24 oct 2013

Los derechos humanos no tienen nacionalidad

Este mes nos ha obligado a hablar acerca del fenómeno de las migraciones y los derechos de las personas migrantes. Comenzó con el impacto mundial de la llamada “tragedia de Lampedusa”, donde cientos de personas, principalmente provenientes de África, fallecieron al naufragar el barco en el que trataban de llegar a Europa en busca de un futuro mejor. Esto abrió un debate importante acerca de las políticas de migración y refugio en el viejo continente.

Pero luego la discusión se nos hizo más cercana. La semana pasada estuvo en el tapete la situación de las personas migrantes en Chile, particularmente en Antofagasta.

Declaraciones abiertamente discriminatorias por parte del Intendente en las que acusó a extranjeros y extranjeras de crear problemas y de ser responsables de los quiebres matrimoniales, fueron seguidas por una convocatoria a una marcha en contra de la migración colombiana en la ciudad.“No es racismo, no es xenofobia, no importa si es rubio, negro o verde. Si es extranjero y delinque en mi país lo queremos fuera”, se leía en algunos de los panfletos que circularon en torno a este tema.

La marcha, finalmente, tuvo bajísima convocatoria, y el gobierno salió de inmediato a rechazar la actitud y la discriminación. Sin embargo, este episodio permitió visibilizar y discutir la realidad de quienes llegan a Chile en busca de mejores oportunidades.

Nuestro país progresivamente se está transformando en receptor de personas migrantes.Esto no es “un problema”.Es un fenómeno propio de la realidad mundial, que de alguna manera nos está poniendo a prueba: está revelando cuán racistas y discriminatorios somos, cuánto podemos aceptar la diversidad de colores de piel, costumbres, creencias y formas de hablar.

La cantidad de personas extranjeras que viven en Chile representan actualmente más del 2% de la población. Las cifras se han triplicado en los últimos 20 años.El origen de las migraciones es diverso, muchas personas lo hacen porque quieren mejorar sus condiciones de vida, para vivir en un entorno más agradable o para reunirse con sus familias, pero también hay quienes huyen de conflictos o desastres naturales o de redes de trata, entre otras cosas.

Pero el crecimiento en la población extranjera en nuestro país, también está poniendo a prueba a nuestras instituciones y el actuar de nuestras autoridades.

Si bien Chile ha ratificado el Convenio sobre Derechos de las personas migrantes y sus familiares, la legislación no incorpora expresamente los derechos garantizados en éste.

Tener legislación alineada con las normas internacionales en materia de derechos sería un buen primer paso. Sin embargo, tampoco podemos olvidar que la sola legislación no resulta suficiente.

Se requiere tener personal capacitado en los distintos ámbitos de cumplimiento de los derechos de las personas migrantes.Ya en la actualidad hay diversas materias en que el problema no está en la normativa, sino en el conocimiento de los funcionarios y funcionarias de dicha normativa y la manera discriminatoria en que la aplican.

Asegurar que esto no suceda es responsabilidad del Estado.Pero también es fundamental asegurar que la información sea accesible a las propias personas que llegan, de manera que puedan seguir los trámites, realizar los reclamos pertinentes y exigir sus derechos adecuadamente.

Y finalmente, se requiere una política de integración clara y medidas que permitan prevenir la discriminación.Políticas adecuadas de educación e integración pueden hacer mucho para reducir la discriminación cotidiana y la probabilidad de que sucedan hechos como los ocurridos recientemente en Antofagasta.

Es fácil caer en actitudes que parecen decir que las personas chilenas tienen “más derecho a tener derechos” que las personas extranjeras, más aún si están en Chile en situación irregular.

Es posible caer en estigmatizar a “los extranjeros” o a personas de determinados países como delincuentes, ladrones u otras acusaciones peores.Es fuerte el riesgo permanente de caer en discriminaciones arbitrarias, no sólo entre personas chilenas y extranjeras, sino también entre personas extranjeras según su nacionalidad, basado en los prejuicios que tenemos acerca de los nacionales de cada país.

Es importante recordar siempre que estamos hablando de derechos humanos: la no discriminación, el derecho a la integridad física, la libertad de circulación, el acceso a salud y educación, el derecho a reagrupación familiar, entre otros. Y los derechos humanos no tienen nacionalidad.

El hecho de que se trate de personas extranjeras, incluso si estuvieran en situación irregular en Chile desde un punto de vista migratorio, no es justificación para denegarles sus derechos humanos más básicos. Y como tema de derechos humanos, es responsabilidad del Estado de Chile abordarlo debidamente, quienquiera que sea que gobierne.

Por ello, como nota final quiero mencionar que me llama la atención no haber podido encontrar referencia a estas materias en los programas de gobierno de los candidatos y candidatas presidenciales, al menos en lo que se ha dado a conocer hasta ahora.

Quienes lo mencionan, señalan medidas muy específicas, sin que aparezca claramente una preocupación por abordar el asunto de manera integral.

Los hechos recientes muestran la relevancia del fenómeno de las migraciones en Chile y en todo el mundo, y no abordarlo de manera apropiada puede tener como consecuencia graves vulneraciones a los derechos humanos. Y esto es lo que debiera importarnos en definitiva: estamos hablando de personas y sus derechos. La nacionalidad, cuando se trata de derechos humanos, no tiene importancia.

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24 oct 2013

Funcionarios municipales, parientes pobres del Estado

Las movilizaciones de funcionarios municipales se originan por cuatro demandas no resueltas desde hace años. Primero, la homologación de los Programas de Mejoramiento de la Gestión, PMG, con los de la administración pública centralizada. Segundo, solución al incremento previsional. Tercero, asignación profesional, técnica y de responsabilidad. Y cuarto, readecuación de las plantas municipales. Este último punto es el más significativo y por el que se ha trabajado desde el mundo municipal hace casi 20 años, aunque sin éxito todavía.

En el año 1994 se publicó la Ley Nº 19.280, que nace con el objetivo de modernizar las plantas municipales a través del establecimiento de los requisitos para el ingreso y la promoción en los “cargos de planta” del personal de las municipalidades.

Enseguida, cada una de las municipalidades existentes en el país, en virtud de la norma citada y de acuerdo a la necesidad y realidad de las respectivas comunas, modificaron las plantas de su personal.

Desde entonces, los ansiados “contratos estables” en las municipalidades se mantienen sin cambios y, en consecuencia, los alcaldes están imposibilitados de crear nuevos cargos porque esa facultad es exclusiva del Presidente de la República.

Posteriormente, en el año 1997, se publica la Ley Nº19.526 que reformó la Constitución Política en materia de administración comunal.

En ese entonces, el Ejecutivo señaló que uno de los objetivos de la iniciativa era “otorgar a las municipalidades mayor autonomía en la determinación de sus propias plantas, autorizándolas para crear los órganos o unidades que la ley orgánica constitucional respectiva prevea, así como para crear los empleos rentados que estimen necesarios, suprimirlos y asignarles remuneraciones, con arreglo a lo contemplado en la ley correspondiente, y dentro de los límites de la propia Carta Fundamental”.

Según la misma modificación, estas facultades se ejercerían “dentro de los límites y requisitos que, a iniciativa exclusiva del Presidente de la República, determine la ley orgánica constitucional de municipalidades”.

Lamentablemente, la reglamentación de la reforma constitucional no prosperó durante la tramitación del proyecto de ley sobre la modernización de la planta municipal.Por ende, las autoridades locales están, hasta hoy, imposibilitadas de implementar nuevos cargos de trabajo al interior de los municipios.

En Chile existen hoy 345 comunas y de acuerdo a un estudio realizado por la Asociación Chilena de Municipalidades, al año 2010, 258 de ellas cuentan con directores de Desarrollo Comunitario, 242 con directores de Planificación, 115 con directores de Finanzas, 81 con directores de Control, 129 cuentan con directores Jurídicos y 263 municipios tienen directores de Obras Municipales.

En resumen, en total existen 1.403 cargos directivos, pero faltan 1.012, sólo considerando los cinco cargos directivos más relevantes en las administraciones locales, a saber, direcciones de Dideco, Planificación, Jurídica, Obras, Finanzas y Control.

Como la Ley 18.695 Orgánica Constitucional de Municipalidades lo señala, las municipalidades son órganos de la administración del Estado, cuya finalidad es satisfacer las necesidades de la comunidad local y asegurar su participación en el progreso económico, social y cultural de las respectivas comunas.

Sin embargo, a las municipalidades se le hace imposible cumplir cada una de las tareas que se les encomienda, si no modernizan las plantas funcionarias.

La realidad de las comunas del país ha cambiado notoriamente desde 1994, año de la anterior modificación de las plantas municipales.

Valga el ejemplo de la comuna de Maipú, donde su población para el año 1992 era de 256.550 habitantes, mientras que en el año 2002, el total de los habitantes era de 463.103, de acuerdo a la información del Instituto Nacional de Estadísticas.Hoy se estima que el total de los habitantes supera las 600 mil personas.

Se requiere voluntad política para modernizar la administración comunal. Órganos que con el paso del tiempo, asumen cada vez más funciones, sin el debido financiamiento y, lo que es más relevante, es que estos organismos estatales necesitan fortalecer su actual dotación de recurso humano, ya sea en su condición de funcionarios y su relación laboral con su empleador, como en su condición de auxiliares, administrativos y profesionales y su entrega laboral al municipio en el que se desempeñan.

Modernizar las plantas municipales, conjugando el respeto por los derechos laborales y la carrera funcionaria y, de paso, evitando la precarización del trabajo, es una de las tareas de futuro que tenemos los municipalistas, comprendiendo en ellos a Alcaldes, Concejales y Funcionarios.

Nos asiste la convicción de que es imposible construir un mejor Estado si no construimos mejores municipios para Chile. Y los municipios y sus funcionarios no debiesen seguir siendo los parientes pobres del Estado Chileno.

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24 oct 2013

La paternidad como un privilegio

Debo reconocerlo, a priori, me cuesta ver a los hijos como un derecho. Esta pulsión o aspiración grabada en nuestro ADN , de la cual depende la supervivencia de la especie, a la cual nos solemos aferrar para que nuestra simiente perdure y venza el paso inexorable del tiempo, es hoy esquiva para miles de compatriotas.

Se calcula que casi 350.000 parejas sufren por no poder concebir un hijo y se exponen a ser catalogados como “infértiles”. Esta realidad, algo escondida y vivida con angustias y bajo una presión social a veces insostenible, de a poco comienza a visibilizarse.En buena hora.

Tampoco creo que los hijos sean un objeto, respecto del cual podemos buscar por todos los medios obtenerlo, como si fueran un premio, un consuelo o una joya.

Pero más allá de eso, y sin duda, no puedo concebir que los hijos sean un privilegio de algunos o una posibilidad restringida por actos de autoridad, y así como me repugna la política de un solo hijo que se aplica en China, me parece que nuestro país no puede seguir aceptando que el acceso a técnicas y terapias de reproducción humana asistida sólo sean accesibles para un porcentaje menor de la población que, ¡oh casualidad!, es el pequeño porcentaje de personas con más recursos o con más capacidad de endeudamiento.

El desarrollo científico asociado a las terapias de reproducción humana asistida ha siempre interpelado nuestra reflexión bioética acerca de si todo lo que se puede hacer desde el punto de vista técnico, es razonable o aceptable desde el punto de vista ético.

Pero junto con estas profundas y complejas discusiones hay otra discusión ético-política que comienza a surgir, dice relación con la posibilidad de poner estas terapias al alcance de todas las parejas que lo requieran y que, con ello, deje de ser un problema de recursos económicos acceder al menos a aquellas técnicas más sencillas, más costo-efectivas y más éticamente aceptables.

¿Quién define todo ello? Obviamente, la sociedad a través de sus legisladores y autoridades legitimadas para ello.

Desde el momento en que la comunidad mundial, a través de la OMS, reconoce a la infertilidad como un problema de salud, la aspiración de tener hijos y no poder concebir deja de ser un simple interés legítimo de cada persona, para transformarse en un problema de la sociedad en su conjunto.

Somos muchos los que hemos enfrentado un lapidario diagnóstico al respecto, y se convierte en un dolor que se vive casi en silencio, con algo de vergüenza y que nos enfrenta a pudores, culpas y frustraciones.

Creo que es apropiado que junto con discutir las necesarias reformas al Sistema de Salud chileno, incorporemos el acceso a técnicas de reproducción humana asistida entre aquellos asuntos de los cuales debemos hacernos cargo, no sólo porque parece sostenible desde el punto de vista económico, sino porque representa una carga financiera y psicológica para miles de chilenos y chilenas, amén de ser inaccesible para cientos de miles.

Tengo claro que esta discusión no puede darse aisladamente, exige también de nuestra sociedad y de nuestros legisladores la madurez y el coraje suficiente para abordar la regulación de las técnicas de reproducción humana asistida, el derecho de los hijos surgidos de la donación de gametos a conocer su origen biológico, las pautas éticas de los equipos de salud, la certificación de especialidades, la acreditación de los centros donde se practiquen, el acceso a las mismas terapias en igualdad de condiciones para parejas del mismo sexo, etc.

Pero esta discusión compleja no puede ser una excusa para no avanzar ni en cobertura ni en regulaciones. Nuestro país y los miles de chilenos y chilenas afectados por eso se merecen más.

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23 oct 2013

Concierto para violín N 3 de Mozart

Para un cangrejo.

Con la mirada perdida en su interior y mientras se dejaba llevar por la corriente donde las notas y el violín fluían hasta perderse en ese lugar misterioso donde le gustaba habitar.Allí, donde la música y la realidad viven entrelazadas de tal manera que es imposible determinar donde comienza una y termina la otra, el violinista se disolvía en la música y la música se disolvía en el violinista.

Más bien, era Mozart, que vuelto a la vida en su Concierto para Violín N 3, se deslizaba incorpóreo y sorprendido por las calles bulliciosos y atestadas de personas que caminaban apresuradas a comprar cualquier cosa que las dejara dormir tranquilas por lo menos esa noche.

Pocos repararon en su figura que apenas se adivinaba tras una sucia cortina blanca en la ventana de la casa esquina, que con sus colores chillones, anunciaba en una hoja de cuaderno de matemáticas en el marco de la desvencijada puerta color verde, “Alojamiento para Scorts de lujo”.

En la pieza del altillo, él tocaba. Tocaba para una mujer desnuda, que rechoncha y sudada, porque esa noche hacía mucho calor y la pieza no tenía ventilador, roncaba ajena a la belleza y a la mirada fascinada de Mozart, quien no podía evitar de pensar que en su tiempo las mujeres con las que había tenido sexo y compuestos sus mejores composiciones, eran a todas luces mucho más hermosas.Además detestaba ese molesto ruido gorgoreado con olor a alcohol que vomitaba la boca de la durmiente.

Mientras, a paso apresurado, con unos pantalones azules descoloridos y deshilachados, una parka plomiza y llena de manchas, sin zapatos y con la mirada perdida en el vacío, caminaba a todas luces un vagabundo, lo que no tiene nada de especial en las ciudades costeras, pero éste llevaba un cangrejo rojo violáceo firmemente agarrado a su cabeza.

Algunas personas se daban vuelta para mirarlo, pero nadie se atrevía a decirle algo por si fuera a ser agresivo y peligroso.

De pronto giró y con paso decidido subió las escaleras donde esa noche calurosa habitaban el violinista, Mozart, y “la scort de lujo” (que roncaba cada vez más fuerte).

El cangrejo miró la escena y escuchó la música extasiado, porque era él, quien fascinado por ese sonido que conmovía su alma (de cangrejo o jaiva), dirigía al vagabundo por las calles con sus tenazas, como un jinete con su caballo.

Cuando el violinista terminó su concierto y Mozart se retirara discretamente, la mujer que se despertó de mal talante y con mucha hambre, no tuvo más que cocinar la jaiba (porque no era cangrejo), a pesar de sus desesperados reclamos.

Sólo logró apretar tan fuertemente el dedo meñique izquierdo del violinista que la ayudaba, que logró infringirle una pequeña herida que infectada con un Estreptococo agresivo y maligno, obligó a que le amputaran la mano días después, mientras la “scort” era hospitalizada por una grave intoxicación complicada con una peritonitis que obligó a operarla y a dejarla con dos cicatrices azuladas que cruzaban completamente su arrugada piel del abdomen.

Y así fue, como en la ciudad costera, siguieron su camino un ex violinista manco que ya no tocaba a Mozart, una “escort” que nunca más fue de lujo, y un vagabundo que caminaba perdido llorando a su cangrejo favorito.

En este momento, necesito aclarar que este relato sólo termina cuándo se escucha con los ojos cerrados el Concierto para Violín N 3-KV216-de Mozart, y que la ciudad es Arica, donde camina de verdad el vagabundo del cangrejo.

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23 oct 2013

Política y mujeres, una relación esquiva

Durante estos días se inició el período de propaganda electoral en que la ciudadanía tiene más acceso a conocer las distintas alternativas que presentan los partidos políticos en sus plantillas parlamentarias y para Consejeros y Consejeras Regionales. Cuál no sería mi sorpresa de ver aún pocas mujeres entre dichos nombres.

Lamentablemente la presencia de Michelle Bachelet, Evelyn Matthei y Roxana Miranda no responde a una necesidad de la clase política de revertir una de las desigualdades más profundas de nuestro país como es la asimetría de poder existente entre hombres y mujeres y que se expresa por ejemplo en los magros números de presencia femenina en el trabajo remunerado o en los espacios públicos y privados de toma de decisiones.

Cuando las bases de las democracias contemporáneas se encuentran en tela de juicio por sus dificultades para representar la diversidad existente en la ciudadanía, de responder a intereses y demandas y de abrir espacios de poder para aquellos grupos sociales que se han visto imposibilitados de hacerlo en la práctica, es cuando la presencia de las mujeres resulta aún más pertinente.

Primero, las mujeres representamos la mitad de la población local, del electorado y también somos parte importante de los partidos políticos que no están brindando y promoviendo los espacios necesarios.En síntesis, somos la mitad de la ciudadanía que no estaría siendo considerada para la toma de decisiones respecto a los asuntos importantes del país.

Además, las mujeres compartimos necesidades e intereses específicos que no están siendo representados.No somos de naturaleza distinta a los varones, pero qué duda cabe que estamos abocadas por designio cultural a tareas específicas ligadas al cuidado de la familia y a las tareas domésticas, incluso para aquellas que conforman la fuerza laboral remunerada.

Poseemos experiencias, intereses y valores que nos resultan comunes, producto de una socialización determinada, y de desempeñar unos roles sociales subordinados que se traducen en trabajo gratuito al interior de los hogares, sin horario (parece que no se acaba nunca) y sin valoración social.Si de explotación económica se trata, las mujeres tenemos bastante que decir a lo largo de la historia.

Desde niñas somos educadas en este modelo de madre esposa y cuidadora de otros (as), incluso para quienes se han incorporado al mercado laboral.Basta echar un vistazo a cualquier tienda de juguetes en la ciudad, a los cuentos infantiles, a la publicidad de productos de limpieza en que algún científico de bata blanca se dirige en exclusiva a las mujeres para convencerlas de los méritos de su producto, etc.

Se nos educa para postergar nuestras propias necesidades en favor de la familia a través de la ideología del amor que se llega a convertir en una verdadera trampa para la explotación.

Esto, sin cuestionamientos de ningún tipo, como si fuera parte de nuestra naturaleza, como una verdadera marca de nacimiento. Aún quienes cuentan con los recursos económicos para contratar a una asesora del hogar tiene la posibilidad de liberarse sólo en cierta medida de las tareas que le fueron asignadas culturalmente, para lo cual contrata a otra mujer para que se haga cargo de ellas.

Ese “algo” nos refuerza durante toda la vida que hombres y mujeres somos diferentes por naturaleza, como estrategia para evitar que se modifique la tradición de separar el mundo en dos: uno masculino jerárquicamente superior, más valorado socialmente que lo femenino.

A modo de ejemplo en materia de políticas públicas, la accesibilidad a un hospital por medio de transporte público cobra mayor sentido para las mujeres que para los hombres.

La razón es que son ellas quienes tienen menor acceso a vehículo particular y porque son las mujeres quienes se preocupan de llevar a sus familiares a centros de salud cuando algún familiar está enfermo (a) o cuando debe realizar controles de rutina. Intereses y necesidades de este tipo pudieran ser mejor gestionados por otras mujeres que ocupen cargos de representación popular.

Pero a lo anterior cabe añadir la necesidad que dichas mujeres que accedan a cargos de elección popular o a cargos de confianza tengan conciencia de género, que les permita identificar la asimetría de poder antes descrita entre hombres y mujeres. Y que entre sus propuestas no sólo busquen satisfacer las necesidades básicas de las mujeres vinculadas a la satisfacción de necesidades básicas (vivienda, salud educación, etc.), sino que desde el espacio de poder que ocupen hagan esfuerzos por modificar la desigual distribución de recursos que caracteriza a nuestro género respecto a los varones.

Resulta además paradójico que a pesar del innegable liderazgo de la ex Presidenta Michelle Bachelet probablemente la próxima Presidenta de Chile, caracterizado por relevar el aporte de las mujeres cuando fue Mandataria, no haya servido como insumo aunque sólo como estrategia electoral para que los hombres que lideran los partidos políticos hayan promovido una masiva presencia de más mujeres como candidatas para estas próximas elecciones.

Ahora bien, si intentamos explicar porqué a pesar de tanta evidencia que señala la necesidad de que más mujeres se incorporen a la actividad política, los partidos políticos llevan aún pocas mujeres en sus listas, es bastante simple.

Brindar espacios a más mujeres trae consigo que determinados hombres con nombre y apellido en cada una de estas colectividades queden sin esos espacios que creen propios.

Sin duda, ceder el poder cuesta, especialmente cuando se está en política no por un bien colectivo sino para privilegiar intereses personales.

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23 oct 2013

Medicina ¿negocio o servicio?

Para ser profesional de la salud hay que tener vocación de servicio.Querer entregar a las personas el cuidado, tratamiento, educación para su bienestar y realización.El profesional es humano y necesita vivir, alimentarse, dormir, formar familia, criar y educar hijos y por lo tanto tiene necesidades a satisfacer.

Esas necesidades se satisfacen por transacciones en las que por su actividad la sociedad le retribuye sus servicios pecuniariamente y con este ingreso monetario acude al mercado.

Restrinjámonos al médico ¿cuánto debe ganar un médico por sus servicios? La pregunta no respondida todavía para ningún oficio nos presenta crudamente el vector valórico polar que genera: el valor del servicio y el valor de la ganancia por el servicio.

Los vectores valóricos no son promediables, tiene que hacer una opción ética: o ejerce por su vocación de servicio y exige una remuneración justa o (exclusivo) pretende enriquecerse y ejerce en tanto cuanto ese ejercicio lo enriquece. Las intenciones no son fundibles.

Se dice, las cosas no son blancas o negras sino grises. Pero es falso, las cosas son blancas, negras o grises y si grises son una proporción exacta de negro y blanco.

Puede engañarse a sí mismo y pretender que su intención no es primariamente enriquecerse y echarle la culpa al sistema pseudoneoliberal chileno y decir no tengo otra forma de ejercer.Sabe que esto es falso y se hace el leso consigo mismo.La Ética neoliberal no es compatible con la Ética principalista, virtuosa o hipocrática médica.

Los hospitales del Estado de Chile, especialmente en provincia, sufren la crisis valórica donde el enriquecimiento ha pasado a ser lo más importante para profesionales del sistema de salud.

Por ejemplo, los pabellones quirúrgicos quedan vacíos en la mañana donde las intervenciones las paga el Estado al hospital del Estado, pero están sobre utilizados en la tarde donde la misma intervención, en el mismo paciente, en el mismo hospital se paga mucho más cara que en la mañana con los dineros del Estado de Chile (FONASA u otros) pero a una empresa privada que puede ser una asociación de los mismos médicos o profesionales del hospital.

La Dictadura Militar y luego la Concertación permitieron este robo a mano armada, con la Constitución y las leyes, al Estado cuyos fondos vienen de todos los contribuyentes especialmente de los pobres.

No se le pide el consentimiento informado a ningún contribuyente para que los fondos de su bolsillo pasen a manos privadas, pero se le pide este consentimiento firmado para ser intervenido sin decirle si será en la tarde, donde le están robando legalmente al Estado (y a él) y es más caro, o en la mañana donde le correspondería por un precio inferior.

El trasvasije del dinero de todos los chilenos al bolsillo de los privados es uno de los problemas de corrupción más grave que sufre Chile, porque es un robo ético pero legalmente no tan sólo permitido sino que fomentado por la Constitución y las leyes que muchos no aceptan.

Esta sola corrupción necesita de otra Constitución. A este fomento atribuyen la imposibilidad de ejercer la profesión en forma ética.

Constitucional y legalmente la situación es mucho peor porque en Chile es el único país del mundo donde la ética profesional está prohibida.El proyecto de ley de recuperación de la tuición ética profesional duerme en el Parlamento desde hace más de cuatro años.

La situación se complica cuando sociedades médicas científicas, que por ley no tienen fines de lucro, se organizan para optimizar las ganancias de sus asociados y establecen que ejercerán preferentemente en las tardes para el privado o público pagado a precio de privado.

Si el ejercicio profesional de los miembros de estas sociedades es fundamental para el uso de los pabellones resulta que en Chile no se puede usar los pabellones en las mañanas y solo pueden utilizarse en la tarde a otro precio. El Ministerio de Salud ha reaccionado exageradamente lo que ha motivado una acusación por los médicos y parlamentarios que ha llevado al Ministro a una interpelación.

Pero el problema no es los dimes y diretes entre las sociedades y el Ministerio de Salud. El problema es más de fondo.

No hay en Chile un Estado autónomo de los partidos políticos, de los Gobiernos de turno, de los grupos de poder económicos o de opinión. No hay política de salud.

Desde la UP, pasando por la Dictachet, la Concertación y ahora la Alianza, la destrucción sistemática del Estado por los Gobiernos, los Partidos Políticos, los grupos de poder ha sido el denominador común.

Los fondos del Estado, sus empresas y pertenencias han pasado a manos privadas a precio de huevo o gratuitamente y todo esto de acuerdo a la Constitución y las leyes, además de permitir y fomentar esta ética de la ganancia monetaria por sobre todas las cosas.

El dios Mamón reina sin contrapeso. La Dictadura Militar demolió el Servicio Nacional de Salud (SNS) para dejarle lugar a los privados, dejó de invertir en el y no lo actualizó debidamente.

Un solo ejemplo basta.El servicio estatal debería ser el mayor prestador de las necesidades de diálisis con los mejores recursos disponibles en Chile, lo que sucede es al revés las diálisis están concentradas en los sistemas privados a los que el Estado paga enormes sumas de dinero y están pasando a empresas transnacionales.

Si la inversión que el Estado hace en los sistemas privados se hiciera en los estatales, tendría un mucho mejor resultado.No olvidemos que la demolición del sistema estatal fue a sangre y tormento con asesinatos, exoneraciones, torturas, exilio, robos de infraestructura, traspaso de activos, etc., para después acusarlos de ineficiencia, cosa que tampoco es cierta, porque con los recursos que tiene el sistema estatal rinde mucho y quien sabe, mucho más que el sistema privado.

Los médicos que han sido formados por el esfuerzo de todo el país y que dada su falencia de especialistas se organizan para fijar sus honorarios y condiciones de atención de tal modo que la población no puede sino que pagar lo que ellos dicen, porque no hay otra forma de atención, se han puesto en una posición que difícilmente sea sostenible como de un profesional médico y se han asimilado a un mercantilismo sanitario extorsionador

¿Será reversible esta forma de ser? o ¿será una enfermedad incurable terminal?

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22 oct 2013

La peor de todas (y de todos)

No se trata de la gran poetisa mexicana del siglo XVII Sor Juana Inés de la Cruz, la de “Hombres necios que acusáis”, que, en un momento de arrebato poético-místico se llamó a sí misma “la peor de todas”.

Esto es sólo política, y política nacional.

Estamos frente a un fenómeno histórico en la derecha chilena.

Nunca antes apareció en escena una candidatura presidencial tan raquítica, tan falta de apoyo, tan condenada a la derrota, como la de hoy. Nunca. Ni en el siglo XIX ni en el siglo XX ni en lo que va del siglo XXI.

Ella es la peor candidata de todos los que ha habido. La peor de todos los tiempos.

No sólo convoca menos que sus recientes antecesores, Piñera o Lavín.

Convoca menos que todos los que ganaron, por cierto, pero también convoca menos que todos los que perdieron.

Peor aún que Arturo Alessandri Besa, que hasta ahora era el peor y que en 1993 llegó sólo al 24,41 por ciento, siendo derrotado por paliza por Eduardo Frei Ruiz Tagle.

Y hasta peor que los que enfrentaron elecciones sin ser candidatos únicos, cuando la derecha levantó a dos porque no se puso de acuerdo o porque se buscó sumarlos en la segunda vuelta.

Recordemos a todos los que se puede recordar.

En 1932, el derechista (en ese año) Arturo Alessandri Palma fue elegido Presidente con el 54,79 por ciento de los votos.

El siguiente candidato, en 1938, don Gustavo Ross Santa María, derrotado, alcanzó nada menos que el 48 por ciento de los sufragios.

En 1942, para enfrentar a Juan Antonio Ríos, la derecha apoyó al General Ibáñez, que alcanzó el 43,87 por ciento de los votos.

En 1946, la derecha saltó al ruedo con dos candidatos. Uno, tradicional, don Fernando Alessandri Rodríguez, alcanzó el 27,42, bastante más que lo que hoy tiene su candidata. El otro, un conservador socialcristiano, don Eduardo Cruz Coke, lo superó con un 29,81 por ciento. Los candidatos de media derecha tenían más apoyo ciudadano que la única candidata de la derecha de hoy.

En 1952, don Arturo Matte Larraín llegó al 27,8 por ciento.

En 1958, su cuñado, don Jorge Alessandri Rodríguez, fue elegido Presidente con el 31,58 por ciento.

En 1964, la derecha (en situación muy parecida a la de hoy) bajó la candidatura radical de Durán y apoyó a Eduardo Frei Montalva con solo una condición, que ganara a Salvador Allende.

En 1970, el líder derechista don Jorge Alessandri, con el 35,27 por ciento de los votos, fue derrotado por Salvador Allende.

En 1988, el dictador derechista Augusto Pinochet alcanzó el 44 por ciento de los votos.

En 1989, el derechista pinochetista Hernán Büchi llegó al 29,4 por ciento de los votos.

Ya hemos visto lo de Alessandri Besa en 2003: 24,41 por ciento.

En 2000, Lavín llegó a tener 48,69 por ciento en segunda vuelta. En primera, el 47, 51 por ciento.

En 2005-2006, Piñera llegó al 46,50 en la segunda vuelta. En primera había alcanzado el 25,41.

Lavín, que fue superado por Piñera, alcanzó al 23,27 por ciento en primera vuelta, donde fue tercero, con más de lo que hoy tiene la candidata derechista. Siendo tercero tenía más apoyo que el que hoy tiene Matthei.

En 2009-2010, Piñera llegó al 44 por ciento en primera vuelta y al 51,60 en segunda, con lo que está hoy en La Moneda.

Es la peor de todos.

Dicho de otra manera, la de hoy es la peor campaña presidencial de la derecha chilena desde que hay memoria.

No se debe a falta de recursos económicos, por cierto.Ni a que no cuenta con los medios.Ni a que tiene los medios en contra.Ni a que no tiene partidos legales o congresistas para recorrer el país casa por casa y de arriba a abajo.Ni a que no tiene ministerios o alcaldías o influencia empresarial.A que le faltan palomas o anteojos cuneteros para regalar.

Hay una mala candidata, es verdad. Hija de miembro de la junta de la desprestigiada dictadura.Apologista de Pinochet a 40 años del golpe, cuando se conocen más que nunca sus crímenes y latrocinios. Figura de un gobierno poco apto y políticamente fracasado.Lejana, crispada, dura y sardónica, en tiempos de televisión.Pero…

¿No será que la tremenda derrota electoral de la derecha tendrá que venir acompañada del fin de sus destacamentos actuales, la UDI y RN, con Matthei, Longueira, Carlos Larraín, Allamand y otros pasando al olvido como lo hicieron hace 50 años conservadores y liberales?

Ante ese temor, en estos días la derecha y su candidata pueden brincar para patear antes de caer en el acantilado.

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22 oct 2013

En defensa del ranking de notas

Una gran polémica se ha suscitado por la definición del Consejo de Rectores de aumentar el valor del Ranking de Notas en el proceso de selección de alumnos que accedan a las universidades en este año. Los grandes detractores aparecen siendo los directivos y alumnos de los así llamados “colegios emblemáticos”.

Ellos tienen razón en reclamar. Los alumnos de los colegios particulares y públicos así llamados “emblemáticos” son seleccionados con mucha antelación a esta fecha y, producto de esa selección que se produce por razones económicas, sociales y –en los menos casos- académicas, se les “garantiza su acceso a las mejores universidades, las del Consejo de Rectores.

Tienen razón los rectores en modificar el sistema de asignación de puntajes utilizando en mayor medida el Ranking de Notas, ya que están dando oportunidades a los mejores alumnos, independiente de su condición económico social, y valorando su desempeño académico en su propio establecimiento, es decir, están introduciendo equidad en el sistema de selección, tal vez corrigiendo una política adoptada por los propios Rectores hace unos años al cambiar la Prueba de Aptitud Académica (PAA) por la Prueba de Selección Universitaria (PSU) que discrimina a favor de los estudiantes de los “colegios emblemáticos”, como se ha demostrado por estudios de diversas Universidades.

Paradojalmente han sido los estudiantes de los establecimientos emblemáticos los que se han movilizado por la equidad y calidad de la educación, y algunos de ellos ahora se movilizan contra una de esas propuestas.

Seguramente, como toda construcción de indicadores, el Ranking de Notas es perfectible, pero es importante que se entienda su formulación y su objetivo.

Con el Ranking de Notas se otorga puntaje a los mejores alumnos de cada establecimiento considerando dos variables, ambas endógenas, es decir que no se relacionan con otros establecimientos tal como algunos voceros contra su implementación han dicho.

La primera variable es el desempeño en su propia aula, dando un premio en puntaje a los mejores alumnos de cada curso.La segunda es premiando a los alumnos que tienen un promedio superior al de su establecimiento en los años inmediatos a su año de egreso, es decir que son los mejores de varias generaciones.

Esto premia a los que se esfuerzan, que son los que mejor van a aportar en sus estudios y desempeños laborales en el futuro, cuando se les dan oportunidades, como es lo que se está proponiendo por el Consejo de Rectores.

La sociedad debe evaluar estas decisiones por el conjunto de sus resultados, cuidando de causar el menor daño que sea posible en las situaciones individuales, pero no puede paralizarse en los caminos correctos porque exista ese tipo de daño.

Esperar que egresen todos los estudiantes de los colegios que seleccionan a sus alumnos para comenzar a aplicar esta medida que, insisto, corrige en parte la discriminación que introdujo la PSU, significaría perjudicar a muchos más estudiantes que, siendo buenos en su desempeño, no han tenido las oportunidades que merecen y que, en una parte bien menor aún, se les está otorgando.

Sería muy positivo para la sociedad que este debate no quedara en el ranking y la PSU, sino se abriera a la discusión sobre todo el sistema de acceso y sobre la necesidad de reformular el sistema universitario en su conjunto incorporando el Propedéutico como una forma natural de incorporación, dando valor a los Bachilleratos, planificando los cupos de cada carrera para que sean conducentes a empleos relacionados con las diferentes formaciones, y retomando el sentido de la Universidades como actores de los procesos de desarrollo de la sociedad, donde quienes ingresan a ellas debe entenderse como parte del mismo y no como decisiones individuales fundamentadas en criterios económicos.

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22 oct 2013

Dignidad del cargo o… ¡shhh, que nos desesperas!

Históricamente en nuestro país se ha tenido respeto y reconocimiento por la figura de quien preside la nación.La figura del presidente de la República ha sido siempre considerada por moros y cristianos aun cuando ideológicamente se encuentre en las antípodas de nuestro pensamiento.

Sin embargo, la experiencia reciente parece indicar que la dignidad del cargo sólo se sostiene cuando el individuo que por decisión popular ha sido investido de dicha dignidad, aporta una base sólida no sólo en lo intelectual, sino también en lo moral, lo espiritual y hasta en algo tan sencillo como son las formas.Pocas veces se ha roto esa tradición y en un par de momentos cuando ello aconteció derivó en una tragedia.

Pero hoy vivimos una situación distinta. Tenemos un presidente de la República, Sebastián Piñera, que se ha dedicado con perseverancia a minar la investidura, la prestancia del cargo, la valuación que siempre se había hecho de quienes dirigían a la nación.

“Es un estadista”, o “es el presidente/a” era la forma en que los chilenos evaluábamos al primer servidor de la República.

Respecto de un estadista, dícese –según la RAE- que es la persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado. Lo paradójico es que aplicando números y estadísticas, a lo cual Piñera es muy aficionado, capaz que él califique para recibir esa denominación, pero lamentablemente día a día trabaja con perseverancia para que hagan mofa de él como persona y como presidente.

En un país caracterizado por cierto sentido de sobriedad y discreción resulta chocante encontrarse con un hombre que desde su cargo de tan alta exposición pública hace gala incontinente de un narcisismo extremo con su excesiva necesidad de reconocimiento y admiración.

En cada gesto, en cada palabra su inmenso “yo” nos subraya que es el más inteligente, el más cristiano, el más enamorado, el más sano, el mejor deportista, el mejor cantante, el más ilustrado, el más divertido y el más ingenioso. Y, ¡hay!,… cuántas vergüenzas, como país, hemos sufrido por esto último.

Falta de respeto a las personas, bromas de pésimo gusto, incontinencia verbal y una precaria cultura general que parece querer disfrazar con un leve barniz, tal vez salido de un rápido “googleo” antes de sus discursos.

Y así, con alegre “autoridad” ha matado a Nicanor Parra, dio vida a Robinson Crusoe, designó al laurel como árbol sagrado del pueblo mapuche y convirtió a Pablo Neruda en curicano… ¿para qué seguir?

El resultado es que a Aguirre Cerda se le recuerda por su tarea en educación, a Frei Montalva por la reforma agraria y a Sebastián,… por las Piñericosas.

Pero todas estas anécdotas -ante las que nosotros, el pueblo, hemos preferido reír por no llorar- parecen nimias ante su constante manía de compararse con el gobierno anterior (y en su extraño mundo, creyendo hacerlo con astucia y elegancia), su nula consideración por las cosas, instituciones y personas y su afán de declarar que representa a la “inmensa mayoría de los chilenos”, aun cuando esa mayoría claramente está en otra.

Se queja el presidente, casi de que le hacen Bullying, pero olvida que quien siembra payasadas, cosecha narices rojas.

Ojalá que en los meses que faltan, alguien de su entorno, alguien que lo quiera, le diga a este emperador que anda sin camisa, que guarde silencio, que calladito se ve más bonito y que en una de esas, si se calla, nos termine gustando un poco,… porque está como ausente.

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22 oct 2013

Liderazgo y dignidad para el sector público de Salud

Hace algunos días, una vez más la ex Posta Central fue parte de noticias ingratas, también se repitieron escenas similares en otros hospitales donde la situación de espera por cama para hospitalización o solamente para la atención, se ha manifestado crítica. Y en verdad, existen otras evidencias de lo mismo, en distintos escenarios.

Quizás la más poderosa de todas, es la que ha quedado demostrada con el último Estudio Nacional Opinión Pública,  julio – agosto del presente año, del Centro de Estudios Públicos, donde a la pregunta ¿cuáles son los tres problemas a los que debería dedicar mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno? la población ha puesto en primer lugar, como no ocurría hace años, la salud junto con la seguridad pública.

También en ese mismo estudio, solo un 14 % de los encuestados opina que el Gobierno actual lo ha hecho bien o muy bien en esta materia.

Ya hemos comentado antes, en esta misma sección, que a juicio nuestro, esto expresa un serio abandono del sector, por su nivel de endeudamiento, una inversión que no ha respondido al esfuerzo que en el se necesita y un per cápita por habitante de FONASA, que corresponde a mucho menos de la mitad que el de la población más joven, más sana y de mejores ingresos que está en ISAPRES. Y desde donde además, se han fugado muchos especialistas.

Entonces lo que observamos, es casi inevitable. Pero en mi opinión hay algo más que agregar.Junto a los desafíos de mayores recursos en el sector público de salud habita también una ausencia de liderazgo, especialmente cuando las difíciles condiciones de su desempeño requieren de una conducción que sea capaz de levantar el orgullo y la dignidad del trabajo en este ámbito.

En estos tiempos esto ha sido escaso, incluso porque ha faltado la capacidad para proveer los cargos de alta dirección pública, ya que en estos tres años, después de haber despedido a casi el total de los altos directivos durante el primer año de este Gobierno, todavía existen 70 cargos con suplencias de un total de 324.

Sin embargo, la falta no es solo por los cargos no provistos, también la carencia se debe a modelos de conducción que no han producido un fortalecimiento de la gestión frente a los servicios y los establecimientos públicos.

En efecto, el autoritarismo y la tecnocracia no son recursos para este sector, definitivamente pueden provocar reducción de conflictos por temor de los trabajadores y de sus dirigentes gremiales, pero no motivan, ni generan cambios. Igualmente, la creación de valor privado, que consiste en producir rentabilidad del capital invertido, no es lo mismo que crear valor público.

La generación de valor público, tiene como base la dignidad de lo público, que lleva consigo la pretensión de respeto. Respeto que no existe cuando se viola esa dignidad, que ocurre cuando ese valor no se reconoce, o solo se hace como una generalidad o retóricamente.También desaparece cuando se humilla, descalificándolos, exponiendo solo sus debilidades.Ninguna identidad en ese contexto puede generar orgullo.

De acuerdo a lo anterior y en las condiciones de trato que ha tenido la salud pública en estos años, podemos afirmar que se ha dañado su dignidad, porque se ha humillado, desconocido su valor y el aporte de muchos de sus trabajadores y trabajadoras que en medio de las dificultades de su desempeño, se han esforzado por responder a las necesidades de una población que ha crecido en sus demandas.

Se ha maltratado el sector público al reducir sus recursos y valorizar el sector privado por sobre el, sin reconocer las desigualdades en que se desempeñan ambos. También se ha producido este efecto con autoridades que han actuado falseando, escondiendo la realidad o haciendo uso comunicacional de los hechos de la salud de la población.

De esta forma, me parece que una de las tareas centrales del próximo período gubernamental, sumado a los esfuerzos que ya se comentan como parte de los y las candidatas a la presidencia, es agregar el desafío de liderar el cambio en los equipos de salud del sector público, desde la situación de indignidad en que ha sido puesto hacia el rescate de su valor como parte de lo público.

Esto requiere de líderes que deben emprender esta tarea desde el primer día del nuevo gobierno; líderes con capacidad de comunicación eficaz, con respeto y apoyo a los equipos, confianza y responsabilidad propia, con su equipo y creatividad. Líderes con capacidad de diseño, de producir comunidades de aprendizaje, de conducción y motivación.

Será difícil avanzar sin estas capacidades instaladas en el sistema, la dignificación del sector público lo requiere con urgencia.

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