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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Jaime Abedrapo</title>
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		<title>Se busca brújula para el Humanismo Cristiano</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2016 20:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Abedrapo]]></category>

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		<description><![CDATA[El Humanismo Cristiano en occidente en general ha sufrido envistes desde el ethos cultural “utilitario”, predominante en la actualidad. El sentido de esta corriente de pensamiento ha quedado en vilo en varias temas que van desde lo económico hasta la &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20160127171904/se-busca-brujula-para-el-humanismo-cristiano/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Humanismo Cristiano en occidente en general ha sufrido envistes desde el <em>ethos</em> cultural “utilitario”, predominante en la actualidad. El sentido de esta corriente de pensamiento ha quedado en vilo en varias temas que van desde lo económico hasta la mal denominada “agenda valórica”.</p>
<p><strong>En Chile aquello es notorio, las nociones de la Economía Social de Mercado y el legado de la doctrina social de la iglesia son vistas, por un importante número de representantes de colectividades que se autoproclaman como cristianos, como un lastre a la luz del “progresismo”.</strong></p>
<p>Por ejemplo, en la argumentación en materias de aborto es recurrente escuchar a paladines del “progresismo”, algunos en representación del pensamiento cristiano, que han descubierto los derechos reproductivos de la mujer como un elemento a considerar en el proyecto de ley. Sin entrar al debate acerca del aborto y sus causales, dicha posición no encuentra raíz en la filosofía cristiana, por tanto la coherencia y consistencia de esta corriente de pensamiento pierde espacios de representación y la confusión respecto de los conceptos es palmaria.</p>
<p>En términos generales se aprecia una profundización (no lenta) hacia el existencialismo, como había caracterizado Emmanuel Mounier a la modernidad, la cual condiciona el actuar de la política contingente a una velocidad que no permite a la virtud de la prudencia incidir en una reflexión respecto de lo que somos, y cuál es el aporte que el humanismo cristiano ha representado al progreso de la sociedad en términos valóricos y culturales.</p>
<p>A ratos pareciera olvidarse que es esta corriente de pensamiento (humanismo cristiano) la que fundamenta y legítima la defensa de los derechos humanos, porque reconoce la dignidad humana como elemento central de la política, sin hipotecar en constructos políticos una instrumentalización de las personas, como muchas corrientes de corte materialista lo han hecho.</p>
<p>Para Martin Buber es importante la meditación del hombre acerca del hombre, y no caer en facilismos que no sólo atentan contra la identidad del pensamiento cristiano, que si estuviera equivocado debe ser corregido.</p>
<p>El asunto relevante es cuando nos desviamos del bien a cautelar: la buena vida humana de la multitud (el bien común). No podemos permitir el empobrecimiento de la política hasta el límite de nuevamente reeditar sólo slogan. La realidad líquida como la describen algunos (Zygmunt Bauman) no puede ser argumento suficiente para desentendernos del legado del humanismo en sus diversas vertientes.</p>
<p><strong>No es esa una buena justificación para populismos, falta de responsabilidad en las expectativas y ofrecimientos al electorado en tiempo de campaña,  pérdida de identidad, mantención de poder sin hacer y sin sentido, sino que sólo engañar tras el objetivo de parecer (video poder), para mostrarse en un sinfín de temas, pero no abordando en propiedad ninguno de ellos.</strong></p>
<p>Todos esos elementos están más ligados a la carencia de virtudes políticas más que a líneas programáticas de Gobierno, por ello el asunto de fondo es la calidad de la política. Es decir, no interesan demasiado los objetivos propuestos por la administración de turno, parece que lo relevante es estar en sintonía con “aparentar” y no con la sustancia (contenidos, gestión pública, eficiencia y consecución de objetivos).</p>
<p>Esto último requiere de planificación (no improvisación) y actores muy claros en sus convicciones para que de la negociación política y los resultados de la negociación sean acuerdos consistentes.</p>
<p>El humanismo cristiano parece estar atrapado, por un lado por las nociones de sello individualista (liberales), la cual representa una visión de mundo o <em>ethos</em> cultural de occidente que se impone en la institucionalidad en términos generales, y por otro, con un complejo de inferioridad que le incomoda mantener lealtad a los principios vectores del personalismo.</p>
<p>En tal sentido, las distintas posturas religiosas, filosóficas, políticas y económicas no permitían un sincretismo tal que contribuya a reconocer los derechos fundamentales en un amplio acuerdo, siendo la tradición personalista cristiana la que de alguna manera se vacía y pierde espacio en la política social, económica y cultural del país. La tendencia a la vacuidad de los contenidos del humanismo cristiano, nos permite afirmar que es necesario salir al encuentro de la identidad cristiana.</p>
<p>Autores personalistas han señalado las diferencias del personalismo y el individualismo y para ejemplificar el triunfo de este último, Emmanuel Mounier afirmó que <em>“los caminos de la camaradería, de la amistad o del amor permanecen perdidos en este inmenso fracaso de la fraternidad humana”.</em></p>
<p>Por su parte, Heidegger y Sartre lo han expresado claramente en su propuesta filosófica en cuanto a que la comunicación queda bloqueada por la necesidad de poseer y someter. Así, en una lógica de poder como fin (y no medio) podemos comprender el fenómeno que sucede en la política actual contemporánea, que en definitiva es el sin sentido de la política, la que afecta a todos, también a los humanistas cristianos, siendo ello una claro desafío para los personalistas.</p>
<p>Volviendo a Mounier, él nos presentó la causa primera del por qué las instituciones del orden económico se instalan sobre el egoísmo y gestionan estrategias contrarias a la protección de los derechos humanos.</p>
<p>En la misma línea, Jacques Maritain, nos ilustró con la revaloración de los derechos humanos en los tiempos modernos, ya que debido al concepto de soberanía surgido en tiempos de la monarquía absoluta en Europa, se modifican los conceptos de autoridad política y bien común, pero ambos autores jamás argumentan que el corazón de la Política conlleva intrínsecamente la voluntad de servicio a los demás;y que la comunidad es nuestra organización política de coherencia y sentido de vida.</p>
<p>En definitiva, una política de rostro humano donde el poder no sea sólo una capacidad transaccional, sino sobre todo, la legitimidad de representar el rico legado que trae consigo el humanismo cristiano, que al parecer ahora a tantos agobia. ¿Estamos los humanistas cristianos seguros de querer cortar con este legado cultural, político, económico y social?</p>
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		<title>Reflexión sobre el Congreso del Futuro</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2016 09:34:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Abedrapo]]></category>

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		<description><![CDATA[Las actuales directrices de su gobernanza mundial, las nuevas tecnologías y la forma de hacer política hoy no son condiciones muy esperanzadoras para pensar en un futuro mejor. Siempre tenemos curiosidad por saber acerca de nuestro porvenir y desde una &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20160104063424/reflexion-sobre-el-congreso-del-futuro/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las actuales directrices de su <em>gobernanza</em> mundial, las nuevas tecnologías y la forma de hacer política hoy no son condiciones muy esperanzadoras para pensar en un futuro mejor. Siempre tenemos curiosidad por saber acerca de nuestro porvenir y desde una perspectiva política (cultural), económica y social resulta evidente la relevancia, ya que así nos podemos adaptar de mejor manera a los cambios y además planificar mejor nuestras propias capacidades, ya sea como individuo, colectivo o país.</p>
<p>No obstante, me parece que ello es absolutamente insuficiente para afrontar de mejor manera los desafíos de la sociedad ante los cuales nos encontramos en un contexto de modernidad y transición posmoderna.</p>
<p>Ha sido irresponsable la forma de entender y entusiasmar acerca del futuro que algunos nos presentan. Las discusiones acerca de los cambios de civilización se realizan en ausencia de actores en la discusión, sobre todo que aporten desde la historia y las ciencias morales. Se ha tendido a circunscribir el debate acerca del futuro en una cuestión de ciencia y tecnología como vehículo para resolver muchos de los problemas o desafíos que ha creado el propio hombre.</p>
<p>En efecto, la propuesta al debate acerca del futuro se aprecia más ligada a una utopía (no lugar en su interpretación clásica), a una invitación para adquirir erudición más que a enfrentar los reales problemas de las sociedades.<strong>Pareciera que el interés es desviar la atención sobre los asuntos de fondo de la política.</strong></p>
<p>Historia y futuro son parte de una misma moneda, ya que no comprendemos los desafíos y la génesis de los asuntos si no conocemos la historia. No busquemos atajos, las preguntas culturales estarán siempre ligadas al futuro, así nos enseña la antropología. Por ello el esfuerzo sustantivo de cara al futuro en cuanto a la acción política está en respondernos de dónde venimos y para dónde vamos, es decir desde los planteamientos filosóficos tan ausentes en la propuesta de comprensión del porvenir a la que nos invitan.</p>
<p>Las respuestas a las interrogantes culturales requieren más que expertos en prospectiva o analistas de tendencias, ya que el asunto es de naturaleza política.</p>
<p><strong>La propuesta del Congreso del Futuro, que debe haber demandado un gran trabajo de planificación y organización, no está vinculado con el futuro, porque no hace partícipe a la historia, ni a la filosofía. Más bien parece un esfuerzo de un grupo selecto de parlamentarios por mostrar vigencia y competencia en algunos temas.</strong></p>
<p>En razón a la contingencia y salud de la política, pareciera necesario que dicho esfuerzo esté más abocado a los requisitos o condición mínima que tiene la política para brindar las bases del buen gobierno que nos permitan proyectarnos en el futuro. En otras palabras, más que preocupaciones sectoriales, la política debiera estar pensando y reflexionando sobre el buen gobierno, historia y tradición, es decir, lo verdaderamente importante para mirar el futuro, partiendo por el nosotros mismos, ¿Quiénes somos?, ello lleva implícito aspiraciones, idiosincrasia, legado cultural, en definitiva, pertenencia a un colectivo. Desde allí toda la información de las megas tendencias puede ser útil e incluso necesaria.</p>
<p>Por otro lado, el porvenir no será prometedor, sin importar las tecnologías que nos esperan, si no ponemos las cosas en su justo orden, es decir, sin ciencias morales que permitan dar sentido a nuestras acciones.</p>
<p>Una política sin ética no va a cohesionar a la comunidad, nos imposibilitará tener objetivos comunes y trasformará a la gestión pública en una esfera “cosística”, sin respuesta de sentido social. <strong>Es decir, sin ética no hay buen gobierno, y sin buen gobierno no existe posibilidad de realización personal y comunitaria, por tanto es el fin de la política y el fortalecimiento de desconfianzas, el edén de los existencialistas, y en esa corriente no hay futuro que valga.</strong></p>
<p>Tener fascinación por la ciencia y la tecnología me parece plausible, sobre todo en un país con un gran déficit en inversión y recurso humano que aporte al desarrollo tecnológico y científico, pero lo que preocupa es que pareciera que algunos están más interesados en que los supuestos temas de futuro puedan reemplazar a los asuntos propios de la Política, que son, en código clásico, <strong>la templanza, fortaleza, justicia y prudencia. Todas virtudes que se comprenden al alero de la moral, hoy tan distanciada del quehacer político.</strong></p>
<p>Si cada vez preocupa menos servir a prójimo, si mentir o decir medias verdades es parte de la profesión del político profesional, si la gran política es sólo una cuestión operacional y transaccional en lógica de cuotas de poder, si la política no tiene dentro  principios ordenadores y discusión ideológica, lo cierto es que miraremos el futuro absolutamente desprovistos de cualquier posibilidad de sacar provecho colectivo.</p>
<p>En otras palabras, el político no puede aspirar a que el científico realice el trabajo de servicio que a él le corresponde.</p>
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