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	<title>Comentarios en: Creyentes y no creyentes ante “temas valóricos”</title>
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		<title>Por: Francisco Ojeda Castro</title>
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		<dc:creator>Francisco Ojeda Castro</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Aug 2014 19:50:00 +0000</pubDate>
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		<description>Encuentro que el articulista incurre en muchas ambiguedades y no se expresa con claridad: El habla del &quot;conocimiento de fé&quot;: Obviamente una creencia no es un conocimiento. Sólo se pueden conocer las cosas reales, concretas o inmateriales, tales como objetos o ideas o leyes naturales comprobables, y que responden siempre de la misma manera bajo rigor científico. De lo que habla el articulista es de creencias que no pueden ser sustentadas por la realidad. Estos no son conocimientos, son creencias, simplemente, por mucho solaz que traigan a las personas que las sustentan.  La prueba está es que hay diversas creencias, todas respetables desde el punto de vista de la libertad que deben tener las personas para creer lo que quieran, y algunas muy contradictorias entre ellas. Pero son creencias, no son conocimientos.
Se refiere al articulista a planos &quot;profanos&quot; en cuanto se alude a ideas que no se condicen con sus creencias. Esto muestra un sesgo despectivo hacia el resto del mundo, incluídas religiones distintas de la del articulista. 
También se refiere a una criptica &quot;razón natural&quot; sin definirla. La razón es una sola. Si se le agregan adjetivos es porque de alguna manera se quiere cambiar o condicionar su naturaleza; debiera haber más transparencia en este punto.
Luego dice; &quot;Pero como insinuamos, no es tarea del legislador reproducir en su obra legisladora todas las normas que debieran inspirar la conducta moral de las personas&quot;. Esta expresión es absolutamente subjetiva. La conducta moral de las personas será apropiada o inaceptable según se ajuste a los preceptos de cada credo: Así resulta moralmente aceptable que un musulmán castigue físicamente a su esposa, o mutile los genitales de sus hijas, y que los judíos mutilen los genitales de sus hijos, etc. etc. La razón indica que hay una sóla norma por la que todos nos debemos regir: La ética, que básicamente consiste en el respeto a todas las personas y a sus intereses, y al bien común de la sociedad, en general, sin distinción de sus creencias, raza, o condiciones físicas, y a la resolución armónica de los conflictos que puedan resultar de ello.
Y por último termina diciendo &quot;No es que nuestros legisladores en estos casos profesen que el fin pueda justificar los medios, no hacen el mal sino que reconocen que el mal se hace en este mundo, que hay que contar con el y, al legislar obtener con todo, un bien común&quot;. Aquí nuevamente el articulista cae en la confusión entre lo que constituye el bien común y lo que dicen los preceptos de su credo, y termina condescendiendo que los legisladores aprueban el mal para obtener el bien común. ¿Se legisla el mal para hacer el bien común?
Esto para mí, lo digo con el mayor respeto posible, es una apología a la confusión y a la indecisión.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Encuentro que el articulista incurre en muchas ambiguedades y no se expresa con claridad: El habla del &#8220;conocimiento de fé&#8221;: Obviamente una creencia no es un conocimiento. Sólo se pueden conocer las cosas reales, concretas o inmateriales, tales como objetos o ideas o leyes naturales comprobables, y que responden siempre de la misma manera bajo rigor científico. De lo que habla el articulista es de creencias que no pueden ser sustentadas por la realidad. Estos no son conocimientos, son creencias, simplemente, por mucho solaz que traigan a las personas que las sustentan.  La prueba está es que hay diversas creencias, todas respetables desde el punto de vista de la libertad que deben tener las personas para creer lo que quieran, y algunas muy contradictorias entre ellas. Pero son creencias, no son conocimientos.<br />
Se refiere al articulista a planos &#8220;profanos&#8221; en cuanto se alude a ideas que no se condicen con sus creencias. Esto muestra un sesgo despectivo hacia el resto del mundo, incluídas religiones distintas de la del articulista.<br />
También se refiere a una criptica &#8220;razón natural&#8221; sin definirla. La razón es una sola. Si se le agregan adjetivos es porque de alguna manera se quiere cambiar o condicionar su naturaleza; debiera haber más transparencia en este punto.<br />
Luego dice; &#8220;Pero como insinuamos, no es tarea del legislador reproducir en su obra legisladora todas las normas que debieran inspirar la conducta moral de las personas&#8221;. Esta expresión es absolutamente subjetiva. La conducta moral de las personas será apropiada o inaceptable según se ajuste a los preceptos de cada credo: Así resulta moralmente aceptable que un musulmán castigue físicamente a su esposa, o mutile los genitales de sus hijas, y que los judíos mutilen los genitales de sus hijos, etc. etc. La razón indica que hay una sóla norma por la que todos nos debemos regir: La ética, que básicamente consiste en el respeto a todas las personas y a sus intereses, y al bien común de la sociedad, en general, sin distinción de sus creencias, raza, o condiciones físicas, y a la resolución armónica de los conflictos que puedan resultar de ello.<br />
Y por último termina diciendo &#8220;No es que nuestros legisladores en estos casos profesen que el fin pueda justificar los medios, no hacen el mal sino que reconocen que el mal se hace en este mundo, que hay que contar con el y, al legislar obtener con todo, un bien común&#8221;. Aquí nuevamente el articulista cae en la confusión entre lo que constituye el bien común y lo que dicen los preceptos de su credo, y termina condescendiendo que los legisladores aprueban el mal para obtener el bien común. ¿Se legisla el mal para hacer el bien común?<br />
Esto para mí, lo digo con el mayor respeto posible, es una apología a la confusión y a la indecisión.</p>
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