22 oct 2013

Necesitamos una gran reforma al sistema de pensiones

Un tema relevante en esta campaña presidencial y parlamentaria es la previsión. Donde quiera que uno va trabajadores y adultos mayores plantean con insistencia la necesidad de abordar el tema de las pensiones.

La realidad actual es angustiosa. Muchos chilenos, después de décadas de trabajo, consiguen jubilaciones promedio de 120 mil pesos lo que, evidentemente, apenas alcanza para subsistir, considerando el incremento de los gastos, particularmente en salud que se motivan en este período de la vida.

Digámoslo claramente. El sistema de AFP fracasó.No fue capaz de entregar pensiones dignas a los chilenos.Por el contrario, se ha convertido en una fábrica de pobres que apenas pueden costear sus necesidades básicas.

¿Por qué fracasó? Por muchas razones.

La principal es que no contaba con elementos solidarios, indispensables. Sólo el sistema previsional chileno estaba formado exclusivamente por capitalización individual.La inmensa mayoría de los regímenes de pensiones del mundo establecen formas de solidaridad, de tal modo que los más jóvenes apoyen a los más viejos y los de mayores recursos a los más postergados.De otro modo, no se puede.

En segundo término, el sistema no estaba diseñado para el mercado laboral actual.Se pensó para un modelo con menor rotación y períodos más breves de cesantía.La realidad es que los trabajadores cotizan apenas poco más de la mitad de sus años de afiliación.

Más aún, la inequidad hace que además, sus imposiciones sean insuficientes, producto de las bajas remuneraciones.Por si fuera poco, para hacerlo atractivo, se dieron el lujo de rebajar la tasa de cotizaciones, lo que ahora se busca revertir.

En tercer lugar, porque no consideró elementos muy relevantes socialmente, como la situación de la mujer. Es un hecho evidente que ésta se ve discriminada porque trabaja menos tiempo, producto de la maternidad y porque sus remuneraciones siguen siendo inferiores a las de los varones, incluso para labores similares.

Por último, la administración ha resultado extremadamente cara. La licitación de los nuevos afiliados incluida en la reforma previsional ha reducido notablemente las comisiones, demostrando que aquéllas que se cobraron en los primeros años e incluso hoy son excesivas. Un gran negocio para unos pocos. Miseria para muchos.

Esto no da para más. Debemos avanzar hacia una reforma profunda que nos permita corregir el sistema previsional y mejorar las pensiones. Michelle Bachelet lo tiene muy claro. Entre las primeras medidas que ha anunciado para su futuro gobierno están tres referidas a la previsión.

La primera es reponer la pensión básica solidaria a todos quienes la hubieran perdido por cambios en su ficha de protección familiar, sin razón aparente.

La segunda es enviar de inmediato el proyecto de ley que crea la AFP estatal.Estamos ciertos que no es la solución definitiva, pero es un paso para abaratar los costos y optimizar los ahorros de los chilenos.

La tercera es que se comenzará un estudio con expertos nacionales e internacionales para una reforma más global al sistema, que permita entregar mejores pensiones.

La ex Presidenta Bachelet tiene credibilidad y fuerza para empujar esta imprescindible reforma.

En su anterior gobierno llevó adelante la mayor transformación del sistema previsional desde su creación. Gracias a ello más de un millón de chilenos – y especialmente de mujeres – tienen hoy una pensión a la que no tenían derecho.

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21 oct 2013

No a la Ley Antiterrorista

Consultada a su arribo a Temuco, el viernes 18, sobre el caso de Vilcún y la necesidad de considerar la aplicación de la Ley Antiterrorista, Michelle Bachelet fue categórica en señalar que en nuestro país existen normas penales más que suficientes para encarar delitos que alteren gravemente el orden público.

El 26 de marzo, en su primer discurso en El Bosque la candidata ya había expresado una opinión muy importante cuando reconoció que la aplicación de la Ley antiterrorista había sido un error de parte de los gobiernos democráticos y, por lo tanto, reiteraba su compromiso de que dicho instrumento legal no debe ser aplicado en Chile, y menos aún en el caso de situaciones que afecten al pueblo Mapuche.Luego se explayó sobre el punto muy ampliamente, también en marzo, en la primera entrevista que concedió a un semanario.

Lo dicho está en plena sintonía con las recomendaciones del Relator de Naciones Unidas para casos de terrorismo y que visitó especialmente nuestro país en abril pasado. Su informe fue categórico al señalar que en Chile no existen situaciones de terrorismo y que la Ley del caso, más bien forma parte de los problemas que de las soluciones e instó al Gobierno y al Estado a no requerir nunca más dicha Ley y a modificarla profundamente.

Personeros de Gobierno y parlamentarios de derecha han salido al paso de la candidata de la Nueva Mayoría, buscando atribuirle una “grave responsabilidad” en sus dichos.La propia contrincante, la candidata oficialista Evelyn Matthei, en un alarde argumental, declaró que al contrario, a ella “no le temblará la mano” para aplicar la Ley Antiterrorista a los mapuche o a quien sea. El mensaje es claro.La diferencia cualitativa también.

Se ha juzgado a lo largo de varios años a la ex Presidenta y candidata de la Nueva Mayoría por haberse aplicado dicha Ley bajo su gobierno. Las decisiones al respecto ocurrieron en el ámbito de Interior, sin consulta al comité político y ella como Jefa de Estado y consecuente con su rol, asumió en plenitud la responsabilidad de esas decisiones cuando ya estaban consumadas.

Por eso consta, que la voluntad de la Presidenta y su compromiso respecto de los temas de seguridad interna u orden público y en particular, su mirada sobre la Ley antiterrorista ha estado siempre en sintonía con la doctrina internacional y nacional en materia de Derechos Humanos, y la Ley Antiterrorista está muy lejos de los estándares que en materia de DDHH se requieren.Pero hoy las cosas son diferentes.

Existe la más alta probabilidad de que Michelle Bachelet vuelva a ser electa Presidenta de Chile, y uno de los alcances importantes de la experiencia de Gobierno, es que los compromisos políticos se cumplen y, en lo concreto, en lo relativo a la Ley antiterrorista tendrá que ser severamente reformada, para adecuarla a los estándares internacionales en materia de DDHH y nunca más volverá a ser aplicada al pueblo Mapuche, lo que no significa contemplación ante situaciones graves o que alteren la convivencia pacífica y el orden público.

Ya sabemos que las responsabilidades penales son siempre individuales y las demandas del pueblo Mapuche nunca más podrán ser criminalizadas. En consecuencia, indígenas o no, para quienes afecten la paz social por caminos de violencia, Chile cuenta con una moderna legislación penal, que además considera derechos y deberes y cuyas sanciones son adecuadas para los casos que revistan mayor gravedad.

El Relator Emmerson, de Naciones Unidas, fue concluyente en su Informe y lo reitero: en Chile no hay actos o situaciones de terrorismo.

En consecuencia, los exabruptos del oficialismo, del Gobierno y de la candidata Evelyn Matthei, y sobre todo cuando ella recurre a un viejo dicho de la dictadura al señalar que no le temblará la mano para aplicar las cuestionadas normas de la Ley antiterrorista, sólo reflejan que para la derecha la solución a los conflictos sociales siempre será el camino de la represión.

Para un régimen democrático de verdad, la solución de las tensiones pasa por un proceso legal y político, en donde la Ley y la Justicia deben transitar por el mismo camino.

Por cierto, reconocer errores del pasado es fundamental, no solo para no volver a repetirlos sino para encarar de una manera distinta las tensiones que el Estado ha instalado en su relación con los pueblos indígenas. La violencia no proviene del pueblo mapuche. Su origen está en la forma cómo el Estado abordó la problemática indígena por más de 200 años.

Y los costos de una política racista y de discriminación no se borran con medidas represivas. Por esa razón, se requiere una voluntad distinta, de país, de Estado y de Gobierno para lograr construir un gran acuerdo de paz y de justicia con los pueblos indígenas.

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21 oct 2013

Desinfórmate… y elige

Finalmente el vocerío, el papel picado y las palomas con rostros sonrientes jalonan las calles una vez más.Muchos colores, escasa variación de nombres y apellidos, slogans penosos y autocopiativos (un gran equipo, confío en él, en serio…).

Las encuestas, timoratas, temen al ridículo y la humillación al que ya han sido objeto dos veces en el último tiempo, en especial, desde que el voto es, por fin, un derecho y no una obligación.

Las promesas llenan las bocas autocomplacientes de quienes se aprestan a renovar su escaño, ilusiones que hacen aparecer ese postergado bienestar ante un cada vez más desengañado electorado, como la brillante moneda de plata en la mano del prestidigitador, antes de desaparecer una vez más bajo las mangas anchas de la inercia, el compadrazgo, el cálculo, la corrupción.

Algo diferente, sin embargo, parece querer liberarnos de la tentación, ahora que se puede, de no acudir a ejercer nuestro algo devaluado derecho ciudadano de sufragar.

Son los nuevos planteamientos, de la mano de nuevos líderes, ninguneados por la prensa oficial, sospechosamente complacientes sus telegénicos propaladores con las dos blondas aspirantes del duopolio, y también ninguneados entre ellos mismos, como debe ser en la beligerante atmósfera social que vivimos.

Es que el mundo ha aprendido a decirle cada vez más claramente que no al neo capital especulador y a su amistosa lógica de apartheid crediticio.

Las masas siguen marchando en las calles del mundo, demostrando que la bolsa de valores no es el camino al éxito y que un mall lleno de baratijas y un supermercado lleno de comida chatarra no son sinónimo de felicidad, y todo ello, pese al intento, evidente, de desinformación, dictaminado por oscuros personajes que hacen pesar su influencia y prosapia detrás de la cortina de los noticieros televisivos y diarios oligárquicos de amplia circulación.

Entonces se pretende imponer la retahíla de supuestas buenas noticias ante los ojos del ofuscado elector que ya no sabe cómo llegar a fin de mes, ese ciudadano medio que no es usted, señor senador cómplice pasivo, ni usted, señorita panelista hipster, ni usted, señor columnista de mercurial fuste, ni menos usted, señora candidata.

El carnaval popular futbolero, controlado por la engolada banca de la elite, la conmemoración, sospechosamente impostada de los años del gorila y la plata dulce ochentera superponiéndose en incestuoso matrimonio a la supuestamente añorada democracia noventera estilo Viva el lunes, aquella de los timoratos acuerdos.

El apretón de manos Longueira-Lagos como epítome de lo que nos dicen, es y será por siempre, lo mejor para Chile. Luego asistimos a colas monumentales en cuanta venta de bodega existe, de cortauñas a departamentos en verde, al apogeo de la subcontratación y el temporero, al agotamiento de paquetes de viajes en cuotas a pagar en cien años, la ciudad que se llena de sanos jóvenes caucásicos que se trasladan en sus bicicletas vintage al trabajo que les queda… a dos cuadras, a la profusión de teléfonos inteligentes en manos de cada vez más tontos usuarios, etc.

Pero si hay algo de rescatable entre toneladas de basura mediática son estas voces, estas marchas, estas consignas que rompen, con distinto énfasis y disonancia, con el torpe empate y la mezquina actitud de repartija y gatopardo.

Los jóvenes que despertaron a sus adormecidos padres y coparon las calles, las discusiones y las ideas hoy esperan no ser defraudados y no se comprarán el verso como nosotros o nuestros propios padres.

Es razonable el miedo de ellos a volver al subdesarrollo en el que se criaron, claro, pero quizás entiendan que hoy nadie vive en el mejor de los mundos posibles. Ya gritamos bastante, detengámonos a oír un momento.

El discurso de Sfeir, suena hippie a los yuppies pero su actualidad es más contingente de lo que ellos creen. Marcel Claude, vitriólico, pero con argumentos claros, denuncia con fuerza que la pirámide que sustenta a los “super ricos” debe por fin nivelarse, y cuando ello ocurra, el apocalipsis maya no llegará, Franco Parisi, mal que les pese a varios, fue el primero en educar a las audiencias, compartiendo conocimientos sólo destinados a iniciados economistas, y advertir que no había crisis alguna, sólo tinglados de especulación para postergar cambios que se pueden hacer, Roxana Miranda, conmovedora, nos recuerda que el pueblo siempre ha tenido voz, como muy bien ha dicho Gabriel Salazar.

Tomás Jocelyn-Holt, más testimonial, recuerda con lucidez un discurso ético que ya no se oye en hemiciclos o ministerios. Marco Enríquez-Ominami deja en ridículo a los vejetes de alma que creen que no puede haber en Chile un presidente joven. Ricardo Israel con serenidad y credibilidad expone la necesidad creciente de un auténtico regionalismo.

Busca, discute, rebate, apoya, rechaza o proclama, libremente, pero opciones por cierto que tienes.

El duopolio quiere ganar por walk over y apuesta para que aceptes que la pelea está arreglada. Su poder es nuestra ignorancia, como dice una olvidada canción de Los Prisioneros, escuchemos a las nuevas voces, destronemos prejuicios alimentados por el miedo del oligarca y hagámonos cargo de nuestro destino sin desafectados e interesados intermediarios.

Acudamos todos a votar. Hemos sido capaces antes.Sin esta actitud, todavía seríamos una triste parcela española, perdida al fin del mundo.

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21 oct 2013

Asamblea Constituyente

Se escandaliza con la idea de una Asamblea Constituyente, diciendo que en un Estado de Derecho existen mecanismos para producir los cambios en una Constitución. Se agrega, como una especie de campaña del terror, que en Venezuela hubo Asamblea Constituyente y ahí está la situación actual con enormes problemas para la economía y para los ciudadanos, especialmente en el área de la libertad.

Entonces, con ese simplismo tan notable de la derecha, se dice: Asamblea Constituyente es igual a traer los problemas de Venezuela a Chile y cubanizar el país. Esa “delicada” campaña del terror que siempre han hecho y en la cual cada vez se cree menos.

Una Asamblea Constituyente es un organismo convocado por las autoridades para discutir una nueva constitución. A ella concurren personas elegidas por el pueblo (o la gente como prefieren algunos ahora) y representantes de los poderes del Estado.

Imagino, por ejemplo, un gran cuerpo colegiado que discutirá mediante procedimientos que se autorregulan, integrado por todos los concejales de Chile, representantes del Congreso y una cantidad de constituyentes elegidos directamente para ello. Pueden ser también los Consejeros Regionales. Ellos conocerán proyectos e irán armando un texto que luego deberá ser votado, pasando finalmente por los filtros legales.

Convocar a esta Asamblea puede ser fruto de un acuerdo entre las fuerzas políticas.No es un acto unilateral. Los temas se discuten y no se imponen, sino que se convence a los disidentes o se llama al pueblo a dirimir.

No es un acto unilateral de un presidente que resuelve en solitario, sino que es un acto político de gran envergadura y significación que requiere de apoyos reales.

Ahora bien, ¿Por qué llevar al nivel de norma sagrada los procedimientos constitucionales para modificar la norma fundamental? Se dice que la Constitución de Guzmán y Pinochet establece mecanismos de reforma y que ellos no pueden ser alterados. No es así, ni en la realidad ni en la historia.

Recuerdo que en Julio de 1988 los dirigentes opositores a Pinochet sostenían que la reforma más importante a la Constitución que debería acordarse una vez obtenido en triunfo del NO, sería el artículo 118 sobre las reformas constitucionales.Pero, por cierto, eso no se consiguió, ya que las reformas que se pactaron fueron, salvo una, más bien cosméticas.

Y los gobiernos que siguieron a Pinochet gobernaron con la legalidad y el sistema económico y político de la dictadura, casi intocados en su esencia.Hoy se puede llegar a ese acuerdo, reformemos los mecanismos de reforma.

Entre 1811 y 1828 hubo muchos intentos de establecer una Constitución para Chile. Pero, recién ese año se estableció una norma constitucional completa y consistente que se llamó Constitución Liberal por ser ése el signo ideológico del gobierno.

Pero los conservadores –como lo hacen cada vez que son derrotados en situaciones que perciben cruciales en la historia – se aliaron con los militares e iniciaron una guerra civil que terminó en Lircay, en 1830. Con un ministro plenipotenciario, se llamó a elecciones siendo elegido el General a cargo de las tropas conservadoras. Una vez que asumió Prieto, se convocó a una Gran Convención (especie de Asamblea Constituyente) que acordó “reformar la Constitución de 1828”, cuyo texto prohibía todo tipo de reformas hasta 1936. Pero había “acuerdo”, por lo menos entre los vencedores. Pese a ser una reforma de la anterior, este texto se llamó “Constitución de 1833”, de modo neutro, aunque en verdad debió llamarse “Constitución Autoritaria”.

Con algunas reformas y curiosas interpretaciones que permitieron el ejercicio de un semi parlamentarismo sui generis, se precipitó una gran crisis política que, jurídicamente se zanjó con un golpe militar que llamó, en 1925, al recién derrocado presidente a gobernar con la tarea de convocar a una Asamblea Constituyente. Faltando acuerdo para ello, reunió a 108 personas que representaban diversas posiciones.

Por decreto presidencial se nombró una ‘Comisión consultiva encargada de informar al Gobierno sobre todo lo relativo a los procedimientos a que debe ceñirse la organización y funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente y a la cual se someterán también en consulta las materias que el Gobierno estime convenientes’.

Esta comisión consultiva se dividió en una comisión de “reforma” cuya finalidad era estudiar un proyecto de refirma para someterlo a una Asamblea, cuando fuera elegida. La integraban 15 personas designadas por el Presidente. La otra fue la subcomisión de “forma” se reunió tres veces y no logró ningún acuerdo.

De tal modo, la primera subcomisión llegó a dos proyectos: uno presidencialista y otro parlamentarista. Se acordó obviar la Asamblea Constituyente y someter los dos proyectos a plebiscito, convocados por decretos leyes.

Los partidarios del proyecto parlamentarista consideraron que el procedimiento era inaceptable y que la convocatoria a plebiscito debía ser rechazada. Acordaron abstenerse. Resultado, votó sólo un 45% del cuerpo electoral, obteniendo casi un noventa por ciento el voto presidencialista.

Esta Constitución, llamada de 1925, reformada varias veces, quiso ser sustituida primero por Frei Montalva y luego por Allende, pero no fue posible dadas las circunstancias políticas.Vino el golpe y curiosamente los militares hicieron dos cosas al respecto: declararon vigente la Constitución de 1925 en muchas de sus disposiciones y suspendida en otras y designaron una comisión de Estudios para una nueva Constitución.

Paralelamente dictaron el curioso decreto de blanqueo constitucional que decía que cada vez que un decreto de la Junta fuese contradictorio a la Constitución, se entendía que la modificaba.

En 1980, un proyecto de minoría al interior de los propios partidarios, contra el cual estuvo incluso el ex Presidente Jorge Alessandri Rodríguez, fue sometido a un plebiscito sin registros electorales y completamente fraudulento.

Y esa Constitución se eleva hoy a norma sagrada que no puede ser modificada sino por los procedimientos establecidos en ella misma. Cualquier otra cosa sería gravísima.

Es decir, el poder constituyente que tiene el pueblo no podría ser superior al poder de constituyentes ya muertos e impuestos por la fuerza y el fraude.

Vista esta breve historia, preguntemos ¿es necesario esperar el colapso institucional y un golpe de estado para modificar la constitución?Parece una sensata medida anticiparse a ello y buscar mecanismos consensuales, sin mediar golpes de nadie, para permitir que el pueblo se exprese.

No se trata de imponer un determinado modelo de procedimientos, sino simplemente el más democrático posible, sin restar seriedad y rigor a una carta fundamental.

He llegado a pensar que no es que la derecha tenga miedo de lo que se pueda aprobar, sino que ella – ellos – cree que es la única fuerza política que tiene derecho a dar golpes de Estado y a imponer modelos institucionales.Ellos quisieran una norma que diga: el poder constituyente reside en la Nación, siempre y cuando la derecha lo acepte.

Termino diciendo que no estoy convencido que el mejor camino sea la Asamblea.Pero también estoy convencido que la Constitución debe ser sustituida por un texto democrático y moderno, aprobada de verdad por el pueblo.

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21 oct 2013

40 años, prólogo ¿y epílogo?

Las revelaciones acerca de las cuentas corrientes bancarias ocultas de la DINA, los pagos a Pinochet y a otros militares, así como las sorprendentes declaraciones del ministro Mañalich acerca de su eventual paso por Villa Grimaldi, el sometimiento a juicio de otro cómplice del asesinato de Víctor Jara, el descaro de un abogado fascistoide pidiendo negociar en una nueva “mesa de diálogo” y los 18 nuevos procesados por el caso Janequeo, subrayaron estos días la importancia de los juicios por delitos de lesa humanidad a 40 años desde el golpe.

Con los nuevos casos el penal de Punta Peuco pasará a tener más de 70 reclusos, y hay otros 34 en lista de espera. El grupo de criminales incluye a una mujer, Zinaida Vicencio González, del ejército.

No es la primera mujer torturadora u homicida, la lista es enorme y su crueldad similar a la del hombre.

Baste recordar a Ingrid Olderock, Rosa Ramos, Palmira Isabel Almuna, “la Pepa”, oficial de carabineros torturadora de José Domingo Cañas hoy en libertad tras desempeñarse en un centro de menores en Iquique.

O el caso de Nélida Gutiérrez, compañera del “Mamo”, o Luz Arce, o la “flaca” Alejandra, o Marcia Uribe, “Carola”, estas 3 últimas ex militantes de izquierda forzadas en tortura a colaborar con el fascismo, o María Teresa Osorio, esposa de Basclay Zapata.

O la asesina del cuartel Bolívar hoy prófuga en Australia, Adriana Rivas, o Ana María Rubio de la Cruz, alias “Carmen Gutiérrez”, del ejército implicada en el asesinato del general Carlos Prats y su esposa, o la famosa “Pochi” del Comando Conjunto. O Viviana Ugarte de la FACH, del Comando Conjunto y nada menos que mujer del general Patricio Campos Montecinos, Director General de Aeronáutica Civil.

Suman casi un centenar las mujeres implicadas en crímenes en cuarteles como “Venda sexy”, “Ollahue”, Simón Bolívar” y otros

Bien sabemos que el Prólogo de lo que sería la peor tragedia de nuestra historia comenzó a escribirse en Washington el 14 de septiembre de 1970 – diez días después que triunfara Salvador Allende y antes que asumiera la presidencia de la nación – cuando se produjo la primera reunión entre Richard Helms, entonces director de la Central de Inteligencia Americana, la CIA, y el empresario chileno Agustín Edwards.

Tema del encuentro: planificar operativos para impedir al acceso de la Unidad Popular al gobierno o, en subsidio, la creación de condiciones para un posterior alzamiento armado contra dicho gobierno.

Así lo explican detalladamente tanto los documentos desclasificados de la CIA como el informe de la comisión especial del senado norteamericano del año 1975, presidida por el senador republicano Frank Church, que investigó la injerencia norteamericana en el golpe en Chile.

Está documentado también en el llamado informe Hirschey y lo confirman historiadores e investigadores de la calidad de un Peter Kornbluh o John Dinges. En Chile el tema ha sido igualmente estudiado. Señalemos desde luego el estupendo “Diario de Agustín” de Fernando Villagrán.

No se trata pues de opiniones personales, sino del resultado de rigurosos trabajos científicos a prueba de torpes mentiras.

Luego de ese Prólogo del 70, que explica el origen del complot, vino la obra misma de la felonía, la traición y el horror.

Esto es el despilfarro de dólares, la compra de personajes de toda vestimenta, camioneros, empresarios, periodistas, parlamentarios, dirigentes políticos, hasta lograr el golpe y el terrorismo de Estado, los detenidos desaparecidos, los ejecutados políticos, los torturados, los “prisioneros de guerra”, los exiliados, los exonerados, los cuerpos flotando en el Mapocho, los lanzados vivos al mar desde helicópteros militares, los degollados, los quemados vivos.

Cientos de miles de chilenas y chilenos de todas las edades condenados por el solo hecho de pensar. Quema de libros por todo el país, censura a la literatura, a la música, al canto, a la danza, al arte y la cultura en general. Apagón espiritual de 17años

Consolidado el modelo neo liberal e impedidos los cambios estructurales de la sociedad chilena por un largo período histórico, vino entonces la contra orden. Que, por supuesto vino de parte de los mismos autores: el gobierno norteamericano y la CIA.

En efecto, cuando mantener a Pinochet en la jefatura del Estado se hizo insostenible y cuando además asomaba la probabilidad de una salida “ a lo plebeyo”, es decir como en Nicaragua, con un pueblo alzado contra la tiranía, la Casa Blanca decidió no correr ese riesgo y envió entonces al subsecretario de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado quien dio inicio desde la propia sede de su embajada en Santiago de Chile a las negociaciones entre la dictadura y un sector de la oposición lo que explicaría todo lo que ha sucedido después.

Ahora bien, en paralelo los familiares de las víctimas con el apoyo de las fuerzas democráticas y progresistas del país han venido escribiendo otra historia.

Se trata de la lucha por verdad y justicia y por reconstruir una verdadera democracia. De romper los candados de la Constitución y las leyes de la dictadura.De levantar un Estado democrático que garantice el respeto a los derechos humanos individuales y a los derechos sociales, políticos, culturales y económicos de chilenas y chilenos.

El proceso ha sido extenso y duro desde los primeros tiempos. La lucha por la libertad de los presos en estadios y campos de concentración, los miles de recursos de amparo, las primeras denuncias judiciales.

Nunca decayeron, resistieron los portazos de las fiscalías militares y la cobardía de los tribunales que, con escasísimas excepciones de jueces justos y valientes callaron ante el horror.Pero el avance es notable. El año empieza a concluir con 1.500 procesos judiciales en curso, con varios cientos de procesados y cerca del centenar de condenados cumpliendo condena.

En este cuadro parece fuera de toda discusión que los más importante, lo que apunta al fondo mismo y a las causas verdaderas, es la querella contra los autores, cómplices y encubridores de la conjura golpista interpuesta por la AFEP y la AFDD en diciembre pasado y en la que se menciona abiertamente a personajes como el mismísimo Agustín Edwards, Pablo Rodríguez, y una larga lista de partícipes.

Digamos desde ya que no se están portando con la misma soberbia que lucían cuando su dictadura. Niegan lo innegable o “no se acuerdan” como sostenía el dictador.

Pase lo que pase la sola realización de este juicio histórico que muestre por fin las cosas tal y como fueron, puede ser el comienzo del Epílogo de la tragedia chilena Al menos en cuanto toca a los procesos judiciales, una suerte de cierre del círculo.

Pero, ojo, sólo de un Epílogo formal. Puesto que la herida seguirá abierta por los siglos de los siglos a menos que se conozca toda la verdad – esa que nos niegan hoy los que la conocen a plenitud – y que se aplique el rigor de la ley contra los culpables. Y hasta que se logre la democratización de las Fuerzas Armadas y organismos policiales del país, tarea que sigue pendiente.

Si alguien duda, recuerde la presencia y las palabras de mandos militares en ejercicio en el reciente funeral del jefe de la CNI Odlaier Mena o la recién inaugurada estatua a Toribio Merino en instalaciones de la Armada, o el enclave de fuerte Aguayo.

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21 oct 2013

Voto por la erradicación de la pobreza

En tiempo de elecciones la mirada de los chilenos se vuelca hacia quienes desean conducir los destinos de la Nación. Este periodo de grandes propuestas programáticas donde se fijan las próximas metas del país, es una instancia en la cual surgen desde distintos sectores de la sociedad demandas legítimas de justicia y equidad que se plantean como prioritarias para el país.

Para el Chile de hoy, es tiempo de grandes palabras como desarrollo, crecimiento, oportunidades, igualdad y justicia, pero también es momento de evaluar las tareas pendientes que tenemos como país.

En este contexto, y a pesar de que en las últimas dos décadas los logros en materia de disminución de pobreza han sido indiscutibles, la vulnerabilidad y la desigualdad que aún afecta a millones de nuestros compatriotas es, sin duda, uno de aquellos pendientes que nos debiese doler a todos los chilenos.

Una herida que todavía sigue sangrando y esparciéndose por todo el territorio nacional, afectando diariamente a niños, mujeres, hombres y adultos mayores que no logran ser parte del éxito que tantas veces nos enorgullece como país.

Para que este desafío pendiente sea tomado en los próximos gobiernos con decisión, es indispensable que en el escenario del Chile actual demos un salto tanto de carácter cuantitativo como cualitativo en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad, pero por sobre todo que no sigamos contentándonos con avances modestos.

Por ello, es fundamental que acordemos qué es lo que queremos como sociedad, traspasando las fronteras políticas e ideológicas de cada uno y congregándonos en el gran sueño de un país más justo.

También es imprescindible contar no sólo con recursos económicos, sino además con convicciones que nos permitan generar políticas sociales robustas, que persistan más allá del gobierno de turno y de las dinámicas sectoriales que tradicionalmente han operado.

Soñar en grande, querer en grande, hacer en grande, tal como anhelaba San Alberto desde hace ya hace 69 años.

Convencidos de la trasformación de un Chile más igualitario, en nombre de las Fundaciones Hogar de Cristo queremos invitar a los chilenos en estas próximas elecciones, a cambiar la mirada y realizar un gran voto por la erradicación de la pobreza, apoyando nuevas reformas sociales que garanticen una mejor calidad de vida para todos.

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20 oct 2013

Rentas Regionales

La proximidad de las elecciones presidenciales y parlamentarias ha permitido que se reabra un espacio para intercambiar opiniones acerca de la descentralización y regionalización del país. Ese es un tema insoslayable para profundizar y extender la democratización del sistema político en Chile.

De manera que bienvenida sea la posibilidad de establecer criterios comunes sobre la materia, entre las diferentes fuerzas sociales y políticas que se involucran en la misma.

En todo caso, hay que advertir que hay un malestar en ciertas opiniones individuales que más que tratar la descentralización, se embarcan en un áspero rechazo al sistema político en su conjunto, tomando como base las imperfecciones que se arrastran en la institucionalidad del país, desde la reinstalación del régimen democrático hasta el presente.

Por eso, quisiera aportar con una propuesta precisa que sí efectivamente permite avanzar en la capacidad de las regiones para acceder a una nueva etapa, hacia un desarrollo autosustentable.

Se trata de establecer una normativa de rentas regionales, que por mandato constitucional sólo se puede abordar con una ley que lleve la firma del Presidente(a) de la República.

Es decir, esta decisiva ley se podría tratar en un proyecto aparte o como capítulo de la reforma tributaria que Michelle Bachelet ha comprometido para la primera etapa de su futuro gobierno, en el caso de ser elegida, y que debiese servir su ambicioso propósito de concretar una reforma educacional que entregue una educación de calidad, universalmente gratuita, para todos quienes cursen su enseñanza, liberando a la clase media del pesado fardo de una deuda que se torna impagable para miles de hogares.

Hoy la situación es enteramente injusta, el caso más conocido es el que, personalmente señalé hace varios años y que hoy es ampliamente conocido.

En la comuna de Arauco, frente a la enorme planta de la celulosa de ese mismo nombre, un kiosco paga más patente al municipio que su poderosa vecina. Incluso las poderosas empresas de transporte pesado están inscritas en las comunas ultra poderosas de la Región Metropolitana.

Un camino cargado de rollizos solo le provoca gastos a la región que, teóricamente son devueltos a través del Fondo de Desarrollo Regional, que se ha demostrado como una simple aspirina o un piretanil ante el dolor que se genera por una inercia que prosigue socavando la perspectiva regional.

En los hechos la Región del Biobío tiene una tasa de crecimiento considerablemente inferior a la media nacional. Así no se puede continuar, porque esa desigualdad será también motivo de fractura en alguna circunstancia venidera.

Toda política responsable aconseja orientar un desarrollo equilibrado entre las regiones y no un crecimiento elefantiásico de Santiago, que absorbe y succiona recursos ilimitadamente, con nuevas líneas de metro, más autopistas y más gasto en el Transantiago.

Esa deformidad requiere ser reorientada hacia metas regionales que tengan un gran objetivo nacional: un crecimiento equilibrado en todo el territorio del país. Con eso, todos ganaremos.

Por ello, sugiero estudiar y definir una ley de rentas regionales que permita que las regiones cuenten con un piso de ingresos propios que garantice sus inversiones y crecimiento, frenando la desmesurada centralización que se ha impuesto en el actual ciclo económico que vive Chile.

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20 oct 2013

Por esta derecha no ha pasado la Revolución francesa

Las declaraciones y gestos de Sebastian Piñera en estos últimos meses dan cuenta de un esfuerzo por modificar las bases culturales y políticas con las cuales nace la actual derecha chilena.

El Presidente tiene claro que con una derecha de matriz y origen autoritario no puede proyectar al 2017 una candidatura presidencial y parece dispuesto a iniciar un proceso re fundacional del cual nazca una derecha que asuma los estándares básicos de la libertad, la democracia, el respeto irrestricto a los derechos humanos y las normas de un estado de derecho moderno sin las ambigüedades y contradicciones que hoy sustenta la UDI y parte sustantiva de su propio partido.

No es una tarea simple. La actual derecha nace orgánicamente en medio de la dictadura, marcada fuertemente por el apoyo y la participación activa de muchos de sus líderes en el régimen de Pinochet o asumiendo el rol de “cómplices pasivos” de los crímenes y atentados a los derechos y libertades esenciales de los chilenos.

Piñera es prácticamente el único exponente de la derecha que vota NO en el plebiscito de 1988 y es claro que toda una generación de la derecha se pronuncia por el SI perfectamente conscientes que ello significaba mantener “constitucionalmente” a Pinochet y a su régimen en el poder hasta 1997.

RN y la UDI, en su origen, no son los descendientes de los viejos liberales y conservadores que participaron en la construcción de la República y de sus valores.

Esa derecha dejó de existir ya en los años 60 y es reemplazada por un Partido Nacional cuyos líderes hegemónicos provenían del nacionalismo, algunos habían incluso adherido al nazismo, y no había en ellos, salvo honrosas excepciones que eran ya antes del golpe militar minoritarias en esa formación, una cultura democrática que pudiera asemejarse a los valores y principios que fueron la base de la Constitución liberal de 1925 del Presidente Arturo Alessandri Palma.

El Partido Nacional nace siendo un partido de inspiración golpista, se declara partidario de una “democracia orgánica” y fue el sostén civil del golpe militar contra el Presidente Allende.

Por su parte, la otra matriz ideológica de la derecha del régimen militar, se nuclea en torno al pensamiento, más intelectual y complejo de Jaime Guzmán cuya inspiración se encuentra en la intelectualidad del falangismo español y del fascismo italiano que fundamenta ideológicamente, convive y gobierna con Franco y el Duce.

Jaime Guzmán sitúa su postura ideológica contra el colectivismo marxista y el individualismo liberal, relativiza la importancia de los derechos humanos señalando que “los únicos derechos absolutos son los de Dios” e invoca principios del tradicionalismo católico y del corporativismo horizontal, recalcando la importancia y autonomía de los “cuerpos intermedios” de la sociedad.

Esta concepciones, basadas en una profunda desconfianza en la democracia y en las libertades, que debían estar subordinadas a la seguridad, se plasman en la Constitución de 1980 que “legaliza” la dictadura y el poder de los militares y civiles que conformaron parte de la estructura jerárquica del régimen.

Pinochet tenía, como Franco y Mussolini, un poder absoluto que sobrepasaba cualquier disposición legal o más bien la voluntad de los dictadores era la ley y ello se consagró normativamente en una Constitución completamente autoritaria que fue una creación intelectual en primer lugar de Jaime Guzmán.

Ambas derechas apoyan la Doctrina de Seguridad Nacional que entrega a las FFAA la tarea de la lucha contra los enemigos internos y en virtud de la cual se legitima oficialmente el asesinato y la desaparición de miles de chilenos.

El triunfo del NO en el plebiscito impidió que se cumpliera cabalmente el diseño de la dictadura, pero la Constitución consagró una democracia protegida por los militares encabezados, en plena transición, por el ex dictador Pinochet , transformó al propio dictador y a su cúpula en senadores designados, estableció un Consejo donde el Presidente elegido por todos los chilenos era prisionero de los comandantes en jefe de las FFAA que podían convocarlo, impedía que el Presidente de la República pudiera llamar a retiro a los altos mandos militares, estableció quórum especiales en el parlamento para impedir cualquier reforma a la constitución.

Junto a ello establecieron una ley electoral que imponiendo un sistema binominal aseguraba que la minoría tuviera el mismo peso que la mayoría en el parlamento, burlando la soberanía popular y mantuvieron un decreto- ley de amnistía para impedir que los responsables de violaciones a los derechos humanos fueran finalmente condenados y cumplieran sus condenas.

Ninguna de estas normas pueden entrar en una definición básica de democracia y ellas fueron, y algunas lo son aún, sostenidas y defendidas por una derecha sin principios democráticos reales.

El gran problema, por tanto, para quien intente refundar a la derecha desde la UDI y RN reside en que por la derecha actual nunca pasó la Revolución Francesa.Ni RN ni la UDI son hijos de Descartes y del iluminismo que es el inicio de la configuración de la democracia y del Estado de Derecho.

La dictadura, apoyada por esta derecha, acribilló a Montesquieu y su división de poderes al clausurar por 17 años el parlamento y subordinar a los tribunales de justicia. Ni Voltaire, ni Rousseau, ni la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano son parte de la cultura política de una derecha surgida en dictadura y cómplices de sus crímenes.

Como dirían Sartori y Bobbio, al establecer un paquete de principios y valores sustantivos de la democracia, quien no los respete y luche por ellos, cualquiera sea la ideología que sustente, está lejos de poder ser considerado un demócrata.

Por cierto, en la derecha chilena y sobretodo en RN, hay una nueva generación que no vivió políticamente la dictadura ni fueron actores en los años en que desde la Comandancia en Jefe del ejército el dictador seguía controlando a los políticos de derecha, estos acudían en masa a celebrar sus cumpleaños o viajaban a Londres, junto con una parte de la cúpula empresarial, para defenderlo, ni en aquellos en que la derecha impedía que Pinochet fuera juzgado en Chile por sus crímenes. Hay otros que legítimamente han revisado sus posiciones del pasado.

Con ellos, tal vez, Piñera, si demuestra tener convicciones fuertes y coraje político más allá de sus ambiciones presidencialistas, puede refundar otra derecha inspirada en la historia, en la cultura y en los valores de la convivencia democrática.

No lo podrá hacer con Evelyn Matthei ni con aquellos que están marcados por el signo del autoritarismo, que no permitieron que se concretara la construcción de un nuevo relato de la derecha al inicio de este gobierno, ni con los que impiden hoy los cambios para profundizar la democracia. Todo ello no resultaría creíble en la opinión pública y sería un proyecto minoritario y condenado al fracaso.

De allí la complejidad de la tarea que quiere abordar el Presidente y la contradicción de apoyar hoy una candidatura presidencial detrás de la cual están quienes sostienen que la derecha debe preservar sus valores actuales marcados, como hemos dicho, por una cultura nacionalista extemporánea en un mundo global, por el integrismo político e ideológico conservador y por el apego al estado subsidiario y al neoliberalismo en momentos en que la población reclama reformas profundas a un modelo económico injusto, basado en el abuso y la depredación del medio ambiente.

No se puede ser una derecha auténticamente democrática si no hay la firme convicción, ética y política, de romper con el pasado autoritario.

Temo que esta posición es hoy minoritaria en los partidos de la derecha aunque para Chile sería un paso obligado para una nueva convivencia cívica y democrática.

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20 oct 2013

Inmigración, la reforma pendiente

El día sábado, en Antofagasta, se llevó a cabo una manifestación para protestar por los presuntos efectos que tendría en la ciudad la “gran cantidad de ciudadanos colombianos ilegales que se han asentado.”Afortunadamente solo 50 personas asistieron.

Sin embargo, la existencia de estas protestas, aunque menores, amerita que revisemos nuestro proceder respecto de las migraciones y de la legislación que nos rige a su respecto.

Partamos por el comienzo, nadie migra por gusto. La mayoría de los migrantes se ven forzados a desplazarse por la falta de condiciones de vida favorables para su desarrollo en su lugar de origen: por desempleo, inseguridad (incluso por guerrillas, guerras o narco delincuencia), corrupción, falta de oportunidades educativas o de prosperidad.

En nuestro mundo global, el número de migrantes internacionales es mayor que nunca (214 millones según datos proporcionados por la ONU, 2009).Si el aumento continúa al mismo ritmo de los últimos 20 años, para 2050 el contingente de migrantes internacionales en todo mundo podría alcanzar la cifra de 405 millones.

¿Y Chile? Bueno, el nuestro es un país de migrantes. De emigrantes en tiempos duros de nuestra convivencia ciudadana.De inmigrantes en la mayor parte del tiempo.

Según la ONU es uno de los destinos predilectos de los inmigrantes en la región del Cono Sur, “Chile se presenta como un país atractivo para la migración internacional, debido a los positivos índices de desarrollo económico alcanzados en los últimos años”.

Un reciente informe de la OCDE expresa que “la creciente fortaleza económica de Chile y el deterioro de la situación en otros países latinoamericanos, han hecho del país una alternativa atractiva para los migrantes regionales”.

Es natural, en Chile, el exitoso modelo de desarrollo sustentado durante los últimos 30 años han permitido que los chilenos y los extranjeros en Chile, vivan mucho mejor que en el resto de la región.

Por eso, porque Chile es un país atractivo por sus condiciones de orden y un modelo de desarrollo sustentable, y porque necesitamos más población, es que ha llegado la hora de replantearse una nueva política y normativa migratoria.

Si bien la población extranjera en Chile ha ido aumentando en los últimos años, dicho crecimiento es insuficiente. De acuerdo con los datos del CENSO de población de 1982, el total de personas nacidas en el exterior era de 83.805. Según el ministerio del Interior, en la actualidad residen casi 400.000 inmigrantes en el país. Nuestra tasa de migración, si bien es superior a la de años anteriores, es aún baja: una tasa de migración neta de 0,35 migrantes por cada 1.000 habitantes (2011).

Entonces, todo indica que nuestra normativa es restrictiva respecto a acoger a los extranjeros y que no existen estímulos para la promoción del tipo de migración que pretendemos.

La norma de extranjería dictada en 1975, en plena Dictadura, se funda en la necesidad de expulsar sin causa al extranjero indeseable, sin especificar qué se entiende por tal. Ello otorga una injustificada discrecionalidad a los funcionarios públicos a la hora de decidir el destino de un inmigrante.

Basta que un policía determine que no cumple con requisitos económicos para negarle ingreso al país, o que un administrativo determine que el extranjero no es “deseable” para poder expulsarlo sin más.

Otro tanto ocurre con las visas. Muchos inmigrantes que ingresan como“turista”se ven impedidos de hacer negocios, lo que restringe enormemente las actividades que pueden conducir a proyectos de inversión.Ello podría reemplazarse por autorizaciones de permanencia, orientadas a que el extranjero realice negocios, emprendimientos y contactarse con otros profesionales locales.

Por último, nuestro país disminuyó con éxito sus aranceles pero aún no hace lo propio con el “capital humano” de expertos. Nuestra legislación debería analogar la visaO1 o Outstanding Abilitiy de EEUU, que facilita el ingreso de figuras destacadas como deportistas, artistas y científicos y sus familias.

Es un hecho ya ampliamente acreditado que la migración no disminuye empleos a los nacionales del país, sino que permite que ciertas actividades que aquellos no quieren realizar sean desarrolladas por los inmigrantes. La única limitación real admisible sería que quienes vengan no delincan.

Lo demás es patrioterismo trasnochado que, citando a Emery Reves, solo es parte del “exaltado culto” patriotero que tanto daño causó al mundo en el siglo XX.

Carlos Andwandter, en el siglo XIX, al llegar a Chile, prometió a las autoridades locales que él y sus compañeros serían “chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder ilustrado, humano y generoso…”

Sin duda nos vendrían bien muchos extranjeros como él en estos días. Y creo que hay muchos disponibles.

Al discutir qué tipo de país queremos, debemos también definir cuán amplias serán nuestras fronteras. En mi opinión, ellas deberían ser tan abiertas como sea posible, sin más límites que el de desarrollar en Chile una conducta legal.

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19 oct 2013

A un mes de la partida de Ricarte Soto

Un mes se cumple mañana de la muerte de Ricarte Soto Gallegos, quien falleciera a los 61 años de edad luego de una larga batalla contra el cáncer.

Las nuevas generaciones lo conocieron como comentarista de televisión, en especial en su rol de panelista del matinal de Televisión Nacional.Sin embargo, detrás de aquella faceta había un hombre de una destacada trayectoria en el periodismo y muy especialmente en el servicio público.

Como periodista, tanto en su trabajo en radio como en televisión, así como también en los medios escritos en que ofició como columnista, se caracterizó por su estilo agudo, incisivo y directo, y por un lenguaje claro y preciso. No podía ser de otra manera, él era un hombre de convicciones y esas convicciones lo acompañaron siempre.

Esos rasgos le permitieron convertirse en un notable comunicador social.A lo largo de su carrera demostró versatilidad, porque podía hablar de todos los temas con propiedad y sabiduría. Pero también tenía una gran empatía para interpretar genuinamente las preocupaciones cotidianas del ciudadano común, lo que le valió recibir el respeto y cariño de la gente.

Pero además, Ricarte Soto fue un gran servidor público. Sus virtudes republicanas y su vocación democrática lo llevaron en los años ochenta, desde su trabajo como corresponsal de Radio Cooperativa en París y en las radios Gilda y Francia Internacional, a exigir reiteradamente la vuelta a la democracia, el respeto a la libertad de expresión y a denunciar las violaciones a los derechos humanos que ocurrían en Chile durante la dictadura.

Ya de vuelta en nuestro país, en la década del noventa, tampoco dudó a la hora de criticar o denunciar cuando veía que se afectaban los derechos de algún grupo de personas, organización o comunidad.

Así fue como a pesar de la enfermedad que le afectaba y que le quitaba sus últimas energías, tuvo el coraje y la fuerza necesaria para viabilizar una de las demandas más sentidas de nuestra población: las dificultades que a diario sufren muchas familias para financiar el alto costo del tratamiento de ciertas enfermedades, las que muchas veces son terminales.

Precisamente, la multitudinaria marcha de los enfermos efectuada en mayo pasado en Santiago fue su último testimonio, el que tuvo como fruto la creación del Fondo Nacional de Medicamentos.Ese fue uno de los legados más preciados que le dejó a Chile.

En lo personal, siempre estaré agradecido del apoyo que me brindó en la pasada campaña presidencial, en la que participó activamente acompañándome en diversas actividades.

En ese período tuve la oportunidad de conocer y admirar su profesionalismo y por sobre todo a un ser humano excepcional cuya partida ha dejado una huella profunda en nuestro país.

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