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	<title>Opinión en Cooperativa&#187; Carlos Moena</title>
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		<title>Armstrong, primer hincha en la Luna&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Aug 2012 19:22:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8230;y nada menos que de un club argentino! No es muy conocida la historia de que los primeros hombres en pisar el queso celestial llevaron consigo el banderín (y tal vez sus credenciales de socio) del célebre Club Atlético Independiente, &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/internacional/20120827152205/armstrong-primer-hincha-en-la-luna/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8230;y nada menos que de un club argentino! No es muy conocida la historia de que los primeros hombres en pisar el queso celestial llevaron consigo el banderín (y tal vez sus credenciales de socio) del célebre Club Atlético Independiente, los famosos Diablos de Avellaneda.</p>
<p>En 1969, el Secretario General del club, Héctor Rodríguez, a través de la embajada argentina en USA, consiguió las fotos (con traje de astronauta) de Armstrong, Aldrin y Collins, y los tres intrépidos fueron nombrados socios honorarios del Rojo: Neil Armstrong (socio 80.400), Edwin &#8220;Buzz&#8221; Aldrin (socio 80.399), y Michael Collins (socio 80.401).</p>
<p><strong>Días antes del lanzamiento (16 de Julio de 1969 a las 9:32, hora local del este), un voluminoso paquete (de color rojo, digamos en favor del mito) llegó desde muy al sur a las oficinas de la NASA, remitido por la embajada norteamericana en Buenos Aires. En el había, perfectamente envueltos y planchaditos, los tres carneses de socio, y uniformes completos del equipo para todos los hijos varones de los astronautas, además de las piezas claves de esta historia: tres banderines del rojo.</strong></p>
<p>Toda estas maniobras y volteretas no habrían pasado de ser otra típica<em> argentinada</em> más, pero el hermoso remate de la historia es que, efectivamente, el mismísimo Armstrong llevó consigo su banderín de Independiente hasta la luna, y quién sabe si no lo tendría dobladito en un bolsillo de su traje espacial mientras desenrollaba la bandera oficial que sí tenía que poner para la foto.</p>
<p>Al volver a la Tierra, el viejo Neil expresó a través de una carta su <em>“deseo de visitar Buenos Aires pronto y que las circunstancias le permitan aceptar su invitación de visitar el club”;</em> algo que casi se concretó cuando los astronautas pasaron por Argentina en su gira mundial de celebración.</p>
<p>Y si bien no fueron a la cancha, sí invitaron al tremendo Héctor Rodríguez a una recepción en la embajada gringa, y le contaron que el emblema del rojo fue el primer grito de gol en nuestro satélite.</p>
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		<title>Charly García en el Gran Rex</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2011 10:37:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando íbamos llegando al Rex había una tremenda multitud, y por supuesto, también las potentes LED de los móviles de la tele (hay que decirlo: que tanto más fácil nos han hecho la pega desde su reciente invención).Y como parodiando &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20111029063715/charly-garcia-en-el-gran-rex/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando íbamos llegando al Rex había una tremenda multitud, y por supuesto, también las potentes LED de los móviles de la tele (hay que decirlo: que tanto más fácil nos han hecho la pega desde su reciente invención).Y como parodiando a los noteros  -bichos que aquí se reproducen como hongos-, la Gaby me pregunta: &#8220;y vos, qué esperás para este show?&#8221;.Yo le contesté de verdad (y en chileno): &#8220;la verdad, con este h… sólo espero lo mínimo: que arranque a la hora, que cante, y que llegue hasta el final&#8230;&#8221;. Y cuán felizmente equivocado estaba en mi prejuicio-ni-tan-prejuicio.</p>
<p>Anoche fue la cuarta vez que veo a Charly García en mi vida, y por lejos, la más emocionante. Y no es que no haya tenido emoción las veces anteriores. En noviembre de 1987 un trágico accidente acabó con la vida de un compañero de nuestro curso en el colegio, algo que no debería pasarle a nadie cuando tiene 16 años&#8230; y menos si se llama igual a uno y llegan los telefonazos a casa.El día del responso de Carlos, tocaba Carlos Alberto García Moreno en el Estadio Chile, y de la misa nos fuimos directo a su concierto -teníamos innegables invitaciones con dos amigos más-, y justo García salió a escena tirando ramos de flores al público&#8230; parte de la religión.</p>
<p>Seis años más tarde, se apareció de improviso con toda su banda en &#8220;La Rockola&#8221;, muy tarde esa noche en que estrenábamos el video &#8220;De Sudor y Ternura&#8221;, y pudimos verlo tocar &#8220;In-A-Gadda-Da-Vida&#8221; y otras peladas de cable más, ahí mismo y delante de nosotros a distancia de brazo.Minutos antes había estado Gustavo Cerati viendo el show -no se cruzaron, pero, ¿se imaginan?-, y nosotros no podíamos más.Y con todo lo impactante y sudorosa que estuvo esa experiencia, fue una tocata desordenada y caótica: Charly estaba demasiado puesto.</p>
<p>En diciembre de 2000, cuando volvieron los Sui Generis con su gira de reencuentro al velódromo, vimos un show frío y desencontrado.Mestre trataba de entregar dignidad y nostalgia mientras Charly&#8230; se había pintado la cara plateada, como la carátula de &#8220;Influencia&#8221; (por venir).Lo mejor esa noche fueron las burlas que le hizo García a Nito cuando invitó a su amigui Eduardo Gatti a escena. Además, alguien en el público gritó ¡&#8221;Los Momentos!&#8221;. Yo me cagué de risa, y no recuerdo mucho más.</p>
<p>Pero anoche fue diferente. Anoche vi un concierto de Charly García rodeado de tres mil argentinos, y fue lo más. En el primero de seis conciertos para celebrar su cumpleaños número 60, García se presentó con su nueva banda, The Prostitution, haciendo un recorrido por 60 de sus canciones (20 por noche, en tres shows dos veces: &#8220;La Vanguardia es Así&#8221;, &#8220;Detrás de las Paredes&#8221;, y &#8220;El Ángel Vigía&#8221;). Con diez músicos en escena, entre ellos nuestro compatriota &#8220;el John Bonham chileno&#8221;, dijo, no decepcionó por ninguna parte. Estuvo lúcido, cómico, y encantador.</p>
<p>&#8220;Tango en Segunda&#8221;, &#8220;Funky&#8221;, &#8220;Demoliendo Hoteles&#8221;, &#8220;Eiti Leda&#8221;, &#8220;Los Dinosaurios&#8221; (&#8220;ya desaparecieron!&#8221;, genial), etc., etc&#8230; Con cada canción se me erizaban los pelos, y hasta sentí enorme satisfacción y curiosidad con hartas que no conocía del repertorio más dosmilero al que nunca le di tanta pelota. Y sobretodo el intervalo, cuando la voz de la actriz Graciela Borges leía versos de canciones que así sin música adquieren de pronto el sentido y la estatura que a veces el chicle pop esconde.</p>
<p>Recibir esa enorme dosis de argentinidad-en-buena (cuando son simpáticos y se relajan y dejan de compararse), fue bienvenido y revelador y balsámico, y hasta casi me dieron ganas de cantar &#8220;o juremos con gloria morir&#8221;.Pero no. En todo caso, si alguien viene este finde o la semana próxima: no lo duden ni por un segundo y paguen lo que sea en la reventa. Es el más grande y say no more.</p>
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		<title>Al final de este viaje</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 16:46:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo vuelve donde partió hace una semana: cruzar la cordillera de Los Andes. Pero esta vez -es raro decirlo-, hacia mi hogar&#8230; en Baires. De verdad, es muy divertido pasar de incógnito por la ciudad de uno (bueno, la ex), &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110801124603/al-final-de-este-viaje/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo vuelve donde partió hace una semana: cruzar la cordillera de Los Andes.</p>
<p>Pero esta vez -es raro decirlo-, hacia mi hogar&#8230; en Baires. De verdad, es muy divertido pasar de incógnito por la ciudad de uno (bueno, la ex), sin llamar, sin avisar, sin contarle a los demás que uno está aquí de visita. Felizmente mi contaminado Santiago nos recibió ese sábado con glorioso cielo azul post-lluvia y pudimos dedicarle siete horas de turismo express en el auto pre producido de antemano desde la oficina.</p>
<p>Mientras Osvaldo el chofer nos paseaba, yo me enorgullecía de la cordillera nevada, de las calles limpias, de la ordenada civilidad y quizás de qué otra pelotudez que habré dicho.</p>
<p>Juan se sonreía con esa paciencia suya, y Ruso se lo perdió porque ya conocía <em>the city</em> y se fue directo a la calle San Diego a buscar accesorios para su ciclística vida.</p>
<p>Yo llevé a toda velocidad a Juan a través de La Moneda, el centro y Lastarria ,no por ver mi ex-barrio ondero, sino para tocarle el timbre a Javier, que no estaba; y después nos juntamos todos de nuevo en el Mercado Central, donde de nuevo tuvieron que soportar mi cantinela sobre la corriente de Humboldt y la abundancia de mariscos, y el vino blanco, y toda la <em>payasá</em>. &#8220;Desde que te conozco, chileno, nunca te vi más feliz&#8221;, dijo Juan.</p>
<p>Bajamos el almuerzo pedorreándonos de lo lindo por el cerro San Cristóbal, en un atardecer magnífico y muuuy frío que sirvió para las últimas fotos. También se siente ajeno ser turista en casa.</p>
<p>A las siete de la tarde ya estábamos técnicamente fuera del país, buscando desesperadamente una tele entre tanto <em>duty free </em>para ver el partido Uruguay-Argentina.</p>
<p>Hasta el último momento, Juan estuvo en contacto con su mujer en el celular (¡gracias, producción!), y él le hablaba, y ella le contaba los penales, y el avión ya corría, y ella relataba, y ajustarse los cinturones, y gol de Uruguay, y&#8230; nos quedamos en un suspenso fatal hasta bajarnos en Ciudad de México.</p>
<p>DF, la ciudad que nunca se acaba cuando uno la ve desde el avión.</p>
<p>Apenas tocamos tierra alguien dijo &#8220;Argentina eliminado&#8221;, y con eso Juan no compuso más la cara, sumado al pequeño detalle de que eran las 4:30am hora local y ya llevábamos viajando, o más bien, despiertos, casi 24 horas.</p>
<p>En el más puro <em>mexican way</em>, nuestro contacto en el pantano del águila no había reservado lo prometido, y allí estábamos muertos de cansancio y con la espalda en la mano esperando una eternidad por nuestras valijas mientras el pobre Juan producía algún hotel pidiendo internet prestado. Por fin hicimos check-in faltando para las 6:00am, hechos mierda, en un City Express que nos costó un huevo y ya nos dejó cortos de presupuesto antes siquiera de comenzar la pega.</p>
<p>Un domingo especial: aparte de tener el cuerpo cortado en pedacitos, nuestra primera salida para estirar la piernas coincidió con la primera versión del Desfile de Verano (o algo así), un nuevo experimento municipal oportunamente auspiciado por una telefonía, para dar inicio a las vacaciones de los chicos.</p>
<p>Pero nosotros no queríamos mirar a Homero sobrevolando Reforma, más bien le dedicamos el día a la misma versión de turismo express que la tarde anterior (aunque relajada, ya conocíamos).</p>
<p>Además, allá estaban desde antes otros tres amigos-colegas de Endemol grabando otra producción, así que después de unos telefonazos estábamos estos cinco argentos y yo <em>enchilándonos, wey</em>, con estupendas micheladas y mi favorita cerveza Indio.</p>
<p>Por la tarde fuimos a Coyoacán, un clásico, que estaba más que repleto de gente, así que le hicimos el quite y terminamos en sus calles más desiertas y exclusivas. El broche de oro fue entrar a los aposentos no-permitidos de la famosa Casa-Fuerte, residencia del célebre Emilio “el Indio&#8221; Fernández, ¡ídolo!</p>
<p>Resulta que Matías había hecho un capítulo de &#8220;Intervention&#8221; con la hija del Indio (alcohólica heavy), y con ese puro dato pudimos entrar a la cocina donde estaba nada menos que Emilio-nieto (según él, ex-alcohólico ahora), un tipo de treinta años con pinta de cincuenta y la mirada perdida de quien tiene que administrar una herencia tan gigante, compleja y oscura como la que el Indio le dejó. Fue un gran momento ese momento.</p>
<p>Por fin el lunes comenzamos a trabajar y la imagen es ésta: a 40 metros de altura, bajando un silo por una escalera marinera exterior, con casco, guantes, antiparras, chaleco reflectante y zapatos de seguridad. Parecíamos los Village People.</p>
<p>Checamos distancias, tiempos, tiros de cámara y todo lo que necesitaremos, en dos días un poco menos productivos de lo que nos hubiera gustado. Había olvidado que en México nosotros &#8220;parecemos alemanes&#8221; (así nos dijeron la primera vez que fui) por la forma en que trabajamos, que es básicamente rápido y en serio. Para ellos, todo es &#8220;ahorita&#8221;, lo que tiene un margen de entre media hora y un día.</p>
<p>Esa tarde nos cambiamos de hotel y, para gran coincidencia, terminamos nada menos que en el Milán, sobre Álvaro Obregón, donde hace ¡once! años hospedamos grabando &#8220;La Torre De Papel&#8221;. En los pasillos me crucé con los fantasmas de Valdés, Marete, Peraldi y Skármeta, y me reí solo. ¡Órale!</p>
<p>El martes terminó el periplo mexicano nada menos que en una parrilla argentina de la colonia Roma, a pasos de la casa de mi amigo Schiff -que en esta vuelta no pude ver; y ahí disfruté la mejor carne argentina que he probado, aunque un poco lejos de su patria.</p>
<p>Con la panza llena de bife y tinto nos despedimos de los endemoles y de Ruso, y enfilamos al aeropuerto, otra vez a sufrir el indigno calvario del pasajero aéreo: eternas esperas, fila para todo, sacarse el cinturón y vaciar los bolsillos, ser revisado como criminal, otra fila en el counter, otra fila en inmigración, otra espera en el bus, otra fila en la escalera, otra fila en el pasillo de la nave, otra espera para salir&#8230; y después lo mismo, pero bajando, al amanecer, en Bogotá.</p>
<p>Primera vez para Juan y para mí, así que teniendo apenas dos horas, salimos campeantes y muertos de sueño a que Jorge el taxista nos hiciera nuestro tercer tour express.</p>
<p>Conocimos &#8220;el centro&#8221; y vimos a los zombies que venían volviendo de la parranda; fuimos al pie del simbólico cerro Montserrate pero no subimos el funicular; y cuando fuimos a la plaza principal caímos en cuenta que era 20 de Julio, día de la independencia colombiana.</p>
<p>Se preparaba un desfile militar a toda pompa, así que apenas divisamos la catedral porque estaba todo cercado. Era el hermoso barrio colonial de La Candelaria, donde pasamos sin querer por la casa que fue la última residencia del Libertador, &#8220;de donde partió para no volver jamás&#8221;, dice en una placa.</p>
<p>Y otro maldito avión (¿mencioné que odio volar y los aeropuertos?). Pero ahora cortito, y por fin, para llegar -casi- a destino: Valledupar, pequeña ciudad de 350.000 personas (dato que no importa nada), capital del Departamento del César (dato chistoso, pero también inútil), y mejor que todo, capital mundial del vallenato (dato que  importa demasiado).</p>
<p>Lamentablemente, no pudimos quedarnos a disfrutar con los herederos de Francisco &#8220;el Hombre&#8221;, o la Dinastía Zuleta, o Diomedes Díaz, o el &#8220;Flaco de Oro&#8221; Gutiérrez&#8230; tuvimos que conformarnos con algún remedo actual y seguir ¡dos horas más! por tierra, con un taxista que evidentemente no tenía claras las sutilezas del aire acondicionado ni del pedal del acelerador; simplemente les daba con todo.</p>
<p>Y por fin llegamos a la famosa mina El Cerrejón, el tajo abierto más grande de extracción de carbón de Colombia, 69.000 hectáreas de explotación del hombre por el hombre para algunos pocos hombres. Después de lo que pareció una eternidad pudimos echar los huesos sobre alguna horizontal, en el sector hotelero para los funcionarios administrativos. Era un mundo perfecto de casitas todas iguales, niños felices en bicicleta, canchas y piscinas, como el pueblo de Ben en &#8220;Lost&#8221;. Donde hay una mina, hay plata (interprétese como sea).</p>
<p>Nuestro trabajo de dos días ahí estuvo caluroso y polvoriento, pero con una gran experiencia: yo tuve la oportunidad de viajar de copiloto en un camión minero gigante, &#8220;ayudar&#8221; a cambiar llantas monstruosas (no hice nada), y asistir a una voladura. Mientras tanto, Juan trataba de mover montañas de producción, así que a la noche estábamos agotados y un poco chatos.</p>
<p>Necesitábamos escapar y poder evaluar sobre nuestros avances, así que fuimos &#8220;a Colombia&#8221;, o sea que salimos de ese ficticio mundo perfecto de trabajadores perfectos al cercano y muy imperfecto pueblo de Albania, donde la música fuerte y los niños a pie pelado nos recordaron quiénes somos (sudacas nomás). Me gustó más la cerveza &#8220;Águila&#8221; que la &#8220;Club Colombia&#8221;, y la sierra a la plancha me pareció ni fú ni fá.</p>
<p>Aprovechando nuestro único y último día libre, partimos ayer al Parque Nacional Tayrona, 15.000 hectáreas de selva y mar Caribe donde alguna vez vivieron los indios ídem y hoy llegan gringuitos piel blanca a destrozársela con el sol. Para llegar a las playas no se puede entrar en auto, así que ahí partimos Juan y yo cabalgando en &#8220;Negro&#8221; y &#8220;Bernardo&#8221;, estupendos ejemplares equinos que se ganan la zanahoria de cada día haciendo la horita para allá y la horita para acá llevando a un pelotudo diferente cada día.</p>
<p>Hay que imaginarse una película de Indiana Jones pero sin Harrison y con dos panzones incapaces, pero el entorno era mayor y mejor: selva tropical, senderos de fango, monos tití en las alturas&#8230; y el sonido, ese sonido maravilloso e inconfundible de los insectos por millones que uno nunca alcanza a ver y que te mantienen a raya diciendo &#8220;vos no sos de acá&#8221;.</p>
<p>Con el culo destruido llegamos por fin al playa del Cabo, que era una postal viva: arenas claras, olitas suaves, agua cristalina&#8230; ¡y dos viejas argentinas! Bueh&#8230; menos mal no había un chileno. Qué maravilloso lugar, que maravilloso tirarse al mar después de haber tragado toneladas de tierra, qué maravilloso olvidar por una tarde que uno trabaja en la tele y todas sus consecuencias. Y otras consecuencias, las tres últimas, y que me persiguen hasta ahora, en el último avión, mientras escribo esto: me duele el orto, tengo la piel tan quemada que hasta la polera me acuchilla, y los mosquitos me comieron las canillas.</p>
<p>Todo vuelve donde partió hace una semana: cruzar la cordillera de Los Andes. Después de la pesadilla de tres aviones (el segundo lleno de chilenos high volviendo de vacaciones, ¡qué acento horrible!), perdernos la final de la Copa América, volver con la pega hecha hasta por ahí nomás&#8230; al final de este viaje sólo quiero llegar a casa.</p>
<p>Leo la editorial no firmada de ese diario grande que cuesta agarrar y compruebo que todo sigue tan facho o peor que siempre en mi país, así que mejor lo dejo a un lado y termino de poner esto en no-papel para que no se me olvide, y con suerte, para que alguien lo lea.</p>
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		<title>Odot La Sevér Omoc Ese Ocsid Ed Sodidivid Euq Es Abamall &#8220;Otroletravaladna&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jun 2011 14:36:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[Me gusta esto de tomar el tren y el subte al revés, es decir, por la mano izquierda. Es bien izquierdista en este país bastante facho. Y además, británico, en un país que&#8230; bueno, ustedes recordarán. El subte que más &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110623103650/odot-la-sever-omoc-ese-ocsid-ed-sodidivid-euq-es-abamall-otroletravaladna/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me gusta esto de tomar el tren y el <em>subte </em>al revés, es decir, por la mano izquierda. Es bien izquierdista en este país bastante facho. Y además, británico, en un país que&#8230; bueno, ustedes recordarán.</p>
<p>El subte que más tomo es el de la línea roja, que como los otros, tiene una letra que lo designa pero que nunca recuerdo. Es una línea fea y transpirada, y andando en ella se desmitifica rápidamente la visión chilena de que acá todas las minas son ricas (no son).</p>
<p>Cuando uno baja en invierno se arma una corriente de aire en la escalera que parece que te va a volar; si bajas en verano sientes un olor a humedad y pichí de gato que no se puede creer.</p>
<p>La línea celeste tiene carros de madera con asientos de madera y ventanitas de madera, parece un trolley como de paseíto.</p>
<p><strong>La línea amarilla es nuevita y tiene estaciones como las que nosotros conocemos en Chile (básicamente: limpias). Todavía está en construcción y su color no es casualidad, considerando que <em>Mauricio</em> tiene tapizada la ciudad de éste, su color de campaña, que usa para toda obra pública (me tienen chato sus propagandas, pero es genial como se las vandalizan). </strong></p>
<p>En el subte también hay kioskos, y algunos hasta tienen pequeños bolichitos de <em>minutas</em> y cervezas, lo que es genial considerando que están bajo tierra, y que acá se puede ingerir alcohol en la vía pública.</p>
<p>Y si bien no soy fan de la basura y el descuido, me gusta tanto que todavía las estaciones no estén llenas de monitores expeliendo tóxico ruido televisivo de videoclips malos y noticias añejas como en Santiago de Chile. La gente del Metro chileno cree que eso es moderno, y todavía no cacha que el silencio y pensar es mucho más.</p>
<p>Los trenes, por su parte, son lo más. Yo siempre he pensado que no tenerlos en Chile es una de nuestras mayores vergüenzas: un país largo y flaco que está casi diseñado para tener miles de líneas, no tiene siquiera<em> una</em> decente que lo recorra de punta a cabo. Es de no creerlo.</p>
<p>Acá, en cambio, esta pura ciudad-estado tiene como seis líneas internas, con sendas estaciones donde hay bares y kioskos y vida y acción. Todas tienen nombres de próceres locales, pero como se repiten con los billetes, monumentos y calles, las confundo por completo, excepto dos.</p>
<p>Dependiendo de la línea, los trenes son más o menos bonitos, funcionales, y hasta peligrosos. El clásico ferrocarril oeste es bien popular y a veces asaltan a la gente los chorros del lugar. También atropella a un par de parroquianos de vez en cuando, y hay que evitarlo de noche o con el compu en la mochila.</p>
<p>La línea Urquiza, más<em> cheta </em>y por el norte, está impecable, y siempre sube un señor a tocar tangos viejos y rocanroles clásicos sólo con guitarra de palo, y es buenísimo y todos aplauden al final de los temas. Ese tren me trae recuerdos de mi primera visita a esta ciudad, cuando vinimos con los Lucybell en el 98 a terminar el disco rojo (de ese recorrido son las imágenes del video &#8220;Flotar Es Caer&#8221;). Ahora una de sus estaciones está a dos cuadras de mi casa y es la que usé en mi primer trabajo acá.</p>
<p>La Línea San Martín, en cambio, está fea y carreteada; el tren huele a diesel y cuando llega a las estaciones baja el voltaje <em>y es todo a media luz</em>. Este es de los que se llenan mas a la hora del retorno a casa, y la gente va colgando de las puertas, experiencia que se ha transformado en mi favorita, y ahora espero que suban todos para irme sentado en los escalones.</p>
<p>Se siente el viento caliente y pesado que aquí es sinónimo de <em>shuvia</em>, y cuando deja atrás La Paternal bordea una <em>visha</em> que realmente es una bienvenida bofeteada de chocante realidad para acordarse que éste, a pesar de toda su fantochada y nuevos ricos y rascacielos y palermos hollywoods, es sólo otro país de Latinoamérica. Pero con trenes.</p>
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		<title>Rock chileno en Baires</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 22:05:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[En una pura semana, la ciudad de la caca de perro tuvo visitas rockeras de chilito: Carlos Cabezas y Perrosky. Por supuesto, acá muy poca gente se enteró, porque Chile no existe y si existe es sólo un terremoto o &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110613180524/rock-chileno-en-baires/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una pura semana, la ciudad de la caca de perro tuvo visitas rockeras de chilito: Carlos Cabezas y Perrosky. Por supuesto, acá muy poca gente se enteró, porque Chile no existe y si existe es sólo un terremoto o un volcán que fastidia aeropuertos.</p>
<p>Cabezas no vino en onda show sino en onda pololeo, con su mujer Claudia que es un encanto y sonríe y habla todo lo que él no.</p>
<p>Fuimos a cenar a &#8220;Honorio&#8221;, exclusiva cocinería clandestina donde mi amigo Pablo Borón (célebre fotógrafo y chef de noventera fama en Santiago) prepara frente a los contados comensales exquisiteces de primera categoría a reja cerrada.</p>
<p>&#8220;Honorio&#8221;, según yo, debe ranquear entre los lugares más copados de esta ciudad, aunque todavía pocos lo ubican y todavía no se llena de gente careta, menos mal.</p>
<p>Escuchamos los boleros de Carlos, la historia de por qué el otro Carlos se vino para acá (yo), y recordamos al paisaje rockero en común y todos sus pasteles (para qué mencionarlos,¿no?).</p>
<p>Yo no comí esa noche porque venía de la pega más que estresado, y además había lasagna y mi quesofrenia me lo impide. Cabezas se veía bien y simpático y relajado, nunca lo he visto de otra manera. Fue una divertida velada, y por un momento fugaz, eché de menos&#8230; pero lo que echo de menos es preciso: el mar.</p>
<p>Siete días después, también después de la pega y todavía más cabreado que la semana anterior, conocí el famoso Espacio Puyrredón, un segundo piso de mansión antigua sobre Santa Fe transformado en sala de tocatas y fiestas.</p>
<p>Había cola y una larga escalera, y adentro mucho ruido y transpiración. Y lo primero que veo: a Oliver Knust, superhéroe del rock independiente, que me invita rápidamente a su siempre presente stand con discos y poleras a la venta que siempre pone la bandera incluso en este país ombliguista.</p>
<p><strong>Y luego, el show: impecable, energético, gritado y rockerazo; todo lo que Perrosky siempre ha sido y más promete. La gente gozaba y habían muchas cámaras, y no sólo de los amiguis locales de los hermanos Gómez. </strong></p>
<p>La noche del sábado, antes de ayer, la tocata se repitió pero en el Club M.O.D., de San Telmo, un lugar mucho menos hippie y más limpito y con pinta de discoteca (ya no sé cómo se dice discoteca hoy en día).</p>
<p>Nuevamente la gente lo pasó del uno, bailando y coreando las canciones y cerrando con gran aplauso un espectáculo que cada vez que veo encuentro mejor.</p>
<p>Me saco el sombrero y recomiendo a los que no conozcan todavía a este dúo inimitable, ¡larga vida Perros!</p>
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		<title>¿La vida empieza a los cuarenta?</title>
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		<pubDate>Fri, 27 May 2011 20:16:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Moena]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno cuando es chico se pasa películas sobre cómo será el día en que se cumplen cuarenta años&#8230; y yo creo que nadie le achunta. Yo pensaba que ya sería un famoso astronauta, un célebre músico, un consumado director. Pero &#8230;<span class="br01"></br></span><a href="http://blogs.cooperativa.cl/opinion/cultura/20110527161614/la-vida-empieza-a-los-cuarenta/">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno cuando es chico se pasa películas sobre cómo será el día en que se cumplen cuarenta años&#8230; y yo creo que nadie le achunta. Yo pensaba que ya sería un famoso astronauta, un célebre músico, un consumado director. Pero la vida no es una película, y resultó ser que soy un director no más, con suerte medianamente conocido en su paisito con nombre de condimento y forma de pasillo (y más encima ahora ni vivo en él).</p>
<p>Es un día raro porque cambio el folio, porque es mi tercer cumpleaños en el extranjero, porque tengo casa y novia argentain, y porque ya no soy director sino produtor ejecutivo.</p>
<p>Así es, me convertí en mi peor enemigo, el pelotudo que apura a los demás, que está pendiente de las platas y los plazos, y que nunca considera el factor humano (es horroroso, pero sé que será momentáneo; ya me cambiaré de nuevo a mi silla favorita).</p>
<p>Mis cuatro décadas se cierran hoy a las 6:00 de la tarde (fue un jueves nublado en el Hospital Regional de Ancud), y estaré donde habitualmente me he pasado más tiempo del que puedo contar: la sala de edición.</p>
<p><strong>Y como es habitual: apurado, incendiado, con la sensación de que con más horitas podría afinar el corte, corregir color, musicalizar mejor, hacerlo como se merece. Y como es habitual: no hay presupuesto, el cliente lo quiere ya, las máquinas fallan, todo eso. Same old shit, pero buena onda.</strong></p>
<p>Cumplo fuckin&#8217; cuarenta: mi guata existe pero no es indecente, mis canas existen pero &#8220;me dan un toque&#8221; (cito), todo me cansa más pero no tengo que trasnochar en la pega (bueno, a veces), y en general, me tomo las cosas con más calma y distancia. Como veo será por siempre, nadie me echa la edad que tengo (lo que es bueno y hartas veces apestoso), y la música cada vez me sorprende menos. Esto último no me gusta, pero es cierto: o todo está muy malo, o estoy mal informado, o&#8230; ¿me estoy poniendo viejo?</p>
<p>Lo importante es que estoy feliz, tengo una novia hermosa y una buena pega en una ciudad estimulante y libre de smog y horrible acento chileno (el minis-tróh, el cen-tróh, la trah-parencia&#8230; es un asco). De Chile no echo de menos nada excepto el mar y mis gentes queridas; de acá no idolatro nada y me da risa la forma de hablar.</p>
<p>Cumplo cuarenta respirando aires buenos y esperanzado y optimista&#8230; y estoy orgulloso de este escenario que nunca soñé de chico y que, como dicen acá, tá re-bueno.</p>
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