Semifinales a negro
30 de Junio, 2009
Lo primero que tengo que decir es que las semifinales, los cuatro partidos, alcanzaron apenas para un regular como promedio, en cuanto a expresión de calidad técnica. Sí nos ponemos a contar los pases fallados encontraríamos una cifra impresionante.
Como siempre en los play-offs encontramos emoción. Everton con el descuento de Riveros y la definición por penales entre la Unión y la Católica, mantuvieron la atención. Pero en la globalidad y donde no hay que perder el foco, la calidad de juego fue baja.
Mi visión está acompañada por una lógica simple, sí se juega por elegir al campeón, es decir al mejor del primer semestre, hay que jugar a la altura de las circunstancias. Y todavía creo que el que sea proclamado como el mejor, debe demostrar calidad y excelencia. Por ahora parece que se quiere elegir al peor del campeonato.
Me resisto a caer en las redes de las justificaciones baratas que escuchamos aun antes de jugarse el partido y desde todos los ámbitos, futbolistas, entrenadores, dirigentes y periodistas. Frases como “se puede ser campeón jugando mal”, “los play-offs son así”, “lo importante es no perder”, “en estas instancias lo menos importante es jugar bien”. Estos dichos van penetrando y se hacen automáticos en la creencia.
Claramente los vimos reflejado en las semifinales. Everton y la U en el partido de ida estuvieron a punto de inventar un nuevo deporte llamado “pégale pa arriba no más”. En la vuelta los azules cambiaron en los primeros 20 minutos, y aquí quiero hacer una reflexión: sí pudieron hacer un juego asociado con actuaciones individualidades importantes y sobre todo con una vocación de ataque, me pregunto sí será imposible intentarlo en forma permanente.
Mi respuesta y ya con muchos años de observación es que hoy no hay que engañarse más, Sergio Markarián es de los que hoy llaman “pragmático”, una forma elegante de esconder a un entrenador que lo primero que propone es defender su temor a la derrota. Muchos me dicen, pero eso también es válido y yo respondo, claro que es válido, pero entonces anúncialo como corresponde y no lo encubras. La U de Markarián no propone juego de ataque como ideología inicial, sólo lo hace cuando está necesitado como lo fue tras perder ante Everton.
En la otra semifinal, en los dos empates sin goles, la Católica fue más que la Unión Española. Por lo que habían mostrado los hispanos hasta cuartos de final, el medio futbolístico esperaba mucho de esta llave, era lo lógico, pero no hubo suerte.
Por un lado la Católica, clara dominadora de la pelota en el mediocampo, con una zona muy fuerte en la marca y manejo de pelota, pero sin peso ni capacidad en ataque. Todo lo bueno de Ormeño, Medel, Valenzuela y Mirosevic se diluía en un Luis Núñez sin condición física para este nivel y con Ibarrola sin calidad.
Los hispanos, y aquí la responsabilidad es absoluta de los jugadores, no repitieron casi nada de lo anterior. No hubo posesión de pelota segura, y menos juego asociado y llegadas constantes. Leal, Ramírez, Canales y Aravena muy bajos. El “Pipa” Estévez volvió a repetirse el plato igual que el año pasado. En los partidos importantes sólo aparece ante los micrófonos, habla y habla, provoca, pero en la cancha elude responsabilidades. Nunca pudo ganarle a Hans Martínez. Lo más destacado fue la organización defensiva con Limenza y la línea de cuatro más Villagra.
Por suerte quedan las finales y la posibilidad de cerrar un campeonato con buena calidad de fútbol. Jugadores con capacidad técnica hay, ahora tenemos que esperar y ver en qué nivel de jerarquía se encuentran. Sí es por antecedentes el favorito es Unión Española. ¿La U será capaza de cambiar su fútbol mezquino, lleno de cálculos, por uno franco, abierto, midiendo su capacidad en un mano a mano con el rival? Espero que sí.









El presidente de Azul Azul, Federico Valdés, declaró eufórico al término de la igualdad en Porto Alegre, estar “con el convencimiento de que esta es la U que nos gusta a los hinchas”.