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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Claudia Mora</title>
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		<title>“Tomemos decisiones informadas”</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 14:37:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Claudia Mora]]></category>

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		<description><![CDATA[La frase de la ministra del trabajo Evelyn Matthei, vertida sobre el manejo individual de los fondos previsionales, captura el absurdo que puede alcanzar la versión nacional del modelo actual de sociedad. Chilenos comunes y corrientes debemos pretender entender de &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/economia/20111010103750/tomemos-decisiones-informadas-o-formulas-de-seduccion/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La frase de la ministra del trabajo Evelyn Matthei, vertida sobre el manejo individual de los fondos previsionales, captura el absurdo que puede alcanzar la versión nacional del modelo actual de sociedad.</p>
<p><strong>Chilenos comunes y corrientes debemos pretender entender de la Bolsa y del juego accionario, manejando los fondos AFP del A al E , dependiendo de nuestras apreciaciones del comportamiento del mercado. </strong></p>
<p>El corolario de nuestra responsabilidad bursátil sería entonces, que cada uno no tiene sino que culparse a sí mismo, si sus ahorros se evaporan en un abrir y cerrar de ojos.</p>
<p>Este efectivo truco (o seducción) refleja la invencible capacidad de legitimación del modelo, definiendo reglas de juego que nos hacen sentido como sujetos autónomos y con opciones –que supuestamente, somos.</p>
<p>Ya el sociólogo francés LucBoltansky nos advirtió sobre el mecanismo de sobrevivencia del capitalismo, basado en su adaptación a los tiempos y culturas donde se desarrolla.</p>
<p>Así, en su versión actual, el modelo privilegia la lógica del sujeto self-made que tanto nos acomoda imaginar. Cada cual es el artífice de su destino.</p>
<p>El Estado no tiene rol –o uno reducido- en el juego, porque ‘no olvidemos que la intervención del Estado fue parte de un experimento marxista que llevó al país al borde del abismo’.</p>
<p>La fórmula de legitimación sería simplemente irrisoria si no fuera porque tiene un efecto brutal en todos los que participamos del juego, y no hay forma de no hacerlo.</p>
<p><strong>No sólo porque nos tenemos que convertir en corredores de bolsa in promptu, sino que porque, gustándonos ser reconocidos como eficientes de esta manera, las desigualdades e injusticias derivadas no son responsabilidad de nadie más que de nosotros mismos. </strong></p>
<p>Claro, “deberíamos saber cómo se comporta el mercado”.</p>
<p>Somos  “negligentes”. O “estúpidos”. Pero es responsabilidad propia, sin duda.</p>
<p>Son precisamente estos mecanismos de legitimación los que requieren ser desenmascarados –así como los discursos políticos y de otra naturaleza que les sirven de apoyo.</p>
<p>Porque, ¿cómo es que consideramos justa la potencial pérdida de nuestra jubilación si no manejamos bien los vaivenes de la bolsa?</p>
<p>¿Cómo es que un sistema que no sólo no funciona para la mayoría, sino que beneficia exclusivamente a una minoría, continúa siendo considerado moral y justo?</p>
<p>Una lógica similar –pero que ya hace agua- está detrás de la justificación del lucro en la educación y el lucro en el sistema de salud. El absurdo se hizo evidente en la educación.</p>
<p>Ser cliente de un servicio que entrega capacitación dejó de ser razonable para la gran mayoría de los chilenos.</p>
<p>¿Lo será pronto el sinsentido del pago forzado a instituciones que cosifican la salud de la población?</p>
<p>¿Existe la posibilidad de que reemerja la noción de derechos fundamentales protegidos y garantizados por el Estado que, después de todo, adquiere legitimidad a cambio de esta protección que es supuestamente su razón de ser?</p>
<p>¿O, como nos aconseja la Ministra, continuaremos tomando las mejores y ‘más informadas decisiones’ como partícipes del mercado donde se transan nuestros derechos?</p>
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		<title>Cuidado con  el despropósito de la etiqueta “mujer empoderada”</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 14:52:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Claudia Mora]]></category>

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		<description><![CDATA[En una columna publicada en un matutino hace algunos días, se advierte sobre las mujeres empoderadas y sus desventajas como pareja. Se dice: atractivas, divertidas, buenas amigas y amantes, pero a la vez incompatibles a largo plazo con la vida &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/sociedad/20110812105203/cuidado-con-el-desproposito-de-la-etiqueta-mujer-empoderada/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una columna publicada en un matutino hace algunos días, se advierte sobre las mujeres empoderadas y sus desventajas como pareja.</p>
<p>Se dice: atractivas, divertidas, buenas amigas y amantes, pero a la vez incompatibles a largo plazo con la vida en común.  Una mujer dueña de sus tiempos, con el trabajo como prioridad y sin el vestido de novia en la cartera  es un afrodisíaco, pero los estudios muestran que se divorcian más, que son menos receptivas a tener hijos, que son más infieles y que sí, sus casas están más sucias.</p>
<p>El trabajo lo sería todo para esta mujer moderna y las pequeñeces de la intimidad son solo eso. Pequeñeces.</p>
<p><strong>Esto escrito sin duda desde un lugar de reclamo masculino en Chile, refleja bien las tensiones de nuestros tiempos: por un lado, el reconocimiento (y resignación) a transformaciones sociales que afectan el significado y <em>performance</em> del género -la forma de leer nuestras prácticas como femeninas o masculinas; y por otro, el malestar asociado a la pérdida de lo predecible, en este ejemplo, lo tradicional y confortante de la mujer esposa-madre.</strong></p>
<p>Pero, ¿tiene algo de razón? ¿O es, como algunos de los lectores reclaman, otra expresión más de la añeja misoginia que afecta abiertamente a un porcentaje no despreciable de compatriotas &#8211; y a otros que, simplemente, han aprendido a aplicar mayores niveles de filtro de lo políticamente correcto? (Después de todo, nos indica, hasta las feministas añoran un buen proveedor).</p>
<p>Primero, en lo que tiene razón:</p>
<p>El país se ha ‘feminizado’ –hay un mayor porcentaje de mujeres, aunque no significativamente.  Con mayor precisión,  se ha  normalizado la presencia de mujeres en ámbitos más allá de la familia, como el trabajo, política, arte, medios, academia y ciencia.</p>
<p>Las mujeres chilenas, o un porcentaje creciente de ellas, valoran el trabajo arduo y el reconocimiento que de ello puede hacerse en el mundo ‘público’.</p>
<p>Muchas no limpian su casa ni cocinan –y lo que es peor, no les importa. Aún más, sus vidas las satisface plenamente y, de tener un compañero, éste debe serlo en el completo significado de la palabra.  Un amigo, un amante, un confidente. En suma, un par.</p>
<p>En lo que yerra el columnista e invita a  la reflexión:</p>
<p>Insiste en el paradigma ‘tradicional’ de género –por nombrarlo de alguna manera- donde el énfasis es descubrir qué efecto tiene para el hombre emparejarse con una mujer ‘tradicional’ versus una ‘empoderada’.</p>
<p>O más bien, lo malo que puede ser para el hombre dejarse seducir por las bondades de la mujer independiente, que luego no será feliz dejando el trabajo para cuidar de los hijos y para quien el valor del matrimonio está a la par de la valoración masculina.  El equivalente femenino de este esquema sería la mujer que finalmente, pondera en el hombre su capacidad de proveer por sobre todo.</p>
<p><strong>A pesar del fraseo progresista, esta perspectiva no es sino la re-edición del viejo patrón  ‘las mujeres a la cocina y los hombres a la oficina”.</strong></p>
<p>¿Porqué no plantear lo difícil que es compatibilizar un trabajo demandante y competitivo con los deseos de intimidad tanto de hombres como mujeres?</p>
<p>¿Porqué no plantear que, en una sociedad de cambios emergentes, es necesario que todos nos reinventemos y abandonemos  la tolerancia –o al menos anestesia- a la desigualdad?</p>
<p>¿Porqué no considerar la posibilidad de que todos podemos sentir pasión por el trabajo y por otros quehaceres?</p>
<p>El tránsito de hombres y mujeres a dimensiones de acción históricamente nuevas ha significado un desafío a las certezas de antaño que ameritan ser analizadas desde la visión de todos los afectados, no sólo desde lo que las mujeres pueden contribuir a la vida de los hombres (hijos, casa limpia), ni viceversa (protección, dinero).</p>
<p>He ahí el despropósito de insistir en la mujer empoderada (¿versus la sumisa?).</p>
<p>Y es que el mínimo aporte de esta generación -la del columnista y la mía, que ha vivido cambios de todo lo público y también de lo íntimo- es convertirnos en verdaderos revolucionarios, y sin blindaje de lo políticamente correcto, forzarnos a mirar el mundo desde un punto que no es el cómodamente nuestro.</p>
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