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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Josefina Gardulski</title>
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		<title>¡Vale la pena!</title>
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		<pubDate>Sat, 18 May 2013 12:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Josefina Gardulski]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay cosas que nos gustan en la vida, como ir al cine, cocinar, compartir con la familia, salir a trotar; pero hay cosas que nos apasionan, es algo inexplicable, es algo que corre por las venas y que uno no puede abandonar, no puede negar, no puede dejar de sentir. Uno es capaz de dejar todo por eso, es como un amor adolecente, uno no piensa solo siente y actúa.</p>
<p>Te levantas temprano, le dedicas todo el día, sin importar el cansancio o si hay panorama con los amigos, sacrificas hasta eventos familiares, lo cual trae consigo consecuencias. Las críticas llegan rápidamente, te cobran sentimientos, y hasta te sientes solo. Sin embargo no sé de donde uno saca fuerzas y le da con todo, no abandona.</p>
<p><strong>Me pasa esto con la moto y estoy segura que a muchos deportistas les pasa lo mismo que a mí.Nuestra disciplina es parte de nosotros, es parte de nuestra esencia, es lo que nos da fuerza para levantarnos todo los días temprano a entrenar, a prepararnos para nuestro próximo combate, para nuestra próxima competencia,</strong> de las cuales a veces salimos orgullosos, pero a veces la tristeza nos embarga ya que no hay un buen resultado o muchas veces peor, nos lesionamos y eso es lo que más duele, lo sentimos más que con el cuerpo, lo sentimos en el alma.</p>
<p>Es ahí donde no podemos flaquear, donde tenemos que ponerle más ganas que nunca, pero llegan nuestros propios cuestionamientos ¿valdrá la pena? Y le seguimos dando, no desertamos. Es en este momento donde nos acompaña el corazón, la pasión por lo que hacemos, ese algo inexplicable que no nos deja dar un paso al lado y seguimos en el campo de batalla. <strong>Pensamos en el futuro y esa ilusión de la palabra META nos da energía.</strong></p>
<p><strong>La satisfacción que uno siente cuando triunfa es tan inexplicable como ese amor adolecente, como esta pasión por las motos, es algo que te infla el corazón, no tiene comparación alguna, se vuelve una necesidad, solo quieres volver a sentirlo nuevamente, te hace decir ¡Valió la pena! te das cuenta que todo el sacrificio dio frutos y de esos bien dulces, de los mejores.</strong></p>
<p>Me imagino que todos tenemos alguna pasión en la vida, y que todas las personas que lean este texto pueden decir: a mí me pasa eso inexplicable con tal cosa, o con tal persona.</p>
<p>Si es así, me alegro infinitamente y les digo que cuando sientan que ya nada tiene sentido, que no pueden más, no aflojen, no tiren la toalla. Las cosas que más amamos son las que más cuestan, pero son las que más disfrutamos y cuando las tenemos es lo máximo, solo hay que darle con el corazón, sin pensar, solo sentirlo.</p>
<p>Y acuérdense siempre que ¡vale la pena!</p>
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		<title>Y corrí el Dakar</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Apr 2013 13:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Josefina Gardulski]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Estás segura? ¿No te parece muy arriesgado? ¡Pero si nunca has corrido Rally! Fueron los primeros comentarios que escuché cuando conté que correría el Dakar, pero yo sabía que eso era lo más fácil que me tocaría, así que no &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20130406100907/y-corri-el-dakar/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Estás segura? ¿No te parece muy arriesgado? ¡Pero si nunca has corrido Rally!</p>
<p>Fueron los primeros comentarios que escuché cuando conté que correría el Dakar, pero yo sabía que eso era lo más fácil que me tocaría, así que no me deje embargar por comentarios pesimistas y me enfoqué en mi entrenamiento y en llenarme de energía a través del cariño y el apoyo de las personas que sí me apoyaban.</p>
<p><strong>Fue un año de mucho entrenamiento, muy difícil, por momentos muy aburrido, pero había una meta, ser la primera mujer latinoamericana en correr un Dakar. Y fuimos avanzando, armando todo un cuento en el que yo era primeriza, por lo que cometía errores en cosas básicas que a medida que avanzaba fui corrigiendo.</strong></p>
<p>En septiembre me enfrenté a una situación crítica, me quebré la mano a una semana de viajar a México a correr el Latinoamericano de motocross. Había que tomar una decisión, viajaba y arriesgaba TODO o me quedaba y le daba con todo para recuperarme para el Dakar. No fue fácil pero me demoré un minuto, 8 horas después ya tenía una placa en la mano y 6 tornillos. A las dos semanas ya estaba en sesiones con el kinesiólogo.</p>
<p>Le di con todo, en 6 semanas volví a subirme a la moto, no me di cuenta y estaba en la moneda en el lanzamiento del Dakar dándole la mano al Presidente de la República, <strong>me sentía en las nubes, no lo podía creer, ya no quedaba nada para viajar, pero me entraba la inseguridad, sentía que nadie me tenía fe, fue difícil, faltaba financiamiento aún, todos me hablaban de eso y yo sólo quería despejar mi cabeza un segundo, la presión era mucha, todos me decían que lo que estaba por hacer era muy difícil, en fin, fue un día muy intenso.</strong></p>
<p>Un abrazo de feliz año nuevo en la casa de una familia amiga y 8 horas después ya estaba en Lima, nerviosa como nunca, acreditaciones administrativas, acreditaciones técnicas, muchas fotos, muchas entrevistas y yo todavía no lo podía creer, estaba a punto de largar el Dakar y todavía no lo asimilaba.</p>
<p>5 de enero, la alarma suena a las 5:30, mi hermana me dice desde la cama de al lado, “Kuki, empezó la aventura”. Nos levantamos, ducha, desayuno, equiparse y en taxi al parque cerrado.</p>
<p>Poco antes de las ocho me tocó entrar a buscar mi moto, la revisé entera, instalé el roadbook y largué. De ahí a la rampa de largada había menos de 10 kilómetros, miraba todo a mi alrededor, no lo podía creer. Llegué a la rampa, varias entrevistas, me presentaron al público como la chilena que sacaba la cara por Latinoamérica.<strong>Saqué mi bandera y la mostré y la llevé conmigo durante todo el trayecto, todos los días, la de Chile y la de Isla de Pascua.</strong></p>
<p>Avanzaba por las avenidas de Lima, estaba lleno de gente, me topé con mi camioneta de asistencia y se me infló el corazón, estaba muy feliz,<strong> la gente gritaba mucho, mostraban banderas y en los semáforos casi se subían ellos también a la moto, me sentía tan orgullosa, hubo un momento en que mi emoción fue tal, que se me cayeron las lágrimas, no podía creer que estaba corriendo un Dakar, algo que pensé que nunca haría en mi vida. Me tomó unos 15 kilómetros estar más tranquila.</strong></p>
<p>De ahí en adelante fueron días muy largos y noches muy cortas, largábamos a las 4:30 am aproximadamente y los primeros días llegaba de noche, por más que me apuraba y trataba de acelerar no me daba la luz del día para llegar al Biubac.</p>
<p>Llegaba, lo primero que hacía era decirle al mecánico si algo fallaba en la moto luego a ducharme, comer , pintar el roadbook y dormir unas 4 horas. Mientras fueron pasando los días mi manejo fue mejorando y empecé a llegar de día, por lo tanto descansaba un poco más.</p>
<p>Había días más difíciles que otros, pero ninguno era fácil, muchos kilómetros, full calor, por momentos demasiado frío, problemas mecánicos, caídas, abandonos de amigos, un piloto muerto en nuestras narices, demasiadas emociones, también peligros.</p>
<p><strong>En Argentina me encontré de frente con un alud, estaba encajonada en un río “seco”, gracias a la advertencia de Paco, un español, alcancé a salir, si no, no la estaría contando.</strong></p>
<p>Mientras más avanzaba la competencia, mas aprendía, mejor andaba y mejor me sentía. Sucedían cosas muy lindas, como la solidaridad entre los pilotos, hasta que… se acabó, una falla eléctrica en mi moto, no la podía arreglar. <strong>A los 10 minutos llegó una camioneta de la organización, entre un peculiar francés, un más fluido inglés y un español incomprensible para ellos entablamos una conversación, me trataron de ayudar, pero no tenía caso, no tenía los materiales necesarios para arreglarla.</strong> Me subí al jeep y nos fuimos. Lloré y sentí mucha tristeza de ver que mi moto quedaba ahí a la orilla del camino, junto con mi sueño de llegar a la Moneda.</p>
<p>Pasaron los días y comprendí que había hecho algo muy grande, saco cuentas muy positivas de mi participación en la carrera más difícil del mundo, aprendí mucho.</p>
<p>Sin duda ha marcado una diferencia en mi vida, deportiva y personalmente hablando, bueno y desde ya me estoy preparando para el Dakar 2014, mi nueva meta, el Puerto de Valparaíso.</p>
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