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El libro de luz del escritor nazi

Viernes, Marzo 6th, 2009

“El amor muere solo”, dice el narrador en un pasaje de “La flor inexistente”, uno de los muchos libros que escribió el chileno Miguel Serrano, muerto hace algunos días. Como esa frase, ingenua y luminosa a la vez, es el viaje que su autor intentó alcanzar con las palabras.

Serrano, conocido como uno de los renovadores del nazismo y adherente del hitlerismo esotérico, era embajador de Eduardo Frei Montalva cuando esta novela corta fue editada por primera vez en inglés. A Chile sólo llegó el 2004, en una edición de Beuvedráis, pero la demora no le restó nada de su fuerza: acá no hay tiempo ni lugares definitivos y el protagonista deambula por Tihuanacu, avenida Matta o las montañas del Himalaya en busca de una Ciudad de los Césares.

El intento del autor de alcanzar una mitología universal con ombligo en Chile se llena de ambiciones ciclópeas y se desprende de los sueños individuales. Por eso los personajes son difusos, miembros de una comunidad que intercambian identidades y pierden la suya, porque sólo son capaces de ver la Ciudad, su único objetivo.

Por eso, el narrador se limita a esperar una Nueva Edad que traerá Gigantes de Luna blancos, y por eso acepta la muerte de la princesa Papán, hermana de Moctezuma, el rey azteca de Tenochtitlán. El narrador, un fanático silencioso que pronto olvida todo en miras de ese nuevo mundo, cree que la princesa es la visión legítima de la Tierra por permitir la derrota de su gente ante los españoles.

También por eso, el narrador es incapaz de amar y Papán, en su melancolía tranquila, lo sabe.

El amor por el prójimo no es un tabú para Serrano y su personaje lo acepta desde el comienzo del libro, porque quiere ser más cercano a las “espinas dorsales de la Tierra”, como llama a los Andes y los Himalayas, que a sus actuales habitantes, que no encajan en su proyecto de eternidad.

Lo luminoso de “La flor inexistente” está en dibujar con precisión ese delirio, que desprecia totalmente el realismo cotidiano. Cuando no hay curiosidad por el escritor nazi, el texto ofrece esa luz para mostrarse como lo que es: una forma de resistir a la falta de belleza, a la mediocridad, en un viaje por la propia soledad.