<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Francisca Márquez</title>
	<atom:link href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/tag/francisca-marquez/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Thu, 04 Feb 2016 17:25:03 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.4.2</generator>
		<item>
		<title>José Miguel Varas, Porái</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110926082625/jose-miguel-varas-porai/</link>
		<comments>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110926082625/jose-miguel-varas-porai/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Sep 2011 12:26:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Francisca Márquez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.cooperativa.cl/opinion/?p=11866</guid>
		<description><![CDATA[Hay relatos que fascinan por la historia que nos narran; pero hay otros, que embrujan y atrapan por la perfección de la escritura de quien teje la trama. José Miguel Varas sabía atraparnos con esa perfección, que jamás era completamente &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110926082625/jose-miguel-varas-porai/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay relatos que fascinan por la historia que nos narran; pero hay otros, que embrujan y atrapan por la perfección de la escritura de quien teje la trama.</p>
<p>José Miguel Varas sabía atraparnos con esa perfección, que jamás era completamente tal, porque se tejía de liviandad y buen humor.</p>
<p><strong>José Miguel contaba que sus relatos nacían siempre de la vida de todos los días, de los detalles que a la vuelta de la esquina se asomaban en su deambular por el mundo.</strong></p>
<p>Su cuento “Conducta de un gato” nació justamente de una tarde que caminando por Ñuñoa,  se detuvo a observar como bomberos se afanaba en bajar a un gato de una rama de un árbol, mientras su dueña esperaba con ojos llorosos.</p>
<p>Los días de José Miguel estaban plenos de cotidianeidad, a los que luego sabía dar el ritmo y la trama del relato.</p>
<p><strong>José Miguel sabía de cotidianeidad, sabía de humor, sabía de elegancia y sabía de política, de la buena y la honesta.</strong></p>
<p>Ayer, en su despedida, en esa pequeña y hermosa casa de Lynch Norte, las coronas de flores rojas y blancas nos recordaban su compromiso político y la sencillez de su vida.</p>
<p>Desde una gran foto nos observaba con esa sonrisa que nunca terminaba de anunciarse, y esos ojos grandes y soñadores.</p>
<p>Allí estaba Iris, inconsolable, pero hermosa en su tristeza; a su lado, con sus manos entrecruzadas, la pequeña viuda de Francisco Coloane.</p>
<p>Ayer y hoy, en esa casa de Ñuñoa, despedimos a Porái, andante incansable.</p>
<p><em>“Callado por la circunstancia, me fui paso a paso al lado de la Rosario. ¡Que se veía bonita de negro, la diabla! ¡Con  su velito en la cabeza, la cara bien levantada, sin mirar a ningún lado y sin llorar, iba plantando los piececitos en el suelo, uno delante del otro, firmeza como siempre&#8221;. </em></p>
<p><em>&#8220;Por el camino, cuando ya dejamos atrás el difunto, quise decir algo, un comentario, alguna cosa. La voz me salió rara y sin ánimo. Ella no contestó. Al fin quedamos solos. Por ahí se habían ido desparramando los demás acompañantes, despidiéndose con dos o tres palabras enredadas y la mano en el sombrero.”</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110926082625/jose-miguel-varas-porai/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Gonzalo Rojas, el poeta</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110714090820/gonzalo-rojas-el-poeta/</link>
		<comments>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110714090820/gonzalo-rojas-el-poeta/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 13:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Francisca Márquez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.cooperativa.cl/opinion/?p=4367</guid>
		<description><![CDATA[Escuché hablar por primera vez de Gonzalo Rojas, el poeta, en 1985 en la ciudad de Buenos Aires. En Chile eran tiempos de dictadura y protestas; y yo una joven estudiante a la que las penas de amor rondaban en &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110714090820/gonzalo-rojas-el-poeta/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escuché hablar por primera vez de Gonzalo Rojas, el poeta, en 1985 en la ciudad de Buenos Aires. En Chile eran tiempos de dictadura y protestas; y yo una joven estudiante a la que las penas de amor rondaban en exceso.</p>
<p>Fue el verano de ese año, que decidí escapar de Santiago. Provista de mi mochila tomé un bus a Mendoza y luego el tren a Buenos Aires, donde nunca había estado.</p>
<p>Allí soplaban los aires de democracia, grandes afiches en las estaciones de trenes anunciaban recitales de Joan Manuel Serrat y Leonardo Favio.</p>
<p>Sin dinero y algo perdida en esa ciudad de avenidas anchas y arquitectura imponente, fui a dar a la Librería Prometeo; alguien me había contado que su dueño era un chileno que vivía en el exilio. En plena Avenida Corrientes, encontré esta librería angosta y larga; en el fondo, apoyado en el mesón, un hombre grueso y de bigote negro.</p>
<p>Me presenté &#8211; le dije, soy chilena, busco donde poder dormir, vine a conocer Buenos Aires.</p>
<p>Me miró y sin apenas sonreír me llevó a comer a su pequeño departamento junto a su mujer y sus pequeños hijos. Me dijo, aquí no te puedo tener, pero tengo una amiga española que te alojará.</p>
<p>Sobre una de esas grandes avenidas, en un departamento amplio y luminoso, vivía Eloísa, mujer mayor, grande, de piel transparente, cabellera roja y frondosa.</p>
<p>Me recibió alegre, sonriente… Eloísa había zarpado el año 1939 de Burdeos, junto a otros dos mil españoles republicanos en el barco a vapor Winnipeg en dirección a Valparaíso.</p>
<p><strong>Años después migró junto a otros refugiados a Buenos Aires, y allí permaneció… Fue esa misma noche que escuché por primera vez hablar del poeta chileno Gonzalo Rojas. ¿Lo conoces? Yo no lo conocía, en Chile no se lo nombraba y mucho menos se lo leía… ni en la Universidad de Chile, donde yo estudiaba. </strong></p>
<p>Y fue entonces cuando por primera vez escuché su poesía. Mejor que Neruda, que  Huidobro y de Rokha…me dijo Eloísa, elevando su porte orgulloso de mascarón de proa para así dar rienda suelta a la lectura de la inmensidad de sus palabras.</p>
<p>Fue una noche entera, que Eloísa no se detuvo… amaba a Gonzalo Rojas, a quien había conocido en Buenos Aires, y con quien jugaba obstinada y amorosamente a la posibilidad remota de un reencuentro.</p>
<p>No fue sino muchos años más tarde, diez o más, que en un café de Santiago en democracia, vi y escuché a Gonzalo Rojas. No pude sino pensar en Eloísa… me acerqué y le conté tímidamente que había conocido en Buenos Aires a Eloísa, la española del Winnipeg, y con ella había aprendido de su poesía.</p>
<p>El poeta me miró sorprendido, ¿y ella vive aún? Sí, y aun habla del reencuentro y el vestido que ese día lucirá.</p>
<p>Buscó entonces entre sus papeles y documentos, se acercó a un pequeño micrófono dispuesto para él, y comenzó a recitar pausadamente “Alabanza y repetición de Eloísa”:</p>
<p>Hija de Elohim/ de quien nadie sabe/ 4 sílabas/ 4 galaxias/ y el destello/ de Eloísa a propósito de alondra, Eloísa al amanecer/ envuelta en ella misma durmiendo en/ la belleza de su espinazo, Eloísa,/ vestida de verde, Eloísa,/ infradesnuda a los 20 años, sentada/ acostada, Eloísa flexible/ derramada como una copa, Eloísa/ cerrada y por lo visto obsesa, Eloísa/ ociosa de José Ricardo, airosa/ y quebradiza de él, Eloísa/ cortada en flor por la guerra, Eloísa infanta/ piel de Lérida, alada al azar/ en la ventolera del Winnipeg, Eloísa/ parada en la borda, anclada, alumbrada/ por ella misma, Eloísa/ posesa de ojos castaños que hubieran sido los del éxtasis/ de la mismísima Magdalena/ de Ribera de Játiva de no ser/ el ser de Eloísa volando como saliendo a los 20, atrapada/ en el rapto de aquesa España dulcísima y/ tristísima fuera/ de España, envuelta/ en ella misma paseando sola/ entre los arrecifes, durmiendo/ en estas líneas,/diamantinamente/ durmiendo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110714090820/gonzalo-rojas-el-poeta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Llueven poemas sobre nuestras ciudades</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110619081610/llueven-poemas-sobre-nuestras-ciudades-del-trabajo-de-casagrande/</link>
		<comments>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110619081610/llueven-poemas-sobre-nuestras-ciudades-del-trabajo-de-casagrande/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 12:16:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Francisca Márquez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.cooperativa.cl/opinion/?p=2841</guid>
		<description><![CDATA[Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.Se debe escribir en una lengua que no sea materna.Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110619081610/llueven-poemas-sobre-nuestras-ciudades-del-trabajo-de-casagrande/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.</em><em>Se debe escribir en una lengua que no sea materna.</em><em>Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte.</em><em>Un poema es una cosa que será.</em><em>Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.</em> <em>Vicente García Huidobro, Altazor, 1</em>931</p>
<p>Una fría noche de noviembre del año 1943, el sonido ronco de 444 aviones surcó el oscuro cielo de Berlín.</p>
<p>Era el primero de una serie de 16 ataques y bombardeos mortíferos a una ciudad vencida y despedazada.</p>
<p>Una cálida noche de agosto del año 2010, el motor de un helicóptero llena los cielos de Berlín. Un hombre escudriña inquieto la oscuridad del firmamento, fragmentos de papel flotan sobre su cabeza, levanta los brazos, los alcanza, busca la luz, lee, llora, abraza a una mujer y allí permanecen… suspendidos en ese cielo, en ese bombardeo de poemas alemanes y chilenos sobre el suelo de una ciudad alborotada y festiva.</p>
<p>Dos imágenes, desplazadas en el tiempo. Más de medio siglo separan los bombardeos de guerra de aquellos bombardeos de poemas que los jóvenes poetas chilenos de CASAGRANDE &#8211; realizan desde el año 2001 sobre los cuerpos adoloridos de ciudades como Santiago, Guernica, Dubrovnik, Dresden, Nagasaki… y Berlín.</p>
<p><strong>Bombardear las ciudades desde los cielos, ha sido históricamente, abrazar en llamas sus sueños, sus deseos y sus nombres. Bombardear las ciudades de poemas es hoy, interpelarlas en esos mismos sueños y deseos abortados, ocultados, censurados&#8230; una apuesta y un afán para volver a nombrar e imaginar. </strong></p>
<p>Poemas revestidos de marcalibros, que en su movimiento caen suavemente desde el cielo abriéndonos a una multiplicidad de sentidos, de movimientos corporales, de sonrisas y de lágrimas,desordenando las certezas y abriéndonos a la esperanza de un abrazo social. Movimientos festivos del cielo que “hacen hablar” nuevas miradas de la política, de la historia y de la cultura.</p>
<p>Movimientos metafóricos que exacerban el desborde de lo político, y anuncian la imposibilidad contenedora de lo nacional, lo urbano. Es cultura que se gesta sobre nuestras cabezas para suspender lo rutinario y despertar al homo ludens que yace dormido en esa memoria del olvido.</p>
<p>Bombardear las ciudades de poemas escritos en otras lenguas, es una invitación al descentramiento para abrirse a una perspectiva crítica de la herida infligida, porque no hay manera de sanar si ella no sangra; suturar la herida, exige del gesto y el acto de raspar, limpiar, desinfectar  lo que fue abierto y violentado.</p>
<p>Emplear la imaginación poética en estas ciudades bombardeadas y saqueadas, hace estallar la memoria enquistada en el temor a la palabra, a la designación de la herida en el cuerpo colectivo y urbano.</p>
<p>Acoger los poemas que se nos lanzan del cielo y las nubes &#8211; subvirtiendo así el espacio aéreo &#8211; es atreverse a levantar los brazos para abrazarnos en esa memoria que por dolorosa, hemos enquistado y negado.</p>
<p>Acto reparatorio – doloroso y festivo &#8211; que nos vuelve la mirada a ese mismo cielo, pero esta vez, invocándolo como se invoca a los buenos dioses. <strong>Casagrande</strong> nos regala esta posibilidad, haciendo del cielo y el aire, un espacio otro, pero común y soberano para la representación y concelebración del trauma que por generaciones hemos mantenido ocultos en las trastiendas de la nación.</p>
<p>Celebración amorosa del dolor colectivo que nos recuerda que la imaginación poética – intuición creativa – está ahí sobre nuestras cabezas para develar lo que el pensamiento político y la estrategia militar, no pudieron hacer ni comprender.</p>
<p>Poética del poder, poética de la memoria que <strong>Casagrande</strong> nos ofrece como acto de reparación de las memorias hipertrofiadas de horror, de silencio y de olvido.</p>
<p>Poética y emoción colectiva que tensiona la razón y nos retrotrae a la experiencia aun dolorosa de lo vivido. El trauma de esa experiencia primera se vuelve entonces sensiblemente nuestra, colectiva, universal, global. Desde Santiago a Guernica, desde Santiago a Dresden, desde Santiago a Berlín…poética sin fronteras en la concelebración de su dolor.</p>
<p>Los jóvenes poetas de <strong>Casagrande</strong> nos regalan así un lugar para la imaginación y la emoción literaria en la vida pública; la poesía deja de ser ornamentación, y nos abre a la poética del poder y el ensanchamiento del campo de lo posible.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110619081610/llueven-poemas-sobre-nuestras-ciudades-del-trabajo-de-casagrande/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De secretarias, uniformes y silencios</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110613092337/de-secretarias-uniformes-y-silencios/</link>
		<comments>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110613092337/de-secretarias-uniformes-y-silencios/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 13:23:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Francisca Márquez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.cooperativa.cl/opinion/?p=2469</guid>
		<description><![CDATA[Fue en el verano del año 1984, en dictadura. Yo era una joven estudiante universitaria, y hacía un trabajo de verano como secretaria de una prestigiosa oficina de abogados de la calle Amunátegui. Ese año conocí el valor del uniforme &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110613092337/de-secretarias-uniformes-y-silencios/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fue en el verano del año 1984, en dictadura. Yo era una joven estudiante universitaria, y hacía un trabajo de verano como secretaria de una prestigiosa oficina de abogados de la calle Amunátegui.</p>
<p>Ese año conocí el valor del uniforme para los empleados de las céntricas oficinas del centro de Santiago. Éramos cinco secretarias, pero en el ascensor de la mañana éramos muchas más. Todas usaban uniforme, salvo yo como reemplazante que era.</p>
<p>Recuerdo que las secretarias se asemejaban entre ellas: trajes de dos piezas, colores suaves, faldas ajustadas a la rodilla, blusas blancas, botones dorados, zapatos reina de tacones medianos, carteras al hombro. Los ascensores de la mañana colapsaban de jóvenes secretarias y estafetas cuidadosamente vestidos y peinados. Por el color de sus uniformes se identificaba a quienes venían de una misma oficina.</p>
<p>El verano terminaba, y entre los afanes del día, conversación obligada era el próximo uniforme que se usaría en invierno. Eran ellas las encargadas de elegir el modelo entre los catálogos que el jefe de personal les entregaba. Las discusiones eran largas y acuciosas; pero una sola cosa estaba clara, todos y todas agradecían el uniforme que la oficina les ofrecía.</p>
<p>El uniforme era indiscutiblemente economía al ingreso; pero era también identidad. Se sabía por el color, la calidad y los detalles (más que el diseño) quien provenía de que oficina; el uniforme hablaba del status y la situación laboral de quien lo llevaba.</p>
<p>Solía ocurrir que entre la secretaria del gerente y el resto, pequeños detalles anunciaban las jerarquías y pequeños privilegios dentro de ese mundo. Pero por sobre todo, el uniforme como lo dice su nombre, dejaba poco lugar para la improvisación y el equívoco; quien lo usa, sabe siempre que vestirá lo correcto, lo adecuado al lugar y a lo que se espera de ella o él.</p>
<p>El uniforme uniforma, y así también oculta los propios orígenes, el habitus, la vulnerabilidad o precariedad en la que la gran mayoría de esas secretarias vivía y vive. Allí aprendí que antes de bajar de la micro, ellas se cambiaban sus viejos zapatos por los del uniforme, borrando así toda evidencia del polvo del propio barrio, de la propia población.</p>
<p>El uniforme era también arma de conquista y seducción. A las 13:00 hrs. en punto, cuando el cambio de guardia ocurría en las puertas de la Moneda, las secretarías de ese edificio de Amunátegui, se desplazaban en pequeños grupos, a la conquista de la mirada rápida y seductora de los guardias de palacio elegantemente uniformados.</p>
<p><strong>A la Moneda de esos tiempos, ellas parecían no temerle, el encandilamiento de esos uniformes de palacio parecía silenciar todo temor o gesto de desacato a la dictadura. En este juego de conquista de los guardias, no siempre se ganaba; la gran mayoría de ellas se contentaba con sentir sobre sus cuerpos enfundados en los estrechos uniformes la llovizna de la fuente de agua que aliviaba el calor de mediodía. </strong></p>
<p>El uniforme era también un principio de distinción, que quedaba en evidencia cuando entrábamos a almorzar al casino de Impuestos Internos, donde el gris de los empleados, la gran mayoría hombres, se reavivaba con el suave colorido de las secretarias.</p>
<p>Allí las miradas importaban, deslizándose entre mesas, bandejas y ternos grises, ellas calculaban en un rápido abrir de ojos, el lugar a ocupar. Pero era solo después de almuerzo que el uniforme tenía su revancha; aún quedaban quince minutos para recorrer el Paseo San Agustín y dejar volar la imaginación entre vitrinas de sostenes y calzones de encaje.</p>
<p>Era ahí, en ese mismo momento, donde la subversión a la uniformidad pacata y apastelada del uniforme, dejaba lugar al rojo, al rosado, al negro y al verde nilo de esas pequeñas prendas.</p>
<p>Las vitrinas de la galería San Agustín envalentonaban el erotismo de ese caluroso verano de la dictadura y abrían hacia las ensoñaciones del consumo. Nadie escapaba a la seducción de esos colores y texturas, entre risas y susurros la codiciada mercancía circulaban de mano en mano, y las carteras regresaban al trabajo llevando alguna prenda que perturbaba la monocromía de esos tiempos.</p>
<p>Economía, identidad, status y silencio frente a las huellas de la dictadura en los cuerpos eran los principios del uniforme que esas jóvenes secretarias lucían orgullosas y obstinadas en su empeño de acceso a la siempre esquiva modernidad.</p>
<p>Vestir y lucir un uniforme era la evidencia que – a pesar de los tiempos de pobreza, precariedad y disciplinamiento -, se tenía un trabajo, y no cualquiera.</p>
<p>Un trabajo que plasmaba sobre el propio cuerpo, los sueños de la clase media trabajadora de este país. El uniforme era y es el símbolo de pertenencia y afiliación, aunque fútil y precario, a la condición salarial.</p>
<p>El uniforme de aquellos tiempos – y posiblemente el de hoy &#8211; participaba de la paradoja de un modelo que premiando somete; y donde la ilusión de la distinción, la libertad y la emancipación por el mercado se estrellaba irremediablemente con la añoranza de un Estado protector.</p>
<p>Son las paradojas que durante todo el siglo XX encubó el ideario del empleado y empleada de cuello blanco.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110613092337/de-secretarias-uniformes-y-silencios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Plaza Italia: conmemoración, disputa y seducción</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110604113005/plaza-italia-conmemoracion-disputa-y-seduccion/</link>
		<comments>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110604113005/plaza-italia-conmemoracion-disputa-y-seduccion/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 04 Jun 2011 15:30:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Francisca Márquez]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.cooperativa.cl/opinion/?p=2133</guid>
		<description><![CDATA[Cuenta la historia de Chile, que la fundación de Santiago el año 1541, se emplazó al sur de la ribera del río Mapocho, entre el curso de éste y un brazo seco que más tarde formaría la cañada o alameda &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110604113005/plaza-italia-conmemoracion-disputa-y-seduccion/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta la historia de Chile, que la fundación de Santiago el año 1541, se emplazó al sur de la ribera del río Mapocho, entre el curso de éste y un brazo seco que más tarde formaría la cañada o alameda de la ciudad. Es en este vértice, donde ambos ríos se separan y dan forma a la <em>isla, </em>que siglos más tarde, en 1875, el intendente Vicuña Mackenna mandará a construir la Plaza de la Serena: para <em>ordenar y enriquecer la urbanidad </em>de Santiago.</p>
<p>A pocos pasos, el monumento al guerrillero Manuel Rodríguez, de la escultora chilena Blanca Merino. La plaza simbolizará desde aquellos tiempos, los esfuerzos de ordenamiento y planificación urbana de la capital; no debe sorprender entonces, que por ella pase el camino de cintura que establece la frontera entre la <em>ciudad propia </em>y <em>la ciudad bárbara</em>.</p>
<p>Lugar de conmemoraciones y disputa por parte de héroes, arcángeles y muchedumbres&#8230; la plaza será durante años objeto de cambios en su fisonomía y su nombre. A 400 años del descubrimiento de América, se anuncia este devenir siempre cambiante; la plaza es refaccionada, ampliada y rebautizada con el nombre de Plaza Colón.</p>
<p>En 1910, para el primer bicentenario de la República, la colonia italiana dona a la ciudad de Santiago el <em>Monumento al Genio de la Libertad </em>del artista Roberto Negri.</p>
<p>Es entonces que el lugar es denominado Plaza Italia. El monumento, alegoría a la libertad de la joven República, muestra a un ángel que levanta una antorcha mientras acaricia el lomo del felino que lo acompaña en su marcha hacia la emancipación. El monumento permanece hasta 1928 en el centro de la plaza, antes de ser desplazado por la escultura del General Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia. Al General y su caballo se lo ubica entonces del lado Sur Oriente de la plaza, al frente de la desaparecida Estación Ferroviaria Pirque.</p>
<p>Hoy, ambos monumentos se emplazan de manera casi paralela, entre el río Mapocho y el parque Bustamente. Así comienza una confusión nominal que hasta la actualidad permite que sea indistintamente denominada como Plaza Italia o Plaza Baquedano.</p>
<p>Lo cierto es que la historia de Plaza Italia, es la historia de un derrotero en el cual las imágenes y monumentos institucionales se suceden en busca de la construcción de una memoria oficial e institucional centrada en los referentes propios de la historia nacional. Sin embargo, no es sino hasta los años treinta, con la estampida de las élites desde el centro hacia el oriente de la ciudad, que Plaza Italia deja de ser sólo un hito histórico institucional, y se vuelve frontera simbólica de una ciudad fragmentada de <em>los de arriba y los de abajo</em>, de los barrios altos y los barrios pobres; el punto cero desde donde la ciudad se orienta. A la disputa por la instalación de monumentos de conmemoración de la Nación, se le añade el referente territorial y simbólico de la fragmentación urbana.</p>
<p>Plaza Italia &#8211; ombligo entre el oriente y el poniente -, ya no solo ordena la ciudad, sino que además se convierte en referente obligado para las muchedumbres que desde uno y otro punto de la ciudad acuden a ella para conmemorar y protestar.</p>
<p>Plaza Italia se vuelve entonces, el espacio público que congrega al citadino y ciudadano en su diversidad.</p>
<p>Confluencia espontánea que paradojalmente no encontramos frente al Palacio de la Moneda, ni en la Plaza de la Ciudadanía, ni en la Plaza de Armas o la Catedral de Santiago. Situada en el cruce de las avenidas Providencia, Alameda y Vicuña Mackenna y Pio Nonno, Plaza Italia se constituye en frontera y escenario para manifestaciones espontáneas de un pueblo que así como conmemora y festeja, también reclama: por el retorno de la democracia, por el triunfo del NO, por los derechos de las mujeres, por la muerte del dictador, por la despenalización de la marihuana, por los derechos de la Diversidad Sexual, por los ataques del ejército israelí en la Franja de Gaza, por la memoria de un joven neonazi asesinado, por el triunfo por goleada de Chile sobre Bolivia, por la revolución pingüina, por la clasificación a un mundial, por el derecho a la educación pública, por el día del trabajador, por un presidente electo, por la matanza de Santa María de Iquique&#8230;</p>
<p><strong>A Plaza Italia se acude cuando la celebración se desea colectiva, abierta, disruptiva del orden y del tránsito urbano, rápida, fugaz y siempre presta a su disolución en la huída. </strong></p>
<p>Plaza Italia convoca como ágora que da sentido al movimiento, a las voces y a los gestos de muchedumbres siempre difusas. Las fracturas sociales adquieren en este territorio –siempre abierto en sus cuatro vías de escape &#8211; la posibilidad de expresión y catarsis. En Plaza Italia, la urbanidad se hace partícipe de un espectáculo, que le devuelve – por algunos minutos u horas &#8211; la ilusión de la comunidad perdida; y en un mismo movimiento, las evidencias de su imposibilidad.</p>
<p>Por un momento, las identidades urbanas se abren y se muestran en la fiesta y el dolor del estar ahí con todos y entre todos. Hasta que el gesto de destrucción y vandalismo, nos recuerda la imposibilidad de representación y superación de esa frontera histórica que es la comunidad de la distancia y los desiguales. Plaza Italia nace y perdura en su ambigua condición de territorio de encuentro y disputa.</p>
<p>Plaza Italia, en estos términos, es la invitación siempre abierta para que <em>los de arriba y los de abajo</em>, imaginen y concelebren otras posibilidades de existencia urbana y democrática.</p>
<p>La dramatización colectiva nos recuerda que el drama urbano está en la calle, y que a pesar del orden, del control y de la planificación, la condición de lo urbano es el movimiento y el conflicto.</p>
<p>Como bien nos recuerda Humberto Giannini (2008), pasamos por la calle, no estamos en ella. Y justamente <em>estar en la calle </em>significa quedar expuestos a los riesgos de la contingencia que la calle simboliza. Acudir a la calle y a la plaza es siempre riesgo de extravío en esa muchedumbre que acude para mostrar, convencer, ofrecer, ofrecerse, amenazar, seducir, confundir y perder a aquel que iba distraídamente por lo suyo.</p>
<p>La calle constituye el ámbito de la absoluta igualación ontológica entre los que van y vienen por ella. Es, por tanto, el lugar privilegiado de la ciudadanía.</p>
<p>En una ciudad segregada como la nuestra, ocupar la calle es un gesto de valentía, de hacer correr la imaginación y de ofrecerse a una alteridad que en los fragmentos de nuestra ciudad dispersa no encontraremos. En Plaza Italia -ombligo y punto de confluencia -, se condensa la esencia de nuestra condición urbana.</p>
<p>Podremos alegar que esta muchedumbre difusa, apasionada y desorganizada que acude a Plaza Italia para participar y conmemorar, a menudo queda a medio camino entre la manifestación espectacular y el acto efímero. Pero lo que no podemos negar, es que a la <em>plaza </em>siempre se regresa, una y otra vez. Porque el gesto colectivo y espontáneo prevalece sobre el orden establecido; y convierte ese momento en una festividad que dibuja un espacio y un tiempo de libertad y expresión de aquello que la desgarra. En este escenario siempre abierto, que es Plaza Italia, la alteración del orden urbano cotidiano y la visibilización de actores y sus gestos, constituyen una invitación a poner en escena nuevas y diversas imágenes y sentidos.</p>
<p>Es este momento el que otorga a Plaza Italia su carácter de espacio público, entendido como espacio siempre en pugna, siempre en construcción, siempre en conquista y disputa por parte de citadinos que impugnan el propio lugar en su ciudad.</p>
<p><em>Bibliografía <img src='http://blogs.cooperativa.cl/wp-includes/images/smilies/icon_biggrin.gif' alt=':D' class='wp-smiley' /> uvignaud, Jean, 1970, Espectáculo y Sociedad, Ed.Tiempo Nuevo, Caracas.Giannini, Humberto, 2008, Una ciudad para el paso humano, En: Maximiliano Figueroa, Entrevista, Rev. Pensamiento Contemporáneo, N°116, sept,oct,nov, pp.95-98.Salazar, Criss, 2008, El monumento de la Colonia Italiana: Triste reflejo de nuestra bicentenaria independencia, http://urbatorium.blogspot.com</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/politica/20110604113005/plaza-italia-conmemoracion-disputa-y-seduccion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
