La cumbia siniestra

Uno sale a la calle la madrugada del 1 de enero y se escuchan bromas y buenos deseos para empezar el año. Partimos de cero, dice la gente, y además se abrazan todos. Hay música, reconciliaciones y comida para todos. Todo va bien hasta lo mismo de siempre: suena la cumbia siniestra.

Todos saben que va a pasar, pero igual los toma por sorpresa. Como la muerte, dirán los pesimistas. O el amor, según los más prendidos.

“Un año más, que se va, un año más, cuantos se han ido”, suena en los parlantes, y algunos deciden bailar y otros deciden que les da pena. Es el comienzo oficial del año para muchos: hay que tomar la primera decisión, el primer acierto o el primer error.

Es la trampa del tiempo: dejé atrás el pasado y voy a conquistar ese futuro. Pero la cumbia es aciaga, y la letra es perfecta para poner las cosas en su lugar, sin dramatismos, bailando, porque son 15, son 20 o son 30. Cuarenta, cincuenta o hasta sesenta.

“No importan los años que tienes, es el tiempo el que no se detiene”, cantan todos igual, porque ese día tiene que ser de esperanza y por ahora celebremos, ya veremos que pasa.

Afuera, los niños no saben de estas cosas y disfrutan de los colores que estallan en el cielo.

2 Comentarios para “La cumbia siniestra”

  1. Carolina Winkler Dice:
    11 de Enero de 2010 a las 16:38

    Me alegra leer algo suyo nuevamente Sr Lector de Cuneta,
    Se le extrañaba
    Saludos…

  2. quirino lemachez Dice:
    11 de Enero de 2010 a las 8:48

    La cumbia en cuestión es una contradicción de principio a fin. Los que bailan y tararean su letra no saben lo que hacen.
    No tiene la coherencia del fado cuya letra lastimera y fatalista está en consonancia con la mezcla de guitarra portuguesa y guitarra española además de otros instrumentos.
    En la letra de la cumbia que comentamos hay un sesgo malintencionado, que apunta recordarnos que nos ponemos viejos sin sentido. Sólo el paso del tiempo, pero sin contenido rescatable. Eso a cualquiera lo hace infeliz y resulta funesto para el espíritu. La letra es funesta, tenebrosa, siniestra como postula “lector de cuneta”.
    La contradicción está marcada por el acompañamiento de un ritmo cuyos orígenes en el tiempo, distinguen una impronta africana que apuntaba a recordar los buenos momentos de la vida, y no sólo el envenjecimiento que finalmente nos llevará al sepulcro.
    La cumbia es entusiasmo, divertimento, alegría. Con la letra de “un año más”, no veo donde está el sentido lúdico.
    Tanto repetir el estribillo, queda la sensación que sus interpretes (y los corista que bailan) tienen una obsesión aflictiva de estar en otra parte y nos dicen que hay un dolor por lo perdido. No hay rescate para proyectarse al futuro. Por el contrario se trata de una letra profundamente reaccionaria (que se opone a la renovación recogiendo lo mejor del pasado).
    La letra en suma, expresa una tristeza, vaga profunda.
    Si los “bailarines” de año nuevo, le pusieran atención al contenido literario, que nos contrabandean con un hermoso ritmo cumbianchero, seguramente renunciarían de inmediato a seguir con el sangoloteo, de nuevo año.
    Estamos frente a una mezcla de música y texto, como la del vinagre con el aceite.
    En suma: los mayores tienen mucho que aportar y los jóvenes mucho camino por recorrer. Eso es vivir la vida. Y no este lamento pesimista que se camufla en uno de los géneros más hermosos de la música vernácula.

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