Isabel Allende y el lloriqueo
El desconocido Sady Zañartu, premiado por rescatar los “grandes valores nacionales” en 1974, el ingeniero Arturo Aldunate Phillips y el filólogo Rodolfo Oroz son parte de la lista de ganadores del Premio Nacional de Literatura. No se lo ha ganado gente como Bolaño. A Gabriela Mistral se lo dieron después del Nobel. Si no ganas, no pasa nada.
Isabel Allende se lo tomó en serio. Hizo literalmente campaña y ganó. Tuvo parlamentarios a su favor y hasta los ex Presidentes Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet. Y agradeció con lágrimas el premio. Una campaña que podría tener su slogan: “51 millones de lectores en el mundo no pueden estar equivocados”.
¿Es mejor narradora Allende que decenas de escritores chilenos? Seguro que sí, tiene talento y deja siempre la sensación de que si se tomara más tiempo para publicar alcanzaría un mayor vuelo. ¿Basta con eso para obtener el premio? Para el Nacional chileno ha bastado con mucho menos. ¿Se lo merecían otros más que ella? A mí me gustaba más Germán Marín, pero le hará mejor a su fama de maldito.
Porque este es un premio político, y lo político a los políticos. El jurado tuvo al ministro de Educación y a dos rectores de universidades. El poeta Raúl Zurita y el profesor Cedomil Goic, también integrantes, no votaron a favor de Allende. Pero no pasa nada, en serio.
Ahora en los diarios aparecen diatribas de uno y otro bando. Los escritores son gente difícil de entender. Y de querer. Probablemente los maquinistas de trenes no se atacan así entre ellos. O los jardineros. Me cuesta pensar en declaraciones filosas entre los otorrinolaringólogos.
Estos tipos que rasgan vestiduras parecen apasionarse por fin para esgrimir sus luchas de legitimidad. Demuestran que tienen sangre en vez de coca cola y eso está muy bien. Para pasar las penas, caballeros, nada mejor que leer. Los premios no lo impiden ni lo impedirán.


