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	<title>Comentarios en: Control preventivo de identidad</title>
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		<title>Por: Jorge Valenzuela</title>
		<link>http://blogs.cooperativa.cl/opinion/justicia/20160129171614/control-preventivo-de-identidad/#comment-35412</link>
		<dc:creator>Jorge Valenzuela</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Feb 2016 02:32:00 +0000</pubDate>
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		<description>Con el continuo ronroneo sesgado sobre los derechos humanos
se está logrando algo nocivo que justamente va en contra de lo que se quiere establecer; se está banalizando el tema y creando un rechazo que está pasando del nivel subconsciente a un nivel totalmente consciente, en resumen, con ello se está haciendo un flaco favor a aquello que se quiere elevar a la categoría de un absoluto.

Tal vez una de las muchas causas de esto es justamente el tratar
de dar carácter de absoluto a algo que en muchos aspectos tiene un fuerte carácter de relatividad.

En efecto los derechos humanos “inalienables” creo que son
muy pocos, tal vez son cuantificables con los dedos de una mano: derecho a la vida, igualdad, derecho a juicios realmente justos cuando sea necesario juzgar, respeto a la integridad vital, lo que haría total y absolutamente inaceptable la tortura como medio de cualquier objetivo.

Tal vez esté omitiendo algunos, pero no creo que sean muchos.

Si alguien está leyendo esto tal vez se le estén erizando los cabellos y esté al borde del paroxismo, creyendo que está leyendo la opinión de un despreciable representante de las más retrógradas ideas totalitarias.

Honestamente pienso que no hay nada de eso. El tema es que
se están metiendo en un solo saco los derechos efectivamente inalienables con otros derechos, que me permitiría calificar de “derechos civiles”, los cuales son parte del Contrato Social y no se tienen como un don sino que se ganan con algo que debe ser su compañero inseparable: el respectivo cumplimiento de un deber.

Así por ejemplo el derecho a la libre expresión debe ir acompañado del ineludible deber de ser responsable de su uso, el derecho al
respeto debe ir acompañado del deber de ser respetuoso y así sucesivamente.

¿Por qué insistir esto que debiera ser obvio?

Porque parece que como sociedad aún no superamos el trauma
que nos dejó la dictadura, violadora sistemática de cuanto derecho pudiera existir y subconscientemente establecemos como posible violación de derechos a cualquier intervención de un uniformado, exagerando, ya casi estamos sospechando hasta del Ejército de Salvación. A su vez, el poder judicial, pareciera que como compensación al continuo mirar al lado en aquellos tiempos
(desde luego salvo muy honrosas y escasas excepciones) se ha transformado en una suerte de justicia excesivamente garantista, atemorizada además por la defensa cancerbérica de organismos que se han autoatribuído la calidad de defensoras de los confusamente definidos como derechos humanos.

Curiosamente, producto del sesgo antes comentado, la defensa
de los derechos se  da solo a favor de aquellos que son detenidos por delitos, faltas u otros y los derechos de las víctimas de aquellas acciones no son tomados en cuenta absolutamente por nadie, los
rimbombantes defensores de su visión de los derechos humanos van a ejercer un férreo control sobre las actividades de las policías y se dan el gusto de ocupar primeras planas con acusaciones sobre el “oscuro” actuar de aquellas, pero jamás se los ha visto visitando a alguna de las víctimas para siquiera darle un apretón de manos que los hiciera sentirse un poco menos abandonados.

Un efecto nocivo obvio de este actuar sesgado es que tenemos
policías limitadas al extremo en su accionar y la comunidad se siente huérfana de un apoyo efectivo y vive atemorizada, encerrándose en propiedades enrejadas, con sus muros coronados por alambres de púas o por cercos eléctricos más propios de un campo de concentración que de una vivienda en un lugar minimamente civilizado

Respecto de los derechos del niño, no debemos olvidar que
los niños pueden dejar de ser tales, según intencionadamente quienes son responsables de su formación, en lugar de ello los transforman en herramientas de sus sucios y mezquinos intereses y esto va desde los que entrenan delincuentes infantiles hasta aquellos padres que explotan a sus “hijos prodigio” solo con el fin de llenar sus bolsillos y satisfacer su narcisista ego.

Uno de los subproductos más indeseados (supongo) de la ley
de responsabilidad adolescente ha sido la proliferación de delitos cometidos por niños que están por debajo de la calificación de “legalmente responsable” desde luego no porque los infantes lo hayan decidido, sino porque están siendo entrenados por sus mayores para obtener sus ganancias sin arriesgar su libertad
ni comprometer su responsabilidad

Lo dicho no significa que esté pidiendo a que se seque a cualquier
infante que haya cometido un delito en una cárcel, es solo que no se puede obviar el hecho de que aquellos son niños deformados y deben ser tratados consecuentemente en forma distinta y racional y se debe establecer un mecanismo que ligue a los efectivamente culpables y los castigue en consecuencia, por de pronto, partiendo por la responsabilidad parental.

Por último, uno de los derechos del niño es que se le enseñe
a vivir en el respeto a los derechos y de ello son responsable los padres, que actualmente se las arreglan de cualquier manera para eludir tal responsabilidad, a título de un fementido “progresismo”, renegando de su calidad padres y atribuyéndose la dudosa condición de “amigos” de sus hijos.

Respecto de la ley control de identidad no debe olvidarse
que esto existía antes de la dictadura y no se prestó ello a abusos,
personalmente me tocó enfrentar más de alguno de tales controles y jamás mis derechos o integridad se vieron amenazados. Desde luego pueden e ineludiblemente se van a producir, abusos de autoridad y atropellos a los derechos, por parte de aquellos descriteriados que siempre van a existir porque ello es parte de la naturaleza humana; la responsabilidad es en este caso de los legisladores, buscando
el justo punto de equilibrio para disminuir (eliminarla es imposible) al mínimo racional aquella posibilidad.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Con el continuo ronroneo sesgado sobre los derechos humanos<br />
se está logrando algo nocivo que justamente va en contra de lo que se quiere establecer; se está banalizando el tema y creando un rechazo que está pasando del nivel subconsciente a un nivel totalmente consciente, en resumen, con ello se está haciendo un flaco favor a aquello que se quiere elevar a la categoría de un absoluto.</p>
<p>Tal vez una de las muchas causas de esto es justamente el tratar<br />
de dar carácter de absoluto a algo que en muchos aspectos tiene un fuerte carácter de relatividad.</p>
<p>En efecto los derechos humanos “inalienables” creo que son<br />
muy pocos, tal vez son cuantificables con los dedos de una mano: derecho a la vida, igualdad, derecho a juicios realmente justos cuando sea necesario juzgar, respeto a la integridad vital, lo que haría total y absolutamente inaceptable la tortura como medio de cualquier objetivo.</p>
<p>Tal vez esté omitiendo algunos, pero no creo que sean muchos.</p>
<p>Si alguien está leyendo esto tal vez se le estén erizando los cabellos y esté al borde del paroxismo, creyendo que está leyendo la opinión de un despreciable representante de las más retrógradas ideas totalitarias.</p>
<p>Honestamente pienso que no hay nada de eso. El tema es que<br />
se están metiendo en un solo saco los derechos efectivamente inalienables con otros derechos, que me permitiría calificar de “derechos civiles”, los cuales son parte del Contrato Social y no se tienen como un don sino que se ganan con algo que debe ser su compañero inseparable: el respectivo cumplimiento de un deber.</p>
<p>Así por ejemplo el derecho a la libre expresión debe ir acompañado del ineludible deber de ser responsable de su uso, el derecho al<br />
respeto debe ir acompañado del deber de ser respetuoso y así sucesivamente.</p>
<p>¿Por qué insistir esto que debiera ser obvio?</p>
<p>Porque parece que como sociedad aún no superamos el trauma<br />
que nos dejó la dictadura, violadora sistemática de cuanto derecho pudiera existir y subconscientemente establecemos como posible violación de derechos a cualquier intervención de un uniformado, exagerando, ya casi estamos sospechando hasta del Ejército de Salvación. A su vez, el poder judicial, pareciera que como compensación al continuo mirar al lado en aquellos tiempos<br />
(desde luego salvo muy honrosas y escasas excepciones) se ha transformado en una suerte de justicia excesivamente garantista, atemorizada además por la defensa cancerbérica de organismos que se han autoatribuído la calidad de defensoras de los confusamente definidos como derechos humanos.</p>
<p>Curiosamente, producto del sesgo antes comentado, la defensa<br />
de los derechos se  da solo a favor de aquellos que son detenidos por delitos, faltas u otros y los derechos de las víctimas de aquellas acciones no son tomados en cuenta absolutamente por nadie, los<br />
rimbombantes defensores de su visión de los derechos humanos van a ejercer un férreo control sobre las actividades de las policías y se dan el gusto de ocupar primeras planas con acusaciones sobre el “oscuro” actuar de aquellas, pero jamás se los ha visto visitando a alguna de las víctimas para siquiera darle un apretón de manos que los hiciera sentirse un poco menos abandonados.</p>
<p>Un efecto nocivo obvio de este actuar sesgado es que tenemos<br />
policías limitadas al extremo en su accionar y la comunidad se siente huérfana de un apoyo efectivo y vive atemorizada, encerrándose en propiedades enrejadas, con sus muros coronados por alambres de púas o por cercos eléctricos más propios de un campo de concentración que de una vivienda en un lugar minimamente civilizado</p>
<p>Respecto de los derechos del niño, no debemos olvidar que<br />
los niños pueden dejar de ser tales, según intencionadamente quienes son responsables de su formación, en lugar de ello los transforman en herramientas de sus sucios y mezquinos intereses y esto va desde los que entrenan delincuentes infantiles hasta aquellos padres que explotan a sus “hijos prodigio” solo con el fin de llenar sus bolsillos y satisfacer su narcisista ego.</p>
<p>Uno de los subproductos más indeseados (supongo) de la ley<br />
de responsabilidad adolescente ha sido la proliferación de delitos cometidos por niños que están por debajo de la calificación de “legalmente responsable” desde luego no porque los infantes lo hayan decidido, sino porque están siendo entrenados por sus mayores para obtener sus ganancias sin arriesgar su libertad<br />
ni comprometer su responsabilidad</p>
<p>Lo dicho no significa que esté pidiendo a que se seque a cualquier<br />
infante que haya cometido un delito en una cárcel, es solo que no se puede obviar el hecho de que aquellos son niños deformados y deben ser tratados consecuentemente en forma distinta y racional y se debe establecer un mecanismo que ligue a los efectivamente culpables y los castigue en consecuencia, por de pronto, partiendo por la responsabilidad parental.</p>
<p>Por último, uno de los derechos del niño es que se le enseñe<br />
a vivir en el respeto a los derechos y de ello son responsable los padres, que actualmente se las arreglan de cualquier manera para eludir tal responsabilidad, a título de un fementido “progresismo”, renegando de su calidad padres y atribuyéndose la dudosa condición de “amigos” de sus hijos.</p>
<p>Respecto de la ley control de identidad no debe olvidarse<br />
que esto existía antes de la dictadura y no se prestó ello a abusos,<br />
personalmente me tocó enfrentar más de alguno de tales controles y jamás mis derechos o integridad se vieron amenazados. Desde luego pueden e ineludiblemente se van a producir, abusos de autoridad y atropellos a los derechos, por parte de aquellos descriteriados que siempre van a existir porque ello es parte de la naturaleza humana; la responsabilidad es en este caso de los legisladores, buscando<br />
el justo punto de equilibrio para disminuir (eliminarla es imposible) al mínimo racional aquella posibilidad.</p>
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