La cumbia siniestra
Uno sale a la calle la madrugada del 1 de enero y se escuchan bromas y buenos deseos para empezar el año. Partimos de cero, dice la gente, y además se abrazan todos. Hay música, reconciliaciones y comida para todos. Todo va bien hasta lo mismo de siempre: suena la cumbia siniestra.
Todos saben que va a pasar, pero igual los toma por sorpresa. Como la muerte, dirán los pesimistas. O el amor, según los más prendidos.
“Un año más, que se va, un año más, cuantos se han ido”, suena en los parlantes, y algunos deciden bailar y otros deciden que les da pena. Es el comienzo oficial del año para muchos: hay que tomar la primera decisión, el primer acierto o el primer error.
Es la trampa del tiempo: dejé atrás el pasado y voy a conquistar ese futuro. Pero la cumbia es aciaga, y la letra es perfecta para poner las cosas en su lugar, sin dramatismos, bailando, porque son 15, son 20 o son 30. Cuarenta, cincuenta o hasta sesenta.
“No importan los años que tienes, es el tiempo el que no se detiene”, cantan todos igual, porque ese día tiene que ser de esperanza y por ahora celebremos, ya veremos que pasa.
Afuera, los niños no saben de estas cosas y disfrutan de los colores que estallan en el cielo.


