayorías que protestan en las calles o han votado masivamente por la centroizquierda.</p>
<p>Es cierto que la Democracia Cristiana ha sufrido una fuerte derrota electoral, pero ella sólo se ahondará si se le suma una nueva querella interna irreflexiva y mezquina.</p>
<p>Para nosotros lo ocurrido el día domingo 30 de junio del 2013 es fruto de la incapacidad reiterada de una comunidad política de tomar decisiones razonables y de aplicarlas con seriedad. Si alguien cree que aquí hay un solo responsable, y que de ser sancionado todos los errores comunitarios serán expiados, a nuestro juicio, se equivoca y mucho.</p>
<p><strong>La Democracia Cristiana era y es un partido cuya votación gira en torno al 16 por ciento de los votos. Por ende para contribuir a crear gobiernos de mayoría por el cambio social y político demandado, debe ser parte de una coalición mayor.</strong></p>
<p>Así su tarea era y es contribuir a crear esa mayoría, dotada de una plataforma programática tan justa como viable y que obtenga un respaldo claro en las elecciones parlamentarias, poniendo fin a la democracia bloqueada que vivimos.Esta es una tarea muy difícil, no sólo por la existencia de un sistema electoral binominal.</p>
<p>Por esta razón, la Democracia Cristiana tiene un pacto programático con la Concertación de Partidos por la Democracia y una alianza estratégica con el Partido Socialista de Chile.</p>
<p>Hasta ahora nos han unido los éxitos y fracasos de los gobiernos de Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende y la experiencia de diecisiete años de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.</p>
<p>Nos llenan de orgullo veinte años de gobiernos concertacionistas y sus insuficiencias nos invitan a trabajar más. Nos alegra que incluso en la derrota del 2010 nos hayamos mantenido unidos y no hayamos cedido a la tentación de la diáspora o cambios de coalición. Hasta hoy, no nos avergüenza esta historia y esta alianza.</p>
<p>Es en este marco global desde el que debimos haber mirado con la debida prudencia la reiteración del positivo dato que en abril del 2012 mostraba a Michelle Bachelet marcando el 51 por ciento de intención de votos en la encuesta CEP.</p>
<p><strong>En esa misma encuesta, las dos personas que habían manifestado su intención de ser precandidatos presidenciales por la Democracia Cristiana prácticamente no aparecían. Sin embargo, se impuso la idea que era el momento de mostrar coraje. Que apoyar a Michelle Bachelet era desdibujarnos doctrinaria y políticamente. Se agregó que apareceríamos como un partido oportunista.</strong></p>
<p>Nada mejor que una campaña presidencial para difundir un mensaje y fortalecer un partido. Incluso se nos dijo que favorecería a la propia candidatura de Michelle Bachelet quien así sería elegida por el pueblo y no por un conciliábulo político.</p>
<p>Por último, pero no menos gravitante, algunos creyeron que esta era la forma para proyectar un nuevo liderazgo para el 2018. Lo decimos con claridad: fue tal la contundencia del empuje de los precandidatos presidenciales y de estos argumentos que nunca se votó en una Junta Nacional la conveniencia de levantar una candidatura democratacristiana el 30 de junio del 2013 ,dado que se  apoyó casi por unanimidad.Esto deben evaluarlo quienes reclaman hoy que la directiva nacional debe asumir sus responsabilidades que, por cierto, las tiene.</p>
<p><strong>Hay, entonces, una responsabilidad política colectiva y que, por lo mismo, debe ser asumida por todos. Faltó haber reflexionado, deliberado y decidido de mejor manera una estrategia política, que terminó llevándonos a una derrota que era completamente predecible, aunque no en las magnitudes porcentuales que se produjo, dado el alto número de votantes en la primaria opositora.</strong></p>
<p>Además, hay una responsabilidad mayor que debe ser evaluada en el momento y a través de los procedimientos pertinentes. Estuvimos casi un año, entre marzo del 2012 y enero del 2013, discutiendo quién era el mejor candidato y candidata para asumir tan difícil desafío electoral.</p>
<p>No sólo perdimos meses valiosos, sino que además empezaron a aparecer divisiones -incluso doctrinarias- que se siguen enrostrando públicamente con escaso sentido de la oportunidad.</p>
<p>Esas diferencias, por cierto, poco tenían que ver con las prioridades políticas y socioeconómicas de un pueblo que reclama un cambio de gobierno. Una y otra vez, con humildad pero argumentadamente, les dijimos a nuestros camaradas que habían decidido presentarse de precandidatos en tan desfavorable cuadro, que como mínimo, se imponía que este fuese un acuerdo de todos. Que a lo menos esta decisión los uniera a ellos dos y a sus más directos colaboradores.</p>
<p>Recordamos el trabajoso acuerdo entre los parlamentarios que apoyaban a Eduardo Frei M. y Radomiro Tomic R. a principios de los años sesenta del siglo pasado. De esa alianza se logró que un partido unido llevara a la victoria al primero y cuando al segundo le correspondió perder, fue con tal mística que tuvimos partido por treinta años más. Lo anterior no se hizo, y dos comandos creyeron que lograrían no sólo imponer una estrategia, sino que un candidato y un programa que nacía indefectiblemente marcado por la división. Así, las divisiones continuaron.</p>
<p>A pesar de todo lo dicho, nos sorprendimos gratamente cuando votaron 60 mil personas en las primarias de la Democracia Cristiana. Claudio</p>
<p>Orrego fue elegido nuestro candidato y una comunidad política debía apoyarlo con todo. Tenía apenas cinco meses nominales para superar una muy adversa y reiterada intención de votos. Sin embargo, nuevamente se impusieron las querellas internas.</p>
<p><strong>Ahora el problema fue quién dirigiría el partido en un año vital. En esa disputa estuvimos tres meses. Acabamos en una estrecha elección interna, que fue dirimida por escaso margen. Un partido casi dividido por la mitad se enfrascó durante semanas en otra amarga disputa por la integración de la mesa nacional, cuya renuncia algunos ahora piden tras una derrota electoral que todos sabíamos sufriríamos.</strong></p>
<p>En el cuadro anterior ¿alguien puede creer que podíamos aspirar a un resultado electoral distinto al obtenido? Pero, lamentablemente, no hay peor ciego que el que no quiere ver, cegado por la pasión y por el afán de reclamar responsabilidades a los otros.</p>
<p>Hay quienes creen que la derrota electoral se produjo por el discurso de Claudio Orrego.Acusan a su campaña de centrista y conservadora.Sostienen que un discurso más liberal, abierto a los cambios culturales, y un centrismo más progresista en materias socioeconómicas, representativo de políticas socialdemócratas, nos hubiera llevado a un mejor resultado. Curiosamente, lo dicen algunos que desde la primera hora dijeron que estaban con Michelle Bachellet.</p>
<p>Como carecen de mesura, no perciben que el sólo hecho que estemos discutiendo en estos términos, demuestra la magnitud de la derrota doctrinal en la mente de varios de nuestros dirigentes y cultural ante la ciudadanía. Electoralmente está por probarse, si el grueso de los más de dos millones de votantes en la primaria opositora lo hicieron para dirimir un conflicto “conservador–liberal”, que en todas las democracias es de derecha, como en Estados Unidos, donde no hay izquierda.</p>
<p><strong>Lo decimos con total franqueza y a riesgo de molestar a muchos: la Democracia Cristiana no es conservadora porque sea liberal, sino porque es comunitaria y no es centrista porque sea socialdemócrata sino porque es socialcristiana.Reclamarle a Claudio Orrego que no haya sido liberal o no haya apoyado el matrimonio entre personas del mismo sexo es faltar gravemente a lo que la unanimidad de la Democracia Cristiana dijo ser en su último Congreso Nacional.</strong></p>
<p>Como es obvio, esas definiciones están hoy formalmente vigentes. Si hay quienes legítimamente creen que esos acuerdos deben cambiarse, eso no se hace a través de una precandidatura presidencial o de entrevistas marcadas por el dolor de la derrota.</p>
<p>Seamos claros, siempre es triste el ver que todos se declaran generales después de la batalla. Peor es hacer leña del árbol caído. Más si la derrota se dio tanto en distritos electorales de parlamentarios que apoyaron a Claudio Orrego como de quienes apoyaron a Ximena Rincón. La derrota es de todos. Echarle la culpa a los otros, no sólo es un error político por inoportuno y parcial, sino que también hacer errado análisis electoral.</p>
<p>Sin embargo, hay un punto que debemos reconocer en quienes hoy piden renuncias y autocríticas. Obviamente, hay una primera –pero no única- responsabilidad política en Claudio Orrego y en la mesa que dirige Ignacio Walker. Ellos dirigieron este proceso. De ambos sólo esperamos magnanimidad y gestos que nos unan a todos.</p>
<p><strong>De una directiva nacional integrada sólo esperamos que convoque al conjunto del partido en las tareas inmediatas: integración a la campaña presidencial, construcción de una plataforma programática, regional y parlamentaria que genere una mayoría nacional en torno a Michelle Bachelet. Es lo que Chile espera de nosotros.</strong></p>
<p>La derrota de Andrés Zaldívar en las primarias contra Ricardo Lagos, la confianza excesiva de los ganadores y la crisis posterior de la Democracia Cristiana casi llevan al triunfo de Joaquín Lavín en primera vuelta. Eso se evitó por apenas unos 39 mil votos.</p>
<p>Intentar realizar en estos meses una nueva elección de mesa nacional de la Democracia Cristiana sólo nos llevará a querellas internas y a restarnos de las tareas prioritarias. Lo que se espera de nosotros no es mucho: aprender de los errores, unirnos en la derrota, apoyar a la vencedora para que alcance sus objetivos en noviembre que deben ser los nuestros.</p>
<p>Condición imprescindible de lo anterior es, como escribió Weber hace casi un siglo, pasión y mesura. Utilizar el corazón pero también la razón.</p>
<p><em>Co autor del Artículo es nuestro columnista, abogado y cientista político, Eduardo Saffirio</em>.</p>
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		<title>Vamos todos juntos a votar</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Jun 2013 22:35:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Espero nunca olvidar esa pareja de ancianos que cruzaban la calle Chacabuco de Concepción, rumbo a su recinto de votación. Era el mediodía del 5 de octubre de 1988.Para mí era la primera vez que votaría, para esos ancianos quizás la última. Me impresionó hondamente su indumentaria. Vestían con gran dignidad unos humildes trajes de domingo. El caballero de corbata y terno gris, ella de vestido largo. Iban a participar en una ceremonia republicana y se habían vestido y preparado para ello.</p>
<p>Desde los albores de nuestra nación nuestros antepasados han hecho votos pidiendo la bendición divina o en expresión de gracias. Los Libertadores hacían solemne profesión de votos al iniciar cada campaña militar. Y consolidada nuestra república, los chilenos se habituaron a resolver sus conflictos y diferencias mediante el voto libre, secreto y crecientemente universal.</p>
<p>Quienes hablan mal del acto de votar y ensalzan la abstención cometen un grave error. Pues decir nuestro dictamen mediante la silenciosa voz de nuestra conciencia que se convierte en un voto constituye un acto de inapreciable valor civilizatorio, civil, cívico. Se trata de un instrumento central de nuestra historia republicana y democrática. Detrás del sencillo expediente de depositar una papeleta marcada en una urna se escoden conquistas inapreciables de la humanidad.</p>
<p><strong>En primer lugar cuando votamos contamos cabezas y no cortamos cabezas.Esto parece central. Por muy graves que sean nuestras diferencias en intereses e ideas, al votar nos reconocemos como seres humanos todos dignos de igual respeto.Nada de excluir personas, violentando cuerpos y/o conciencias.</strong></p>
<p>El poder político no reside en última instancia en el dinero ni en el fusil, sino que en la unión del mayor número y más intensa posible de ciudadanos que se conciertan a través de grandes palabras y grandes hechos. No es raro que los que creen en la violencia política o en la acción directa llamen a no votar o pongan problemas a las elecciones.</p>
<p>En segundo lugar, <strong>en una sociedad tan marcada por profundas desigualdades sociales, étnicas, sexuales, territoriales y etáreas, el voto nos hace iguales aunque sea por una vez cada cuatro años. Porque el rico y el pobre, el hombre y la mujer, el viejo y el joven, el de Santiago y de la provincia, el mestizo y el mapuche valen lo mismo cuando se trata de votar. ¿Hay algo más igualitario que esto en nuestra sociedad de privilegios, clases y grupos?</strong></p>
<p>Finalmente, el voto nos recuerda lo subversiva que es la democracia. Pues ella subvierte el viejo principio que decía que el poder venía de arriba, que algunos nacían para gobernar y otros para servilmente obedecer. Mediante el voto las cosas se ponen en su lugar. Nada menos que los que aspiran al máximo cargo republicano deben recurrir al apoyo de cada ciudadano pues el poder reside en el pueblo.</p>
<p>Así redescubrimos que ser libre no sólo es hacer lo que quiera con mi vida con tal de no afectar el mismo derecho del vecino. <strong>Sólo soy  libre cuando mi libertad se encuentra y se suma a la del otro y juntos conformamos una comunidad independiente que se auto gobierna. En ella, si alguien quiere ser autoridad, que venga a solicitarlo al más humilde de los ciudadanos.</strong></p>
<p>El próximo domingo 30 de junio, por primera vez en nuestra historia, a través de primarias legales elegiremos a nuestros candidatos presidenciales. A nivel comparado, en estas instancias que son voluntarias, vota un promedio de un 10% de los inscritos en los registros electorales.</p>
<p>Por ende, el próximo domingo debieran votar alrededor de un millón trescientas mil personas. Todos los candidatos a presidentes pudieron haberse inscrito. En la oposición van candidatos socialistas democráticos, socialcristianos, radicales, y liberales que son apoyados desde comunistas hasta partidarios del libre mercado. En las filas del gobierno van dos significativos y muy representativos candidatos de sus dos grandes organizaciones partidarias. La oferta política está servida.</p>
<p><strong>¿Por qué no ir a votar? ¿Qué poco o nada cambiamos con el voto? Menos cambiarán si nos quedamos en casa. Tras las elecciones municipales del 2012 y ese millón y medio de chilenos que no fueron a votar, ¿alguien cree que los alcaldes así elegidos tienen hoy menos poder que antes o que los partidos políticos dejaron de levantar sus candidatos y plataformas con menos fuerza?</strong></p>
<p>Al revés que en el mercado, en que el consumidor que no compra perjudica al productor, aquí es el ciudadano el que pierde, pues al representante popular no le disminuyen sus prerrogativas constitucionales para gobernar si votaron más o menos por él.</p>
<p>Más aún, estos tendrán menos gente que representar en sus acciones diarias. ¿A quiénes? A sus electores, obviamente les dirán. A los que votaron por ellos; no a los que no lo hicieron. Sólo cuando hay enormes procesos de abstención y graves crisis sociales y políticas el no ir a votar se puede transformar en poderosa arma de cambio, aunque no siempre democrático.</p>
<p>Los que quieran que siga gobernando la Alianza, que vayan a votar. Si la oposición atrae muchos más votantes, lo que dicen las encuestas se sumará a los ratings televisivos de los debates opositores y la derecha sufrirá otro golpe.</p>
<p>Del mismo modo, los que creen que el gobierno de Sebastián Piñera no ha sido bueno; los que recuerdan las protestas del 2011 y la abstención del 2012 harían bien en ir a votar por la oposición para lograr un cambio mayoritario. La principal fuerza de ella es el voto, no el dinero ni el control de los medios de comunicación social.</p>
<p>Si la oposición no gana abultadamente, las estructuras político-constitucionales y socioeconómicas tendrán aún más poder de veto a los cambios que se proponen por los candidatos opositores. Si hay muchos, opositores y gobiernistas, que nos les gustan los candidatos presentados recuerden que en política normalmente se vota más por el mal menor, que por gozosa elección. Si nos cuesta elegir la pareja deseada, la carrera ideal, el equipo de fútbol de nuestros sueños o la iglesia de nuestra fe, no le pidamos a la política una perfección propia de sabios o santas.</p>
<p>Los que quieran evitar las polarizaciones políticas o graves distorsiones representativas de nuestra democracia, sepan que entre más vote la ciudadanía el próximo domingo, más surgirá esa noche un resultado que se parezca al Chile real y no al de las diferencias siderales entre lo que quiere la gente y lo que debaten, dicen y proponen sus representantes políticos.</p>
<p><strong>En suma, grave error cometen los que desprecian el sobrio acto de votar. Y, por el contrario, esa pareja de ancianos del mediodía de octubre de 1988 nos recuerdan que el votar es un derecho y un deber propio de los hombres y mujeres tan dignos como libres.</strong></p>
<p>Vamos todos juntos a votar el domingo 30 de junio. No perderemos nada más que un poco de tiempo de nuestra vida y, por el contrario, ganaremos en igualdad, paz, libertad y dignidad cívica.</p>
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		<title>Teoría y práctica</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Dec 2012 11:47:30 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el Partido Comunista celebra sus cien años de existencia, se encuentra sometido al mismo dilema que lo desveló en 1970. ¿Qué hacer si la teoría leninista soviética no sigue a la práctica comunista chilena? Era un problema grave pues &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20121215084730/teoria-y-practica/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el Partido Comunista celebra sus cien años de existencia, se encuentra sometido al mismo dilema que lo desveló en 1970. ¿Qué hacer si la teoría leninista soviética no sigue a la práctica comunista chilena? Era un problema grave pues el líder de la revolución rusa observó una vez que <em>“no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria y viceversa”.</em></p>
<p>Por una parte, la práctica política comunista consistió, en lo esencial, en renunciar a la violencia física organizada y a la ruptura violenta del orden institucional chileno.</p>
<p>En efecto, <strong>el partido de Luis Emilio Recabarren y Pablo Neruda se desarrolló en un régimen multipartidista y no de partido único, y llegó al poder a través de las urnas y no mediante un Golpe de Estado</strong>. Ese fue “el camino de victoria” que lo llevó a ser el principal sostén del gobierno de Salvador Allende y de <em>“su vía chilena al socialismo en democracia, pluralismo y libertad”.</em></p>
<p>Por otra parte, la teoría política leninista lo llevaba en una dirección contraria. La propuesta revolucionaria leninista, en su versión canónica, implicaba la toma violenta del poder, la destrucción del Estado anterior y la instauración de la llamada dictadura del proletariado. ¿Era la estrategia comunista chilena una simple adecuación táctica a una correlación de fuerzas desfavorable, la que le impedía realizar sus verdaderos propósitos?</p>
<p>Que lo debatan los actores de la época, muchos de ellos aún vivos, y que los historiadores emitan sus juicios, siempre provisorios. La cuestión es ahora otra.</p>
<p><strong>La cuestión es que tras el 11 de septiembre de 1973 el Partido Comunista supo en carne propia de los horrores que experimentó Chile.Violaciones sistemáticas de derechos humanos cuando se quebró lo que se motejaba como legalidad burguesa y democracia formal, siendo reemplazada por el derecho del más fuerte y la autocracia del más violento.</strong></p>
<p>Del mismo modo, los sectores democráticos de la oposición a Salvador Allende, la Democracia Cristiana incluida, aprendieron también muy dolorosamente que ni las tradiciones de las Fuerzas Armadas chilenas, ni la historia republicana ni los llamados a <em>“la cooperación patriótica”</em> con <em>“el restablecimiento del orden institucional”</em> impidieron una autocracia de casi dos décadas. No hay dictaduras transitorias ni benevolentes.</p>
<p>Agreguemos a esta experiencia que <strong>el Partido Comunista sufrió las negativas consecuencias de su adhesión, tras la revolución nicaragüense de 1979, a la tesis que validaba todas las vías de lucha. Ello lo llevó a apartarse de su historia política y de las grandes mayorías nacionales, sobre todo, tras el cinco de octubre de 1988.</strong> La política democrática era y es una teoría ética y políticamente superior.</p>
<p>Un viejo y cansado Norberto Bobbio, el filósofo socialista de la democracia, ni marxista ni antimarxista, sostuvo que había llegado al final de su vida horrorizado por lo que había sido testigo: dos guerras mundiales, comunismo, fascismo, nazismo, Auschwitz e Hiroshima, guerra fría, conflictos raciales y terrorismo.</p>
<p>Sin embargo, tenía una esperanzadora certeza que le decía que la historia del siglo XX también demostraba que sólo la democracia permite la formación y el desarrollo de las revoluciones silenciosas, esas que hacen que hombres y mujeres sean libres e iguales, convivan pacíficamente y construyan las sociedades más justas del mundo. Esa es la certeza de los chilenos del 2010.</p>
<p><strong>Entonces, ¿porqué no derechamente reconocer, todos y al unísono, que sólo hay un régimen político legítimo que se define como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, fundado en el respeto y promoción de los derechos humanos?</strong></p>
<p>Esos derechos que no se le reconocen al disidente chino preso, a una mujer atemorizada por un régimen talibán, a un joven musulmán torturado en Guantánamo o a una mujer llamada Rosa Payá en Cuba.<strong> La democracia supone una permanente ofrenda, en la teoría y en la práctica, que hay que saber pagar.</strong></p>
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		<title>Cristianos y políticos</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2012 00:11:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos cristianos, a veces llevados por la cobardía y otras veces por una sincera humildad, han sido reacios a involucrarse activamente en política. Otros, movidos por la justa ira ante los abusos de los poderosos y las crueles leyes de &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20121210211121/cristianos-y-politicos/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos cristianos, a veces llevados por la cobardía y otras veces por una sincera humildad, han sido reacios a involucrarse activamente en política. Otros, movidos por la justa ira ante los abusos de los poderosos y las crueles leyes de la política, ceden a la tentación de traicionar el mensaje evangélico y usar los mismos métodos de sus contrarios. Pese a ello, el llamado de los cristianos es a no abandonar, a estar en el mundo y vencer, teniendo cabeza y corazón para ser justo y fuerte a la vez.</p>
<p>En la Biblia se reconoce que el Dios de los judíos es un Señor de la historia y que <strong>Jesús se encarna en la existencia de su pueblo, metiendo las manos en el barro de la vida hasta los codos.</strong></p>
<p>La espera del reino mesiánico en el Antiguo Testamento; el relato del Éxodo en que Dios libera a su pueblo de la esclavitud económica, política y cultural; la Ley de Dios que es amor al prójimo y particularmente a los pobres, los desheredados, las viudas y los huérfanos; entre otros, nos hablan claramente de una significación también política de la salvación cristiana.</p>
<p>Es San Mateo quien nos da cuenta de un principio central dejado por Jesús:<em> “que los jefes de las naciones no las opriman ni se sirvan de ellas, sino que deben servirlas como esclavo de los demás”.</em> Tamaña revolución cambia todo en política y los cristianos debiéramos hacernos cargo de ello.</p>
<p>Sin embargo, muchos se preguntarán ante la radicalidad evangélica si no estamos frente a una norma completamente impracticable en la política. Un político que permanentemente ofrezca la otra mejilla conseguirá ser siempre perjudicado y el que permanezca siempre en la parte de atrás del templo, ocultando además sus buenas obras, no ganará elección alguna. Nos es raro entonces que un cristiano bien inspirado opte por la deserción, es decir, sabiendo que se está dando un vital pero cruelísimo combate, opte por abandonar el campo de batalla.</p>
<p>Pese a ello, son bien conocidos los casos en que cristianos “metieron las manos y pies en el barro” y fueron claves en procesos de cambio que extendieron los márgenes de libertad, justicia y paz.</p>
<p>Recordemos a uno, Martin Luther King, agobiado, perseguido y amenazado, pensó en desertar, pero si lo hacía no sólo faltaría a su deber con Dios, sino también para con los hombres, condenando a la impotencia y al fracaso su sueño de igualdad.<strong> Es así como no estuvo dispuesto a abandonar el campo de batalla dejándolo en manos de los hombres de mala voluntad.</strong> Ello habría significado aceptar el fracaso de su sueño por negarse a luchar por el poder y aceptar cobardemente la impotencia. Peor aún, dejar todo en manos de los otros. Martin Luther King no podía, ni debía, ni quiso desertar.</p>
<p><strong>Pero cuando el fragor de la batalla es ensordecedor y ya no sabemos quién es quién, surge siempre una segunda tentación: la traición, el pasarse al bando del enemigo. Mal que mal, si la causa de la justicia depende de la victoria de uno y sus adversarios son formidables en su poder y maldad ¿no será el momento de utilizar sus métodos para vencer?</strong></p>
<p>Dietrich Boenhoffer –otro ejemplo de compromiso cristiano- expresa este dilema. Usar los métodos del enemigo para vencerlo o ser vencido. Teólogo luterano participa en la fundación de la Iglesia Confesante y llama abiertamente a la resistencia política contra Adolfo Hitler. Tras 1939 se une a un grupo clandestino de la resistencia que buscan derrocar el régimen antisemita.</p>
<p>Es detenido por aportar dinero para ayudar a huir a judíos a Suiza. Estando en la cárcel se produce el fallido atentado contra el Fürher. Es condenado a muerte y ahorcado el 9 de abril de 1945. Lo matan acusado de haber intentado asesinar a su enemigo. Lo cierto es que fue exculpado de ello totalmente en 1990, pero su trágico fin nos recuerda que no podemos olvidar el precio que el éxito puede imponer sobre nuestros hombros. Sí, en palabras del teólogo, &#8220;<em>la realidad es que el éxito histórico, crea el único suelo sobre el cual la vida puede continuar&#8221;</em>.Es cosa de doctrinarios irresponsables olvidar esta pesada carga que es inescapable pues <em>&#8220;la última cuestión de la responsabilidad no estriba en saber cómo logro salirme yo del asunto de forma heroica, sino cómo debe continuar viviendo una generación venidera&#8221;.</em></p>
<p>El problema de este realismo político es que introduce la lógica medio-fin a la acción política, <strong>asemejándola indebidamente con la producción económica. En esta última la violencia es inherente. El problema es que la acción política trata de las relaciones entre seres humanos. Aquí los medios son personas</strong>. Cuando lo olvidamos, caemos en aquellas horrorosas analogías que, pretendiendo justificar la violencia de las revoluciones, sostienen que <em>“para hacer tortillas hay que romper huevos”</em>. Las sociedades no son tortillas ni los seres humanos huevos.</p>
<p>La acción política es selección y decisión, pero también apuesta en el sentido de que siempre nos someteremos al riesgo y a la incertidumbre.</p>
<p>La acción política supone estrategia, es decir, ir constantemente reevaluando escenarios que irán siendo modificados por las nuevas informaciones que nos lleguen y del azar siempre presente.</p>
<p>Las reacciones de nuestros adversarios, gatilladas por nuestras propias acciones, se desarrollan en un ambiente inestable de interacciones que no controlamos. Así nuestra propia acción, en sus consecuencias y resultados, se escapa de nuestras intenciones.</p>
<p>Martín Lutero entrando a Worms era un reformador de los abusos de la Iglesia Católica. Pero al salir, lo hizo como un hereje excomulgado y amenazado de muerte.Entonces, la capacidad de predecir las consecuencias sociales de los actos del político es muy baja. Es más, de las consecuencias de nuestros actos y omisiones, poco podemos saber, pero si cedemos a la tentación de la traición, usando malos medios, podemos terminar no alcanzando el éxito y, peor aún, atrapados eternamente por el mal medio.</p>
<p>En conclusión, la política es el arte de conquistar el poder en aras del bien común. Condición humana inescapable, derecho cívico y deber religioso. Se trata de trabajar por adquirir y mantenerse en el poder, siempre en dramática tensión con la conciencia personal.</p>
<p>En esta dinámica encontramos, por un lado, al desertor. Este se declara<em> “apolítico”</em> y simplemente es un ser que deja todo, su vida incluida, en manos de los poderosos.Ello es particularmente cierto en una sociedad como la nuestra, donde una infinidad de aspectos sociales influyen directamente en lo más íntimo de nuestras vidas.</p>
<p>Si es cierto que la política es el arte de decidir por parte de la nación lo que queremos hacer con el Estado,<strong> el apolítico se lo deja en manos de cualquiera: de los políticos profesionales, de los grandes empresarios, de las corporaciones, de las burocracias públicas, menos en sus manos. Se ha convertido en un idion, en un ser privado de razón pública y de capacidad política.</strong></p>
<p>Y en esta misma coyuntura descubrimos, por otra parte, al aspirante a traidor, a quien debemos recordarle que una política desprovista de ética puede ser muy irrealista y de muy corto plazo.<strong> Ganar fama de ladrón y mentiroso nos condena a tener piernas cortas. Además la escisión entre conciencia y acción terminará por destruir la sociedad entera.</strong> Esos políticos realistas, más temprano que tarde terminarán por invadirlo todo con sus malas prácticas y devorándose ellos mismos.</p>
<p>Finalmente, todo cristiano está llamado a dar testimonio y luchar, pues entre éstos están los vencedores. Sin embargo, el éxito debe ser entregado en otras manos cuyos designios son extraños.</p>
<p>En efecto –como nos recuerda Boulding en su obra- y pensando en términos no religiosos, si Atenas, Roma y Jerusalén son los tres pilares de la llamada cultura occidental cristiana, éstos se levantan sobre tres grandes &#8220;fracasados&#8221; de la historia, que perdieron todo poder, incluso el poder de seguir viviendo: Sócrates, Cicerón y Jesús. Sin embargo, la eficacia de su poder, en el largo plazo, es obvia. Se trata del poder integrador, es decir, de aquel que forma organizaciones, familias y grupos unidos por el respeto, la lealtad o el amor.</p>
<p><em>Leer versión extendida en: <a href="http://www.asuntospublicos.cl/2012/12/cristianos-y-politicos-entre-la-desercion-y-la-traicion-el-compromiso-autentico/">http://www.asuntospublicos.cl/2012/12/cristianos-y-politicos-entre-la-desercion-y-la-traicion-el-compromiso-autentico/</a></em></p>
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		<title>El caso Casen</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Sep 2012 14:35:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Micco]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Si no hay <em>&#8220;un objeto común de amor</em>”, San Agustín nos diría que no puede haber una gran nación ni nada que se le parezca. Un objetivo nacional obvio – que debiera unirnos a todos – es acabar con la pobreza e indigencia. Sin embargo, no estamos de acuerdo en la forma precisa de hacerlo. Peor aún, de seguir las dudas acerca de la Casen y la forma como se calculó y anunció la baja de la pobreza en Chile, ya ni siquiera podremos debatir sobre la base de un diagnóstico cierto y  compartido.</p>
<p><strong>El ministro de Planificación Nacional más que denunciar que está siendo víctima de una campaña personal debió haber tardado menos  en dar respuesta a las primeras quejas y ahora debe explicar, y no quejarse, acerca de qué pasó entre Mideplan y CEPAL a la hora de cambiar el método de cálculo de la pobreza. Por cierto, esta obligación también recae sobre el organismo internacional. Estamos atentos a sus dichos que esperamos, sinceramente, sean convincentes.</strong></p>
<p>Sin embargo, más allá de la fe pública comprometida, la cuestión ética central es que no estamos afrontando como debiéramos el acabar con la pobreza y la indigencia en Chile.</p>
<p>Sumemos a ello la pregunta esencial que hace la Casen a la política: ¿Por qué si hemos crecido tanto a partir de fines del 2009 y hemos generado tantos empleos, la reducción de la pobreza es tan lenta o incluso se encuentra estancada? El caso Casen demuestra lo lejos que estamos de la política que debemos y podemos tener. La primera responsabilidad es del gobierno.</p>
<p>Toda política debe basarse en un diagnóstico lo más preciso y compartido posible. Eso es lo que está en juego en el caso Casen.</p>
<p>Nada menos que Andrés Hernando, el ex Jefe de la División de Estudios de Desarrollo Social de Mideplan (ministerio de Desarrollo Social), dijo sentirse usado por el ministro Joaquín Lavín. <em>&#8220;La verdad es que en el momento en que se hizo el anuncio de la pobreza (20 de julio) me sentí usado. No me gusta decir esto, pero prefiero quedar como ingenuo a que alguien piense que fui deshonesto. Yo advertí que la baja de la pobreza no era significativa&#8221;</em> señaló a Ciper Chile.</p>
<p><strong>Sin embargo, así se presentó la caída de la pobreza, como una baja histórica.</strong>Además Hernando es uno de los firmantes de la minuta enviada a Cepal para pedir que se incluyera en los análisis de datos de Casen 2012 una pregunta que consultaba los ingresos de familiares no remunerados, desocupados e inactivos (&#8220;y11&#8243;) y que significó la baja  del porcentaje de pobres de Chile.</p>
<p>En El Mercurio del 1 de septiembre Hernando declara que ese fue un cambio técnicamente bien fundado. Puede ser, sin embargo ya el proceso aparece cuestionado y la desconfianza que separa a un chileno de otro, que se extiende cada vez más a sus instituciones, ha afectado fuertemente a un instrumento central de la política pública como es la CASEN.</p>
<p><strong>La cuestión ética central no es, sin embargo, la fe pública comprometida en la eventual manipulación de la Casen. De hecho será bien triste que este debate termine con que la Casen fue manipulada y que hay más pobres que los que se afirmó el 20 de julio.</strong></p>
<p>Por ello lo central éticamente hablando es que Chile puede acabar con el sufrimiento de millones de chilenos y chilenos pobres e indigentes; y no lo estamos haciendo como debiéramos.</p>
<p>Los datos preliminares del Censo 2012 estarían demostrando que tenemos el ingreso per cápita más alto de América Latina. El norte del país crece a tasas aceleradas pues contamos como recursos naturales valiosísimos como el cobre.</p>
<p>Sin embargo, el Censo nos muestra también que han dejado   de nacer probablemente medio millón de niños. Un Concepción y Valparaíso menos (Los datos de hoy, no corregidos, conducen a que la cifra sea de más unos  900.000 chilenos y chilenas menos).</p>
<p>Cierto que hoy gozamos del bono demográfico de tener menos niños económicamente inactivos y más adultos productivos. Pero sabemos que eso se revertirá cuando tengamos 130 adultos mayores por 100 jóvenes (2045).</p>
<p>Las mujeres de hoy dicen querer tener dos o tres hijos, pero un 27% tiene sólo uno porque deben trabajar gratis dentro de la casa y fuera de ella 47 horas a la semana, en forma discriminatoria además.</p>
<p><strong>El mejor jardín infantil de Chile son nuestros abuelos, haciendo recaer en ellos una responsabilidad que no les corresponde (Encuesta Bicentenario).No es raro que el Censo nos muestre envejeciendo. Sin embargo, porfiamos y nos esforzamos.</strong></p>
<p>A nuestros recursos naturales se suma una ciudadanía esforzada. Nuestra clase media es la más endeudada de la OCDE cuando de pagar los estudios superiores de sus hijos se trata.</p>
<p>Los chilenos y chilenas trabajamos quinientas horas más al año que en Europa o Estados Unidos. Es decir, por donde se le mire, este es un gran país que puede alcanzar el desarrollo.</p>
<p>Decíamos en el primer párrafo de esta columna que la pregunta política es ¿por qué, si hemos crecido tanto a partir de fines del 2009 y hemos generado tantos empleos a partir del 2010, la reducción de la pobreza es tan lenta o incluso se encuentra estancada?</p>
<p><strong>La búsqueda de respuesta debiera ser central en el debate político y no la eventual manipulación de los datos o si algunos están enojados porque han sido menos efectivos que los otros para reducir la pobreza y las desigualdades.</strong></p>
<p>Humildemente creo que estamos frente al agotamiento de una política de desarrollo fundada centralmente en el crecimiento económico impulsado por los privados y políticas públicas que intentan, sin los recursos adecuados, apoyar a pobres e indigentes.</p>
<p>Lo que Chile necesita abordar es la reforma de sus instituciones políticas, económicas y sociales para que el potencial de riquezas naturales, trabajo, nervio e ideas explote creativa e igualitariamente.</p>
<p>¿Un ejemplo que se puede? Que el Censo 2012 nos traiga la buena noticia de ver aumentada la concentración de población en el centro del Gran Santiago nos demuestra la utilidad de políticas públicas activas y selectivas aplicadas desde el municipio y el Estado Central.</p>
<p>Es lo que debemos hacer en Aysén, Magallanes, Arica o Parinacota. Miremos también lo que muestra el Censo acerca del bajo crecimiento de regiones del Maule, Bío Bío, de La Araucanía o de Los Ríos. Por ello debemos reformar nuestras políticas, haciéndolas más selectivas y descentralizadoras, para lograr que regiones enteras del país, que no crecen como debieran, integren su agricultura y ruralidad al comercio nacional y global.</p>
<p>El Censo nos hace pensar en la justicia de las protestas ciudadanas en esas zonas del país. Necesitamos una nueva política económica.</p>
<p>El caso Casen nos recuerda una vez más que debemos políticamente exigirnos mucho más.La primera responsabilidad la tiene el gobierno.</p>
<p><em><strong>Twiter (@sergiomicco)</strong></em></p>
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