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	<title>Comentarios en: ¿Qué ciencia, para qué modelo, para qué país?</title>
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		<title>Por: Jorge Valenzuela</title>
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		<dc:creator>Jorge Valenzuela</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jan 2016 13:51:00 +0000</pubDate>
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		<description>Son interesantes los puntos de vista planteados en este artículo. Las preguntas planteadas obviamente requieren de una muy primaria y urgentísima respuesta.

Pero, por otro lado, los hechos que conducen a estas preguntas son aún más decidores: somos un país sin una POLÍTICA DE ESTADO (no la politiquería a la que nos han acostumbrado y nos hemos habituado) referida al desarrollo tecnológico y científico, todo lo que se aprecia en este aspecto son iniciativas personales que solo avanzan dificultosamente en la medida de la paciencia y porfía de sus sustentadores y pasan, sin pena ni gloria, cuando aquellos se cansan o se van (cientos, si no miles de ejemplos al respecto)

En cuanto a la creación de un ministerio ad hoc, grandes dudas sobre su real importancia. Por una pequeña investigación histórica que hube de desarrollar tuve en mis manos un memorándum manuscrito de don Juan Antonio Ríos a su Ministro de Economía, previendo que el final de la 2ª guerra iba significar la inundación del país de chatarra tecnológica y para evitar ello pedía la creación de un organismo que regulara e impidiera esa invasión vía el desarrollo tecnológico propio y una regulación sólida, vía una fuerte y
clara normalización técnica (ojo: no reglamentación). Como resultado de ese memo se creó INDITECNOR (Instituto Nacional de Tecnología y Normalización) con catorce funciones muy específicas que garantizaban el logro de los objetivos planteados. Nadie (hasta donde puede pesquisar) se opuso a la iniciativa, pero, vía la asignación de recursos más que exiguos y absurdos, el flamante organismo abortó unas décadas más tarde y se lo reemplazó por una
entidad dedicada exclusivamente a estudiar normas, la última de las funciones originales, desde luego con recursos más que insuficientes, destinados a mantenerlo operando, pero siempre al borde de la muerte por inanición.

Dice el articulista y de verdad este es el meollo del asunto: “tenemos un modelo económico con mucho extractivismo, pero poca nvestigación e innovación científica. Es decir, es un modelo que prescinde de la ciencia, que en gran medida siente que no la necesita”.

Solo difiero un tanto de la conclusión expuesta; el modelo no “siente que no necesita la ciencia”, nadie “con dos dedos de frente” como decían los antiguos huasos, podría “sentir” aquello, el problema es que un desarrollo tecnológico y científico propio no es instrumental al facilismo de la supuesta clase empresarial, que de empresarios no tienen nada, son solo mercaderes y especuladores (los diarios escándalos puesto a la vista pública y el desmantelamiento de la precaria industria nacional, que ahora manda a fabricar todo a China y solo se le incorporan etiquetas con las marcas tradicionalmente
chilenas, lo comprueba)

Una última digresión es: ¿Qué es prioritario desarrollar, ciencia o
tecnología? y esto no es tratar de crear una pugna para determinar supuestas importancias relativas – ambas ramas son igualmente importantes – es solo buscar el mejor camino para el país (sin exclusiones desde luego)</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Son interesantes los puntos de vista planteados en este artículo. Las preguntas planteadas obviamente requieren de una muy primaria y urgentísima respuesta.</p>
<p>Pero, por otro lado, los hechos que conducen a estas preguntas son aún más decidores: somos un país sin una POLÍTICA DE ESTADO (no la politiquería a la que nos han acostumbrado y nos hemos habituado) referida al desarrollo tecnológico y científico, todo lo que se aprecia en este aspecto son iniciativas personales que solo avanzan dificultosamente en la medida de la paciencia y porfía de sus sustentadores y pasan, sin pena ni gloria, cuando aquellos se cansan o se van (cientos, si no miles de ejemplos al respecto)</p>
<p>En cuanto a la creación de un ministerio ad hoc, grandes dudas sobre su real importancia. Por una pequeña investigación histórica que hube de desarrollar tuve en mis manos un memorándum manuscrito de don Juan Antonio Ríos a su Ministro de Economía, previendo que el final de la 2ª guerra iba significar la inundación del país de chatarra tecnológica y para evitar ello pedía la creación de un organismo que regulara e impidiera esa invasión vía el desarrollo tecnológico propio y una regulación sólida, vía una fuerte y<br />
clara normalización técnica (ojo: no reglamentación). Como resultado de ese memo se creó INDITECNOR (Instituto Nacional de Tecnología y Normalización) con catorce funciones muy específicas que garantizaban el logro de los objetivos planteados. Nadie (hasta donde puede pesquisar) se opuso a la iniciativa, pero, vía la asignación de recursos más que exiguos y absurdos, el flamante organismo abortó unas décadas más tarde y se lo reemplazó por una<br />
entidad dedicada exclusivamente a estudiar normas, la última de las funciones originales, desde luego con recursos más que insuficientes, destinados a mantenerlo operando, pero siempre al borde de la muerte por inanición.</p>
<p>Dice el articulista y de verdad este es el meollo del asunto: “tenemos un modelo económico con mucho extractivismo, pero poca nvestigación e innovación científica. Es decir, es un modelo que prescinde de la ciencia, que en gran medida siente que no la necesita”.</p>
<p>Solo difiero un tanto de la conclusión expuesta; el modelo no “siente que no necesita la ciencia”, nadie “con dos dedos de frente” como decían los antiguos huasos, podría “sentir” aquello, el problema es que un desarrollo tecnológico y científico propio no es instrumental al facilismo de la supuesta clase empresarial, que de empresarios no tienen nada, son solo mercaderes y especuladores (los diarios escándalos puesto a la vista pública y el desmantelamiento de la precaria industria nacional, que ahora manda a fabricar todo a China y solo se le incorporan etiquetas con las marcas tradicionalmente<br />
chilenas, lo comprueba)</p>
<p>Una última digresión es: ¿Qué es prioritario desarrollar, ciencia o<br />
tecnología? y esto no es tratar de crear una pugna para determinar supuestas importancias relativas – ambas ramas son igualmente importantes – es solo buscar el mejor camino para el país (sin exclusiones desde luego)</p>
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