Esas faltas sí se cobran
La primera final del Torneo de Clausura entre Colo Colo y Universidad Católica dejaron varios temas para el análisis y el debate.
El primero, y ojalá se tome como un legado en la despedida del arbitraje profesional de Carlos Chandía, fue el penal que cobró a favor de la UC en un “cogoteo” de Charles Aránguiz a Milovan Mirosevic cuando fueron a disputar una pelota aérea. Muy clara la falta y acierto en el cobro.
La reacción posterior es la habitual, “esas faltas no se cobran nunca, sino habría que dar 200 penales por partidos”, dijo “Kalule” Meléndez. En rigor, habría que dar esos 200 penales por al menos tres o cuatro fechas. Después seguro que nadie agarraría al rival.

Aquí las lecciones son varias: una, se puede cobrar penal en un corner o tiro libre que llega al área, si el que defiende toma de alguna forma al rival; dos, en Chile la mayoría que defiende esta clase de jugadas generalmente busca obstruir al que ataca con falta, pero se olvida de saltar y de atacar la pelota.
¿Cuántos goles les habrán hecho a equipos y selecciones chilenas por no saltar?. La respuesta, miles.
Colo Colo ganaba clara y cómodamente la primera final hasta este numerito. Le dio vida a la UC y le mostró cual era la forma de ponerlo en jaque. El juego aéreo de los albos sigue siendo un talón de Aquiles sin solución. Pasan los años y no hay otra fórmula que la del “agarrón”. Y a no dudar que Marco Antonio Figueroa ya tomó nota y ordenará en la revancha tirar muchos centros aéreos al área alba.
Gran primer tiempo el de Colo Colo a la hora de tener posesión de pelota y obstruir el juego asociado de los cruzados. Tremendo partido el de Rodrigo Millar, que sigue creciendo y creciendo. Marca, quita, retrocede, avanza, arma juego, llega al arco contrario. Rodrigo Meléndez otro especialista en quitar y jugar con acierto.
Colo Colo perdonó a la UC, ya que con dos goles de ventaja el partido quedaba zanjado, pero apareció el “agarroncito”. Los cambios no ayudaron. Las salidas de Paulo Magalhaes y Millar por Diego Olate y José Domingo Salcedo (sólo para aguantar las ventajas) tuvieron el infortunio de que llegaron con dos goles en contra. Con ellos, los albos quedaron con muy pocas respuestas ofensivas.
Ezequiel Miralles debiera ser el arma para ir por el título. Su velocidad nunca pudo ser controlada por los zagueros cruzados. Tampoco sus reclamos y peleas que lo sacan del partido.
En U. Católica, en tanto, dos gran atajadas de Paulo Garcés, el ida y vuelta de Mirosevic y la batalla solitaria de Roberto Gutiérrez en ataque. ¿Qué pasó con Damián Díaz y Rodrigo Toloza? Nada, muy bajas actuaciones para dos que han sido determinantes en esta campaña. Por suerte les queda una opción de revancha.
Veremos que nos dice el duelo definitorio. Colo Colo necesita el título para estar en un torneo sudamericano en 2010, y U. Católica necesita otra estrella tras siete campeonatos cortos sin festejar. Está todo para ver una final con emociones, pero además con buen fútbol. Por favor no sean mezquinos.








