Patricio Chaparro

Patricio Chaparro
Patricio Chaparro

Abogado,  graduado en la Universidad Católica de Valparaíso y doctor (Ph.D.) en Ciencia Política, grado académico obtenido en la University of North Carolina at Chapel Hill, Estados Unidos.  Este último título no le ha servido de mucho en un país en que todos sabemos de política, y de football, al nivel de doctores.

Ha escrito mucho, en castellano y en inglés. El mismo dice, medio en broma medio en serio, que ha escrito más que lo que ha leído. Pero en realidad sigue leyendo no uno sino varios libros a la vez, en la medida que el tiempo se lo permite, o incluso si no se lo permite.

En el área del derecho fue abogado de la Fiscalía del Banco del Estado de Chile y abogado jefe de Codelco.  Actualmente ejerce libremente -por fin- en el campo de la abogacía.

Fue profesor universitario, en Chile y el extranjero (Estados Unidos y Puerto Rico).  Tuvo que dejar de serlo.  Se opuso al golpe militar y a la intervención de la  P. Universidad Católica de Chile.  Ustedes lectores –si es que alguno, digo- adivinen quién ganó esa batalla.

Curiosamente, es deportista, de toda la vida.  El tenis es su deporte favorito, pero  también el trote, la bicicleta estática, el spinning y, más recientemente, el maravilloso andinismo (que tiene que ser moderado, a estas alturas de su vida).

Guitarrista (bueno, relativamente) y cantor (malo, definitivamente).  Sus preferencias: The Beatles y otros grandes músicos de los ’60 y los ’70 y la música latinoamericana, principalmente chilena y argentina.

Usuario (lerdo) pero infinitamente maravillado de los medios informáticos.  La inmensidad de su aprecio y admiración por tales medios solamente se compara con su ignorancia técnica de los mismos.

Sigue interesado no solo en el derecho y la ciencia política sino también en la doctrina social de la Iglesia que quizás –y solamente quizás- algunos de los lectores conozcan y aprecien.

Casi no ve TV. Le parece, en general y en particular, una agresión a la inteligencia e incomprensible que una herramienta tan potente sea utilizada para intentar estupidizarnos.

Casado, una mujer y dos hijos también casados, todas personas simplemente maravillosas.  Convencido, definitivamente, que la felicidad viene –y muchas veces termina- por casa.